Carga de trabajo de médicos de atención primaria medida con el registro de la historia clínica electrónica.
Resumen de: Rotenstein LS, Frits M, Iannaccone C, L’Heureux M, Fangman J, Rancier M, Gitomer R, Bates DW, Landon B. Primary Care Physician Time Spent in Patient Care: An Observational Study Using Electronic Health Record Logs. Ann Intern Med. 2025 Dec;178(12):1688-1697. doi: 10.7326/ANNALS-25-01412. Epub 2025 Oct 21. PubMed
Un estudio observacional publicado en octubre 2025 en *Annals of Internal Medicine* analizó el tiempo real que los médicos de familia dedican al cuidado de sus pacientes, utilizando registros de historiales clínicos electrónicos (HCE) y datos administrativos de 406 médicos en 33 clínicas del sistema Mass General Brigham (Boston) durante 2021. El objetivo fue estimar la carga de trabajo anual, explorar cómo varía según la dedicación clínica y qué características del cupo de pacientes influyen en dicha carga.
Los resultados muestran que un médico a jornada completa (1,0 cFTE en el original) dedica una mediana de 2.844 horas anuales, equivalentes a 62 horas semanales, muy por encima de las 43-51 horas estimadas en estudios previos. Esta diferencia se atribuye en parte al trabajo adicional generado por los HCE en la última década. Por paciente, la dedicación es de 1,7 horas anuales. Los médicos a tiempo parcial invierten más horas por paciente que sus colegas a jornada completa, probablemente por la naturaleza continua e inaplazable de la atención primaria.
En el análisis multivariable, cuatro factores se asociaron significativamente con un mayor tiempo por paciente:
- mayor complejidad médica del cupo (medido con el índice de comorbilidad de Elixhauser),
- mayor edad media de los pacientes,
- mayor proporción de pacientes con cobertura Medicaid
- mayor volumen de mensajes electrónicos solicitando consejo médico —este último con el impacto más elevado, llegando a suponer casi 28 minutos adicionales por paciente al año entre el percentil 25 y el 75.
Los autores señalan que la mensajería asincrónica ha crecido notablemente desde la pandemia de COVID-19 y que su gestión debería incorporarse como variable de ajuste en el dimensionamiento de los paneles.
Las conclusiones invitan a rediseñar los modelos de atención primaria para hacerlos más sostenibles, ajustar los tamaños de panel en función de la casuística real y explorar soluciones como flujos de trabajo en equipo o herramientas de inteligencia artificial para la gestión de mensajes clínicos.
Comunicado sobre proyecto PREVECARDIO-AP


COMUNICADO sobre proyecto PREVECARDIO-AP
Madrid, 27 de abril de 2026
Las sociedades científicas firmantes deseamos compartir nuestro malestar con la forma en que se ha gestado y puesto en marcha el proyecto Prevecardio-AP.
Dicho proyecto, surgido en el seno de una iniciativa de investigación hospitalaria, comprende una serie de actuaciones que pueden ser útiles para la detección y actuación sobre factores de riesgo cardiovascular, pero que entendemos deben realizarse bajo el prisma que guía el trabajo en Atención Primaria y de hecho vienen realizándose ya desde hace años en nuestros centros.
Dicho prisma debe priorizar:
- Asegurar la longitudinalidad en las actuaciones realizadas, siempre con la enfermera y médica de referencia de cada ciudadano, asegurando así que esta actuación se integre en la asistencia longitudinal característica de Atención Primaria, que en repetidos estudios ha demostrado disminuir la morbimortalidad en la población atendida.
- Ir en consonancia con la Cartera de Servicios Estandarizados de Atención Primaria. No parece razonable que un proyecto de prevención sobre la población general contravenga las recomendaciones que guían nuestras actuaciones en Atención Primaria junto a las ofrecidas por el Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (PAPPS), ya sea por periodicidad de las valoraciones o por intervalos de normalidad. En este sentido, algunas de sus recomendaciones deben ser revisadas, ya que existe evidencia científica diferente a la planteada en el documento.
