La atención primaria española atraviesa una crisis profunda, pero no terminal. Esa es una de las principales conclusiones que dejaron Rafa Bravo, Sergio Minué, Jaume Sellarés y Marta García en una extensa conversación sobre el presente y el futuro de la medicina de familia en España. Entre diagnósticos duros, autocrítica profesional y propuestas de reforma, emergió una idea compartida: la atención primaria sigue siendo el pilar indispensable del sistema sanitario, pero necesita cambios estructurales urgentes para sobrevivir.
Una paradoja global: imprescindible y abandonada
Sergio Minué resumió el momento actual con una paradoja demoledora: “La atención primaria nunca ha estado en el mundo en mejor situación y, a la vez, en peor situación”. Nunca antes las instituciones internacionales habían insistido tanto en que los sistemas sanitarios necesitan una atención primaria fuerte para ser sostenibles. Sin embargo, nunca había existido tanta desafección profesional hacia ella.
Los médicos de familia abandonan consultas, buscan salidas laborales alternativas o rechazan directamente incorporarse a la especialidad. Para Sergio Minué, el problema fundamental es político: la atención primaria nunca ha estado realmente en la agenda de los gobiernos, más allá de declaraciones retóricas.
La “atonía” del sistema
Rafa Bravo describió la situación con otra palabra clave: atonía. No se trata solo de falta de recursos o de médicos, sino de una pérdida colectiva de iniciativa y capacidad de reacción.
Según explicó, problemas históricos como la sobrecarga asistencial, la pérdida de continuidad o la falta de liderazgo se han normalizado. “Parece que ya nadie intenta cambiar nada”, lamentó. La innovación organizativa y las ideas transformadoras han desaparecido de muchos centros de salud, sustituidas por un clima de resignación.
Esa percepción fue compartida por Marta García, médica de familia y tutora de residentes, quien describió cómo muchos profesionales trabajan ya únicamente “en modo supervivencia”, intentando llegar al final de la jornada sin quemarse más.
El gran problema: la falta de reconocimiento
Uno de los consensos más sólidos de la conversación fue la infravaloración histórica de la medicina de familia. Marta García defendió que la atención primaria tiene un enorme impacto demostrado sobre la salud poblacional, pero recibe un reconocimiento institucional, social y mediático muy inferior al de otras especialidades.
La consecuencia directa es el desgaste profesional. Muchos residentes reciben durante toda su formación mensajes implícitos o explícitos que cuestionan su elección profesional: “¿Con esa nota has elegido medicina de familia?”.
La propia estructura del sistema alimenta esa sensación de inferioridad. Los participantes criticaron especialmente las relaciones jerárquicas con el hospital, la capacidad de los especialistas hospitalarios para rechazar derivaciones o pruebas solicitadas desde primaria y el uso creciente de médicos sin especialidad para cubrir consultas de atención primaria.
Autonomía profesional: la gran reforma pendiente
Si hubo una palabra que vertebró el debate fue “autonomía”. Jaume Sellarés, gerente de una Entidad de Base Asociativa (EBA) en Cataluña, defendió que sin autonomía organizativa no habrá transformación posible.
Para Jaume Sellarés, los equipos de atención primaria deben poder decidir cómo organizan sus agendas, qué perfiles profesionales necesitan, cómo distribuyen tiempos y recursos y cómo se relacionan con el hospital. “Quien mejor sabe lo que necesita un centro son sus propios profesionales”, afirmó.
El modelo actual, excesivamente burocrático y centralizado, impide adaptar la atención a las realidades sociales y territoriales de cada zona. Marta García puso como ejemplo su consulta en un barrio vulnerable con más de cuarenta nacionalidades distintas, donde aplicar los mismos indicadores o protocolos que en un centro urbano acomodado resulta absurdo.
Los participantes defendieron que la autonomía no implica privatización, sino capacidad real de gestión dentro del sistema público.
La longitudinalidad: el valor diferencial de la primaria
Aunque apareció más tarde en la conversación, la longitudinalidad terminó convertida en otra idea central. Los médicos reivindicaron el valor de la relación continuada entre profesional y paciente a lo largo del tiempo.
Para Sergio Minué, la evidencia científica sobre sus beneficios es “abrumadora”, pero paradójicamente ni gestores ni políticos parecen darle importancia. La continuidad asistencial mejora resultados clínicos, reduce ingresos hospitalarios y fortalece la confianza del paciente.