- Ajustarse a la realidad asistencial de cada centro de salud Puede que no se disponga de los cartuchos para realizar las determinaciones o el tamaño del centro limite el uso de espacios compartidos para realizar estas determinaciones… ¿Por qué no utilizar la determinación en sangre venosa?
Entendemos que es fundamental actuar sobre los factores de riesgo cardiovascular, como llevamos haciendo desde hace décadas, de forma asentada en la realidad vital de cada ciudadano, y optimizar dicha actuación es parte esencial de este trabajo. Nos sorprende que la difusión de este proyecto publicite esta labor como algo novedoso, cuando no lo es en absoluto, se trata de una de las labores que realizamos diariamente en el primer nivel de atención sanitaria.
Mantenemos nuestra plena disposición a seguir colaborando con la Gerencia Asistencial de Atención Primaria y la Consejería de Sanidad para trabajar en pos de asegurar la mejor asistencia para la población madrileña, pero creemos necesaria una revisión y adecuación del proyecto Prevecardio-AP, teniendo en cuenta la realidad diaria en los centros de salud y adaptándola a esta.
Junta Directiva SoMaMFyC
Farmacia Moderna
¿A qué nivel debería reducir su colesterol LDL?
Post original de Greg Katz, MD parte de El complicado asunto del progreso médico.
Tras la publicación de las nuevas directrices sobre el colesterol, se ha dedicado mucho esfuerzo a destacar la importancia de alcanzar los objetivos terapéuticos para el colesterol LDL.
Sin embargo, la cuestión de hasta qué punto es crucial alcanzar el objetivo de LDL es una sobre la que no hemos contado necesariamente con los datos más sólidos.
Uno de los estudios más destacados de la conferencia de la ACC se denominó EZ-PAVE, un estudio que analiza la evolución de los pacientes cuando se les trata con diferentes niveles objetivo de LDL.
Parte del motivo por el que este ensayo me resulta interesante es cómo se debatió en las redes sociales, como si se tratara de una evaluación definitiva de un régimen de reducción del colesterol realmente intenso:
Creo que esa interpretación es un poco exagerada si se analizan los detalles del artículo.
Se trata de un estudio en el que se seleccionó a pacientes con enfermedades cardiovasculares y se estableció como objetivo que un grupo alcanzara un nivel de LDL de 55 y otro de 70. Sin duda, hubo una diferencia entre ambos grupos en cuanto al impacto del tratamiento:

Sin embargo, si se analizan los resultados reales, esa reducción del riesgo del 33 % resulta un poco exagerada en cuanto a sus implicaciones prácticas.
Hay dos razones principales para ello:
La gran mayoría de las diferencias entre los grupos se basaban en las diferencias en el número de personas a las que se les colocaron stents o se les realizaron otros procedimientos cardíacos. Hubo una diferencia pequeña (0,3 % al año) en los infartos de miocardio, pero ninguna diferencia en las muertes o los accidentes cerebrovasculares.
Se trataba de un ensayo abierto. Por lo tanto, la necesidad de someterse a una intervención a menudo se basa en una valoración subjetiva. Ya sea por parte del paciente que refiere los síntomas o del médico que los interpreta, puede verse influida por el hecho de saber en qué grupo se encontraba la persona.
No estoy descartando este ensayo como si dijera que un nivel más alto de LDL es mejor; está claro que no lo es.
Pero es un ensayo en el que se exageró la importancia de los resultados. Y eso concuerda con lo que habría sido mi predicción antes del estudio: una modesta reducción del LDL debería conducir a una pequeña diferencia en los resultados.
El informe principal, que habla de una reducción del riesgo del 33 %, realmente no pasa la prueba del algodón.
Así pues, Ez-PAVE no nos dice que un nivel debajo de LDL sea malo, pero sí sugiere que el beneficio marginal de reducir un nivel de LDL que ya es bajo no es enorme.
Y también quiero llamar la atención sobre el hecho de que incluso la interpretación más pesimista de este artículo es, en realidad, bastante notable para la ciencia médica: el grupo tratado de forma menos intensiva solo tuvo una tasa de eventos del 9,7 % en tres años.
Eso significa que, en el contexto médico actual, existe un riesgo anual de alrededor del 3% de que un paciente con una enfermedad cardíaca establecida sufra un infarto, un ictus o necesite someterse a una intervención cardíaca.
Es bastante increíble pensar en los avances de la ciencia médica en el tratamiento de las enfermedades cardíacas.
Cuanto mejores sean los resultados iniciales, menor es el margen de mejora, lo que hace más difícil demostrar diferencias drásticas entre las estrategias. Y se podría argumentar que eso hace que cada avance incremental sea más impresionante, no menos.
¿Cuándo tomar la levotiroxina?
El hipotiroidismo es una condición caracterizada por la falta de hormona tiroidea, lo que resulta en una disminución de la actividad metabólica. El tratamiento estándar es la levotiroxina (LT), una forma sintética de la hormona T4, que generalmente se recomienda tomar por la mañana con el estómago vacío (en ayunas) y dejando de 30 a 60 minutos hasta el desayuno con el objetivo de maximizar su absorción.

En pacientes con hipotiroidismo, la toma de levotiroxina en las condiciones habitualmente recomendadas u óptimas es, cuando menos y con una perspectiva individual, incómoda.
Por otro lado, en una revisión sistemática reciente diseñada para identificar las barreras, facilitadores y estrategias en la adherencia a la medicación en pacientes con terapia de reemplazo hormonal tiroideo, se ha observado que los tres principales obstáculos fueron horarios de toma poco convenientes, la falta de conocimientos sobre la enfermedad y la medicación.
La necesidad de ayuno y separación temporal con otros medicamentos o alimentos no solo proporciona molestias y disminuye de manera subjetiva la calidad de vida, sino que también es un refuerzo negativo en la adherencia terapéutica.
Las estrategias para facilitar la adherencia sin modificar en estos pacientes el control tiroideo pasan por cambiar el momento adecuado de la toma (mañana versus noche con el correspondiente ayuno previo) o en obviar el ayuno aumentando ligeramente (15%) la dosis establecida antes.
En el primer caso, aunque no todos los estudios coinciden, se puede considerar que no se encuentran diferencias significativas en los niveles de TSH según el momento de la toma de la administración de levotiroxina; es decir, se puede tomar por la noche dejando dos horas tras la última comida. En general, se deja la decisión en un equilibrio entre la adherencia del paciente y el control óptimo de los niveles de TSH.
En el segundo caso, se ha publicado recientemente un estudio clínico que prueba si es útil tomar levotiroxina sin ayuno y aumentando un poco las dosis. Esta práctica se usaba en algunos casos y se recomendaba como una opción al método tradicional de toma.
El estudio es un ensayo clínico aleatorizado realizado en los Países Bajos con 88 adultos con hipotiroidismo bien controlado. Los pacientes se asignaron a tomar levotiroxina en ayunas o junto con el desayuno, aumentando la dosis un 15% en este último grupo para compensar la menor absorción. Tras un seguimiento máximo de 24 semanas, la estabilidad de TSH fue similar en ambos grupos (74,4% vs. 73,3%), sin diferencias en T4 libre ni T3 total.
Los pacientes del grupo de desayuno reportaron mayor bienestar y una preferencia significativamente mayor por esta pauta, y casi el 90% eligió mantenerla al finalizar el estudio.
Los autores concluyen que tomar levotiroxina con el desayuno con un ajuste de +15% de dosis es una alternativa eficaz a la pauta en ayunas que, además, mejora la adherencia y la satisfacción del paciente.