Jaume Sellarés explicó cómo incluso la percepción de una espera cambia si el paciente entiende que es “su médica” quien decide revisarlo en tres semanas y no una mera decisión administrativa.
Más allá de la tecnología
El debate también abordó el papel de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Aunque reconocieron su potencial, especialmente para el seguimiento domiciliario o la gestión clínica, los participantes insistieron en que la esencia de la medicina de familia no puede reducirse a herramientas diagnósticas.
Marta García advirtió del riesgo de que los médicos jóvenes se sientan más atraídos por técnicas o dispositivos que por el acompañamiento humano. “La verdadera medicina personalizada no es el genoma; es entender el contexto vital de la persona”, señaló.
La atención al duelo, el final de la vida, las visitas domiciliarias o la escucha activa siguen siendo, a su juicio, el núcleo irrenunciable de la especialidad.
Un futuro todavía posible
Pese al tono crítico de buena parte del debate, el cierre fue deliberadamente esperanzador. Marta García rechazó frontalmente los discursos catastrofistas y defendió que la atención primaria tiene futuro si se le permite desarrollarse.
“Cada día veo residentes brillantes, comprometidos y con ganas de hacer buena medicina de familia”, afirmó. El problema, insistió, no es la falta de vocación, sino un sistema que expulsa progresivamente a quienes quieren ejercerla con calidad.
La conversación concluyó con una idea compartida: la atención primaria española necesita una “reanimación” profunda, basada en autonomía, reconocimiento, continuidad y liderazgo profesional. Pero sus protagonistas siguen convencidos de que merece la pena pelear por ella
PREVECARDIO y la “ilusión del chequeo”: cuando hacer más no es hacer mejor
por Francisco Camarelles, Carlos Brotons, Sara Belinchón y Alberto Cotillas y Grupo PAPPS Madrid. SOMAMFYC
El programa PREVECARDIO-AP representa un ejemplo claro de una tendencia creciente en los sistemas sanitarios, que es la medicalización preventiva de la población aparentemente sana mediante chequeos estructurados. Sin embargo, esta estrategia plantea una cuestión incómoda pero necesaria: ¿Tiene sentido hacer chequeos sistemáticos a población asintomática?
1. El problema de base es que los chequeos no han demostrado mejorar resultados clínicos.
La evidencia es bastante consistente, ya que las grandes revisiones sistemáticas como la Cochrane de 2012 y la actualización de 2019 de hasta 250.000 personas, han mostrado que los chequeos generales de salud NO reducen la mortalidad total ni cardiovascular frente a no hacerlos. Sí aumentan los diagnósticos, el consumo de fármacos, y el etiquetado de enfermedad. Es decir: más medicina ≠ más salud. Más recientemente, el estudio DANCAVAS II que estudia el cribado cardiovascular entre 60 y 65 tampoco observa una reducción de la mortalidad, y sí un aumento de las hemorragias digestivas en el grupo intervención (probablemente porque a los individuos que tenían un RCV alto sus médicos les iniciaban aspirina y estatina, sin haber ninguna evidencia al respecto).
En todo caso, dado que los beneficios de los chequeos de salud generales pueden ser limitados y heterogéneos, parece razonable dirigirlos a poblaciones con mayores necesidades de atención preventiva o con mayor riesgo.
2. PREVECARDIO: cribado masivo disfrazado de buena práctica
El programa propone un cribado estructurado en personas de 40–75 años sin enfermedad conocida. Pero esto introduce un cambio importante respecto al modelo clásico de Atención Primaria, se pasa de un cribado oportunista y contextualizado basado en la relación clínica, a un cribado poblacional protocolizado, descontextualizado e industrializado (SMS, agenda centralizada, circuito cerrado). Esto transforma la prevención en una actividad automática, no reflexiva.
Mientras se promueve un programa de chequeos, se abandonan otras intervenciones como, entre otras, el cribado y la intervención breve sobre el consumo de riesgo y perjudicial de alcohol, que han demostrado su eficacia en reducir mortalidad.
3. Sobrediagnóstico: el efecto colateral inevitable
Cuando se busca enfermedad en población sana, aparecen alteraciones de bajo riesgo, se diagnostican condiciones con escaso impacto clínico y se inicia cascada con más pruebas, más consultas, y más tratamientos. El propio programa reconoce umbrales bajos (ej. HbA1c ≥ 5,7%) que activan circuitos diagnósticos que pueden conducir a prediabetes sobrediagnosticada, dislipemias leves medicalizadas, e hipertensión leve tratada.