Sin embargo, el estudio adolece de una falta de potencia estadística que podría poner en duda la certidumbre de sus resultados. La pregunta que el estudio plantea es claramente de equivalencia o de no inferioridad, pero con este diseño no se puede dar una respuesta concluyente dado el tamaño de la muestra. Los autores intentan salvar este problema vistiendo el ensayo como un proof-of-concept trial (POT).
Un ensayo de prueba de concepto es un tipo de estudio clínico cuyo objetivo principal es demostrar que una idea o intervención es factible y tiene una base científica sólida antes de invertir en un ensayo a gran escala. No está diseñado para demostrar de forma definitiva que un tratamiento es superior o equivalente a otro (para eso se necesitaría un ensayo de no inferioridad con mayor tamaño muestral), sino para responder a la pregunta: ¿tiene sentido seguir investigando esto?
En el contexto de este artículo, los propios autores reconocen que su muestra (88 pacientes) es pequeña y que el estudio no cumple los criterios estadísticos de un ensayo de no inferioridad formal. Sin embargo, los resultados son lo suficientemente buenos como para justificar un futuro ensayo en varios centros más grande que confirme si tomar levotiroxina con el desayuno es igual a tomarla en ayunas. En resumen, es un paso intermedio entre la hipótesis inicial y el ensayo clínico definitivo. No podemos, por tanto, ser tan optimistas como la conclusión del estudio, pero tampoco desecharla, que propone esta estrategia como una alternativa centrada en el paciente que podría mejorar la adherencia terapéutica.
Por último, podríamos añadir una tercera estrategia, como es la prescripción de formulaciones líquidas orales de levotiroxina. Aunque la FDA y la AEMPS siguen recomendando su administración en ayunas, al igual que los comprimidos, los datos sugieren que las formulaciones líquidas pueden verse menos afectadas por los alimentos que los comprimidos. Una revisión sistemática ha mostrado que las formulaciones de levotiroxina en líquido y cápsulas blandas alcanzaban una absorción similar, tanto si se tomaban con el desayuno, con otras comidas o junto con otros medicamentos.
Una conclusión práctica: Aunque todavía no hay una evidencia consistente que nos lo confirme de manera definitiva, un cambio en la forma en la que nuestros pacientes con hipotiroidismo toman la levotiroxina es factible y beneficioso. En los pacientes a los que les cuesta cumplir con los requisitos de ayuno, bien cambiando el horario o bien tomándola sin respetar esta condición con un ajuste de dosis, se mantiene el necesario control tiroideo. Las ventajas en el posible incremento de la adherencia terapéutica, la sensación de bienestar y la opinión de los pacientes hacen que sean opciones para considerar en, al menos, esos pacientes en (el) que la toma estándar sea problemática o molesta. Las formulaciones líquidas presentan menos interacciones con los alimentos, siendo una alternativa que mejora la adherencia al tratamiento sin perder eficacia terapéutica.
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“Empujoncitos” para vacunarse de la gripe
Un artículo publicado en JAMA Internal Medicine en enero de este año presenta un ensayo clínico aleatorizado que evalúa si una intervención de nudges (empujoncitos) dirigida a pacientes y profesionales de atención primaria aumenta la vacunación antigripal en adultos mayores durante las visitas médicas.
El estudio BE IMMUNE se llevó a cabo en dos grandes sistemas académicos (Penn Medicine y UW Medicine) e incluyó 80.039 pacientes de 50 años o más, todos con una visita programada de atención primaria y pendientes de vacunarse frente a la gripe. Las 48 (47 a lfinal) consultas participantes se asignaron aleatoriamente en proporción 2:1 a una intervención multifactorial o a la atención habitual. La población tenía una edad media de 65,8 años, 56% de mujeres, 62,7% de personas blancas, 23,4% negras y 3,9% hispanas; casi un 30% vivía en áreas de menor renta.