Podemos caer en el riesgo de hacer “demasiada prevención” si se amplían umbrales diagnósticos y empleamos programas preventivos de escaso valor en personas sanas. Por ello, la prevención cuaternaria adquiere un valor intrínseco junto a la toma de decisiones compartida y el uso adecuado de medidas epidemiológicas como son el riesgo absoluto y el número necesario de pacientes para tratar (NNT).
4. La paradoja de la prevención
El programa incluye un elemento clave (y contradictorio) que es el “paradigma de prevención”: la mayoría de los eventos ocurren en personas de riesgo bajo-moderado. Pero la respuesta es cribar a toda la población cuando la evidencia sugiere que la mejor opción son las intervenciones poblacionales (políticas, entornos, hábitos).
5. Intervenciones débiles sobre factores de riesgo
Detectar más no implica cambiar más, ya que las intervenciones sobre estilo de vida son de eficacia modesta y difícil sostenibilidad. Además, las intervenciones farmacológicas son de beneficio absoluto bajo en bajo riesgo. El resultado es el de mucho esfuerzo clínico para poco impacto real. Por ejemplo, en personas con hipertensión leve no tratada y sin enfermedad cardiovascular previa, el inicio de monoterapia antihipertensiva o la intensificación del tratamiento puede no reducir la mortalidad por cualquier causa, los eventos cardiovasculares totales ni la cardiopatía coronaria, en comparación con quienes recibieron placebo o ningún tratamiento. Puede haber una reducción del ictus, pero también posiblemente un aumento de abandonos por efectos adversos.
6. Coste de oportunidad o lo que dejamos de hacer
Cada consulta de PREVECARDIO (30 min) implica más tiempo de enfermería, más recursos diagnósticos, y seguimiento, ¿A costa de qué? Pacientes complejos abandonados, crónicos mal controlados, menos atención a otras patologías y a los determinantes sociales. Está claro que la prevención innecesaria compite con la atención necesaria.
7. Atención Primaria como “fábrica de riesgo”
El programa convierte la consulta en un espacio de cribado protocolizado centrado en indicadores y orientado a cumplir objetivos (Criterios de Buena Atención CBA, y Contrato Programa Centro CPC), lo que significa desplazar el modelo centrado en la persona hacia uno centrado en el riesgo.
8. Alternativa: prevención sensata
Desde una perspectiva más alineada con las recomendaciones del PAPPS y WONCA habría que priorizar el cribado selectivo y oportunista, las intervenciones con alto valor, las conversaciones clínicas significativas y la longitudinalidad del profesional sanitario.
La longitudinalidad en AP en prevención y promoción de la salud se ha demostrado muy importante. La continuidad relacional mejora la experiencia del paciente en la prevención cardiovascular, y una mayor continuidad con el médico de familia se asocia con mejor asesoramiento en estilos de vida y prevención percibido por los pacientes.
Por otra parte, es necesario reorientar la prevención hacia los determinantes sociales, la promoción de salud real, y las decisiones compartidas.
9. Ausencia de debate y participación de sociedades científicas. Es curioso que la primera referencia bibliográfica del programa sea a las de las recomendaciones preventivas cardiovasculares del PAPPS 2024. Sin embargo, la consulta del programa con los miembros del PAPPS ha sido nula.
Los resultados iniciales de un estudio presentado en el EUROPREV Forum 2026 Madrid, 26 y 27 de marzo, han encontrado que solo un 49,8 % de los pacientes tienen completado el paquete mínimo del PAPPS de forma adecuada. Queda mucho que mejorar en actividades preventivas antes que embarcarse en un chequeo generalizado sin evidencia científica que lo sustente. Además, antes de implementar un programa de chequeo generalizado, se debería fomentar el cálculo oportunista del RCV según las recomendaciones PAPPS 2024, y el abordaje oportunista de los factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular.
Recomendación
Calidad de la evidencia
Fuerza de recomendación
Se recomienda el cálculo del riesgo vascular a todos los adultos de ≥ 40 años que no tengan una enfermedad vascular o que, por sus características, no sean de alto riesgo, mediante SCORE2 o SCORE2-OP (70 y 90 años).