La intervención combinó tres componentes dirigidos a pacientes y profesionales. Para los pacientes se enviaron mensajes de texto previos a la cita, 3 días y 1 día antes, utilizando un encuadre de “dotación” (se les decía que la vacuna estaba “disponible” o “reservada” para ellos en la primera y última cita respectivamente), con versiones automatizadas por voz y traducciones según idioma preferido. Para los clínicos se implementó (1) un aviso de “pendiente” vacunación, automática en la historia clínica electrónica, que el profesional solo debía aceptar o cancelar, y (2) correos mensuales con comparaciones de sus tasas de vacunación respecto a colegas (feedback de comparación entre pares).
Además, dentro del brazo de intervención se identificó a pacientes con alto riesgo de no vacunarse (por edad ≥70 años, raza negra no hispana, residencia en zonas de menor renta o no vacunación el año previo). Estos pacientes de alto riesgo se aleatorizaron individualmente 1:1 a recibir un nudge intensificado mediante mensajería bidireccional o a mantener el recordatorio estándar. El resultado primario fue recibir la vacuna durante la visita; un resultado secundario fue la vacunación en los 3 meses posteriores, junto con la tasa de órdenes de vacunación registradas.
En el análisis por intención de tratar, la intervención multifactorial aumentó significativamente la vacunación en la visita: la probabilidad ajustada fue del 31,4% en las consultas de intervención frente al 26,4% en las de atención habitual, con una diferencia absoluta de riesgo de 5,1 puntos porcentuales y una odds ratio ajustada de 1,28 (IC 97,5 % 1,13–1,45; p<0,001). Esto se tradujo en más de 2.600 pacientes adicionales vacunados durante el periodo de estudio. A los 3 meses, la probabilidad de estar vacunado también fue mayor (37,5% vs 33,8%; diferencia de 3,7 puntos; OR ajustada 1,18). Las órdenes de vacunación firmadas en la visita aumentaron del 27,6% al 34,7%, con una diferencia de 7,2 puntos y OR ajustada de 1,40.
En cambio, la mensajería bidireccional no ofreció beneficios adicionales en el subgrupo de alto riesgo. Entre estos pacientes, la odds ratio ajustada para completar la vacunación en la visita al comparar mensajería bidireccional versus estándar fue 1,00, sin diferencias significativas ni en vacunación en la visita ni en los 3 meses ni en la tasa de órdenes. Los autores sugieren que el formato puramente automatizado, sin intervención humana, y las barreras más profundas de este grupo podrían explicar la ausencia de efecto.
Los análisis de subgrupos mostraron que la intervención fue efectiva tanto en pacientes de menor como de mayor riesgo de no vacunarse, y también en aquellos con mayor riesgo clínico según comorbilidad, aunque con cierta variación en la magnitud del efecto entre los dos sistemas sanitarios. Un análisis exploratorio en el tiempo evidenció un descenso general de las tasas de vacunación según avanzaba la temporada, pero el efecto relativo de la intervención se mantuvo estable.
Los autores concluyen que una intervención conductual a varios niveles, totalmente automatizable y basada en la historia clínica electrónica, puede aumentar de forma modesta pero relevante la vacunación antigripal en atención primaria, con poco consumo adicional de recursos. Señalan como limitaciones la imposibilidad de aislar el efecto de cada componente y posibles datos incompletos de vacunación en otras instituciones, y proponen estudios futuros que exploren componentes individuales o intervenciones más intensivas (como navegación personalizada) para abordar las dudas de los pacientes sobre la vacuna.
Cómo comunicar «los números» médicos
Traducción y adaptación de Zikmund-Fisher BJ, Thorpe A, Fagerlin A. How to Communicate Medical Numbers. JAMA. 2025 Oct 28; 334(16): 1474-1475. doi: 10.1001/jama.2025.13655.
| Conclusions: When communicating health numbers to patients, clinicians can improve patient understanding by presenting information using numbers rather than providing verbal probability terms such as rare, common, or unlikely; using consistent denominators; discussing absolute rather than relative risks; and providing context for unfamiliar types of data. Conclusión: Al comunicar cifras relacionadas con la salud a los pacientes, los médicos pueden mejorar la comprensión de estos presentando la información mediante cifras en lugar de términos verbales que expresan probabilidad, como «raro», «común» o «poco probable»; utilizando denominadores coherentes; analizando los riesgos absolutos en lugar de los relativos; y proporcionando contexto para los tipos de datos con los que no están familiarizados. |
En medicina de familia, la forma en que comunicamos probabilidades y cifras influye directamente en la comprensión del paciente, su adherencia terapéutica y sus decisiones de salud. Este artículo propone cinco recomendaciones basadas en evidencia para mejorar esa comunicación:
- Usa números, no palabras vagas: términos como «raro», «común» o «improbable» se interpretan de forma muy diferente entre pacientes. Por ejemplo, el término «raro» ha sido asociado a probabilidades entre el 0% y el 80% según distintos estudios. Siempre que sea posible, ofrece una cifra concreta, aunque sea aproximada: «Este efecto ocurre en aproximadamente el 2% de los casos» es mucho más útil que «es poco frecuente».
- Usa denominadores constantes: el formato «1 de cada X» confunde a los pacientes y hace que sobreestimen el riesgo. Es preferible usar porcentajes o tasas por 1.000 con denominadores fijos: «8,9 por cada 1.000» se entiende mejor que «1 de cada 112».
- Comunica las diferencias en riesgos absolutos, no relativos: decir que un tratamiento «reduce el riesgo a la mitad» sobreestima su beneficio percibido. Comunicar el riesgo en términos absolutos es más honesto y comprensible: «Este tratamiento reduce tu riesgo del 15% al 7-8%» en lugar de «reduce el riesgo un 50%». Usar distintos formatos para beneficios y riesgos (relativo para uno, absoluto para el otro) como hacen algunas guías clínicas y/o la propaganda de cribados o screening, crea una falsa equivalencia.
- Usa gráficos parte-todo: cuando uses gráficos, muestra tanto el numerador como el denominador. Los graficos parte-todo son tipos de gráficos que muestran cómo componentes individuales contribuyen a un total general. Los diagramas de iconos (icon arrays) y las barras apiladas representan bien esta relación. Los gráficos de barras convencionales solos tienden a exagerar la percepción de riesgo al mostrar solo el numerador.
- Contextualiza los datos de laboratorio y biomarcadores: no basta con decir el valor; hay que interpretarlo. Complementa el resultado con rangos de normalidad, umbrales de acción y diferencias clínicamente relevantes. Por ejemplo: «Tu HbA1c es 8,3%. El objetivo para ti es menos del 7%, y una variación de 0,5% ya es significativa.»

En la consulta
Pequeños cambios, gran impacto
La comunicación de cifras no es un detalle menor: es parte del acto clínico. Adoptar estas estrategias en la consulta de medicina de familia puede marcar la diferencia entre un paciente que comprende su situación y toma decisiones informadas, y uno que sale confundido o sobrestimando riesgos inexistentes.
- Usa números concretos en lugar de palabras vagas.
- Emplea denominadores fijos (% (tasa por 1.000).
- Comunica diferencias en riesgo absoluto.
- Muestra visualizaciones parte-todo cuando uses gráficos.
- Contextualiza siempre los valores analíticos con rangos y objetivos.
Fuente: Zikmund-Fisher BJ, Thorpe A, Fagerlin A. How to Communicate Medical Numbers. JAMA. 2025;334(16):1474-5
Lo que la gente realmente quiere de su médico de cabecera: es más sencillo de lo que crees
Traducido de The Convesation. What people really want from their GP – it’s simpler than you might think por Helen Atherton Professor of Primary Care Research, University of Southampton
Reservar una cita con el médico de cabecera es una tarea rutinaria, pero para muchas personas es motivo de frustración. Las largas esperas, los sistemas confusos y los procesos impersonales se han convertido en algo habitual. Aunque se ha prestado mucha atención a lo difícil que es conseguir una cita, son pocos los estudios que se han planteado una pregunta más fundamental:
¿Qué es lo que realmente quieren los pacientes de su médico de cabecera?