Moderada
Fuerte a favor
Las tablas de riesgo constituyen una información complementaria y útil para ayudar a estratificar el riesgo y a tomar decisiones en el tratamiento de la dislipemia y de la HTA
Moderada
Fuerte a favor
Conclusión
PREVECARDIO-AP es un programa técnicamente bien diseñado, pero conceptualmente problemático. Parte de una premisa cuestionable: que detectar más enfermedad en población sana mejora la salud cuando la evidencia sugiere lo contrario: “Los chequeos generales generan más diagnósticos, más tratamientos… pero no más salud”.
Píldoras docentes para sanitarios: una herramienta de consulta rápida para congresos y talleres
Autores: José Antonio Prados Castillejo. Médico de familia. Andalucía. María Luisa Prados Jiménez. Médica de Familia. Madrid. Carles Blay Pueyo. Médico de familia Cataluña
Este proyecto no nace para ser un manual académico convencional, sino una herramienta de consulta rápida y eficiente —una «chuleta» profesional— diseñada para el personal sanitario. Su objetivo principal es aportar las claves y técnicas necesarias para realizar funciones de difusión del conocimiento de una manera más eficaz, ya sea en el propio equipo, con personal en formación o en grandes foros científicos. Basado en la experiencia de los autores y a través de 25 decálogos de buenas prácticas, esta obra guía al lector por todo el ecosistema de la comunicación científica y la docencia:
Asistencia y participación: Estrategias para transformar una asistencia pasiva en una oportunidad real de aprendizaje y networking.
Ponencias y presentaciones: Consejos para diseñar materiales visuales que sigan la regla de «menos es más» y técnicas para hablar con seguridad ante una audiencia.
Dinámicas grupales: Claves para moderar mesas redondas y facilitar talleres participativos con éxito..
La intención es que los contenidos se extiendan más allá del papel: las píldoras de conocimiento incluidas se difundirán activamente en redes sociales, ofreciendo sugerencias directas y útiles para mejorar la competencia docente y comunicativa del profesional de hoy
En medicina, casi siempre más es peor. También en la menopausia. Uso irracional de suplementos hormonales en la menopausia
por Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos) X:@JuanGrvas BlueeSky: @juangrvas.bsky.social y Mercedes Pérez-Fernández (especialista en Medicina Interna y médica rural jubilada)
La menopausia significa el fin de la fertilidad femenina, en un proceso de cambio que lleva a la ausencia de ovulación y de menstruación. Como etapa vital, implica importantes modificaciones somáticas y psíquicas, en forma similar a otras etapas vitales como la adolescencia y la vejez. La menopausia es la etapa del ciclo vital de una mujer en que está ausente la menstruación al menos doce meses seguidos. Suele acontecer entre los 45 y los 55 años. Hasta llegar a la menopausia propiamente dicha hay una fase de unos 4 años de irregularidades menstruales que se conoce como perimenopausia.
En general, la menopausia se supera sin ayuda médica pero en algunos casos los síntomas alteran gravemente la vida cotidiana y merecen tratamiento médico para paliarlos con suplementos hormonales (los daños de los mismos se compensan con sus beneficios). En general, los suplementos hormonales deben utilizarse sólo como medicamentos paliativos en casos específicos, en las menores dosis eficaces y por el menor tiempo posible.
En todo caso, carece de fundamento el uso preventivo de las hormonas para “evitar”, por ejemplo, infartos de miocardio, cáncer de útero, cáncer de mama, demencia-Alzheimer, derrames cerebrales, embolias pulmonares, etc. De hecho, las hormonas incrementan tales problemas. Una mirada de género a las cuestiones en torno a la menopausia no exige más atención, más intervenciones ni más medicamentos. Una mirada de género exige mejor atención, menos y más precisas intervenciones y el evitar el uso irracional de medicamentos.
Este texto resume la presentación de los autores en una videoconferencia el día 13 de mayo de 2026. En el ciclo de «Salud, Ciencia Crítica y Ética», de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria
Resumen de: Rotenstein LS, Frits M, Iannaccone C, L’Heureux M, Fangman J, Rancier M, Gitomer R, Bates DW, Landon B. Primary Care Physician Time Spent in Patient Care: An Observational Study Using Electronic Health Record Logs. Ann Intern Med. 2025 Dec;178(12):1688-1697. doi: 10.7326/ANNALS-25-01412. Epub 2025 Oct 21. PubMed
Un estudio observacional publicado en octubre 2025 en *Annals of Internal Medicine* analizó el tiempo real que los médicos de familia dedican al cuidado de sus pacientes, utilizando registros de historiales clínicos electrónicos (HCE) y datos administrativos de 406 médicos en 33 clínicas del sistema Mass General Brigham (Boston) durante 2021. El objetivo fue estimar la carga de trabajo anual, explorar cómo varía según la dedicación clínica y qué características del cupo de pacientes influyen en dicha carga.