Para responder a esta pregunta, mis colegas y yo revisamos 33 estudios con diferentes diseños, y nos centramos en las expectativas y preferencias de los pacientes con respecto al acceso a su médico de cabecera en Inglaterra y Escocia.
Lo que la gente quería no era complicado ni innovador. La gente buscaba conexión; una recepcionista amable y una buena comunicación por parte de la consulta sobre cómo podían concertar una cita. Y querían un médico de cabecera en su propio barrio, con salas de espera limpias y tranquilas. Hasta aquí, todo muy sencillo.
La gente quería sistemas de cita sencillos y fáciles de usar, sin largos menús telefónicos automatizados («pulse uno para recepción»). Las preferencias variaban. Algunos pacientes valoraban la opción de pedir citas en persona en la recepción, mientras que otros preferían la comodidad de pedirla online.
Independientemente de cómo lo pidieran, los pacientes querían tiempos de espera más cortos o, al menos, información clara sobre cuándo podían esperar una cita o una llamada.
Lo ideal sería que la consulta de medicina general estuviera abierta los sábados y domingos para aquellos que no pueden acudir durante la semana.
Las consultas a distancia, por teléfono, vídeo o correo electrónico, se han vuelto más comunes desde la pandemia, y muchos pacientes las encontraron útiles. Para aquellos con responsabilidades de cuidado o problemas de movilidad, ofrecían una forma conveniente de acceder a la atención médica sin necesidad de salir de casa.
Sin embargo, las consultas a distancia no eran adecuadas para todos. Algunos pacientes carecían de privacidad en el trabajo, mientras que otros, en particular aquellos con discapacidades auditivas, encontraban las consultas telefónicas difíciles o imposibles de utilizar.
Lo que los pacientes querían de manera sistemática era poder elegir, especialmente en lo que se refiere a las consultas a distancia. Aunque las citas presenciales se consideraban el estándar de referencia, muchos reconocían que las consultas telefónicas o por vídeo podían ser útiles en determinadas situaciones. Las preferencias variaban mucho, lo que hacía que la posibilidad de elegir el tipo de consulta fuera especialmente importante.
Los pacientes también querían poder elegir a quién acudir, especialmente para cuestiones no urgentes o para el tratamiento de enfermedades crónicas. En la medicina general actual, la atención suele ser prestada por una serie de profesionales, entre los que se incluyen enfermeros, farmacéuticos y fisioterapeutas. Aunque muchos pacientes se mostraban abiertos a acudir a diferentes profesionales sanitarios, las personas mayores y las pertenecientes a minorías étnicas eran más propensas a preferir acudir al médico de cabecera.
En general, los pacientes querían tener la opción de elegir al médico de cabecera en lugar de a otro profesional sanitario, o al menos participar en esa decisión.
Satisfacción en mínimos históricos
Como era de esperar, lo que los pacientes esperan de la medicina general varía en función de sus diferentes estilos de vida, necesidades y circunstancias. Pero lo que también quedó claro es que muchas personas no consiguen lo que quieren del sistema de citas.
Según una reciente encuesta de British Social Attitudes, la satisfacción de los pacientes con la medicina general se encuentra en mínimos históricos, ya que solo algo menos de una de cada tres personas afirma estar muy o bastante satisfecha con los servicios de los médicos de cabecera.
Algunos elementos del plan decenal para el NHS en Inglaterra anunciado recientemente por el Gobierno británico pueden abordar algunas de estas preocupaciones, pero aún no hay nada seguro. El énfasis en la aplicación del NHS como «un médico en el bolsillo» no se ajusta a lo que muchos pacientes piden: una verdadera opción entre acceder a la atención médica en línea o en persona.