Los resultados muestran que un médico a jornada completa (1,0 cFTE en el original) dedica una mediana de 2.844 horas anuales, equivalentes a 62 horas semanales, muy por encima de las 43-51 horas estimadas en estudios previos. Esta diferencia se atribuye en parte al trabajo adicional generado por los HCE en la última década. Por paciente, la dedicación es de 1,7 horas anuales. Los médicos a tiempo parcial invierten más horas por paciente que sus colegas a jornada completa, probablemente por la naturaleza continua e inaplazable de la atención primaria.
En el análisis multivariable, cuatro factores se asociaron significativamente con un mayor tiempo por paciente:
mayor proporción de pacientes con cobertura Medicaid
mayor volumen de mensajes electrónicos solicitando consejo médico —este último con el impacto más elevado, llegando a suponer casi 28 minutos adicionales por paciente al año entre el percentil 25 y el 75.
Los autores señalan que la mensajería asincrónica ha crecido notablemente desde la pandemia de COVID-19 y que su gestión debería incorporarse como variable de ajuste en el dimensionamiento de los paneles.
Las conclusiones invitan a rediseñar los modelos de atención primaria para hacerlos más sostenibles, ajustar los tamaños de panel en función de la casuística real y explorar soluciones como flujos de trabajo en equipo o herramientas de inteligencia artificial para la gestión de mensajes clínicos.
COMUNICADO sobre proyecto PREVECARDIO-AP Madrid, 27 de abril de 2026
Las sociedades científicas firmantes deseamos compartir nuestro malestar con la forma en que se ha gestado y puesto en marcha el proyecto Prevecardio-AP.
Dicho proyecto, surgido en el seno de una iniciativa de investigación hospitalaria, comprende una serie de actuaciones que pueden ser útiles para la detección y actuación sobre factores de riesgo cardiovascular, pero que entendemos deben realizarse bajo el prisma que guía el trabajo en Atención Primaria y de hecho vienen realizándose ya desde hace años en nuestros centros.
Dicho prisma debe priorizar:
Asegurar la longitudinalidad en las actuaciones realizadas, siempre con la enfermera y médica de referencia de cada ciudadano, asegurando así que esta actuación se integre en la asistencia longitudinal característica de Atención Primaria, que en repetidos estudios ha demostrado disminuir la morbimortalidad en la población atendida.
Ir en consonancia con la Cartera de Servicios Estandarizados de Atención Primaria. No parece razonable que un proyecto de prevención sobre la población general contravenga las recomendaciones que guían nuestras actuaciones en Atención Primaria junto a las ofrecidas por el Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (PAPPS), ya sea por periodicidad de las valoraciones o por intervalos de normalidad. En este sentido, algunas de sus recomendaciones deben ser revisadas, ya que existe evidencia científica diferente a la planteada en el documento.
Ajustarse a la realidad asistencial de cada centro de salud Puede que no se disponga de los cartuchos para realizar las determinaciones o el tamaño del centro limite el uso de espacios compartidos para realizar estas determinaciones… ¿Por qué no utilizar la determinación en sangre venosa?
Entendemos que es fundamental actuar sobre los factores de riesgo cardiovascular, como llevamos haciendo desde hace décadas, de forma asentada en la realidad vital de cada ciudadano, y optimizar dicha actuación es parte esencial de este trabajo. Nos sorprende que la difusión de este proyecto publicite esta labor como algo novedoso, cuando no lo es en absoluto, se trata de una de las labores que realizamos diariamente en el primer nivel de atención sanitaria.
Mantenemos nuestra plena disposición a seguir colaborando con la Gerencia Asistencial de Atención Primaria y la Consejería de Sanidad para trabajar en pos de asegurar la mejor asistencia para la población madrileña, pero creemos necesaria una revisión y adecuación del proyecto Prevecardio-AP, teniendo en cuenta la realidad diaria en los centros de salud y adaptándola a esta.