Categoría: Medicina basada en la evidencia

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 8/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Cribado de la vitamina D

Mito: Se deben realizar pruebas de cribado rutinarias de los niveles de vitamina D en todos los adultos, y se deben recetar suplementos cuando los resultados de laboratorio sean bajos.

Evidencia: El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de EE. UU. El US Preventive Services Task Force (USPSTF) ha emitido una declaración I* (I statement) sobre el cribado poblacional de la deficiencia de vitamina D en adultos asintomáticos y no embarazadas, lo que indica que la evidencia actual no puede demostrar si los beneficios superan a los riesgos.

*I statement o declararacion I del grupo de trabajo : El USPSTF concluye que la evidencia actual es insuficiente para evaluar la relación entre los beneficios y los riesgos de este servicio. La evidencia es escasa, de baja calidad o contradictoria, por lo que no es posible determinar la relación entre los beneficios y los riesgos.

Los grandes estudios de intervención realizados en poblaciones generalmente sanas no han demostrado reducciones significativas en la mortalidad general, la morbilidad cardiovascular o las fracturas con el cribado rutinario y la suplementación en ausencia de indicaciones específicas. Las pruebas se reservan generalmente para pacientes con indicaciones clínicas relevantes o aquellos con un riesgo elevado, incluyendo personas con osteoporosis, malabsorción o residentes en residencias de ancianos.

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 7/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Ducharse después de los puntos.

Mito: Las heridas quirúrgicas cerradas con suturas o grapas no deben entrar en contacto con el agua hasta que se retiren las suturas, generalmente después de 10-14 días.

Evidencia: Para heridas quirúrgicas limpias y cerradas, principalmente sin drenajes, la evidencia, entre otras una revisión de Cochrane de 857 pacientes, no encontró un aumento estadísticamente significativo en el riesgo de infección de la herida con duchas cuidadosas dentro de las 24-48 horas (riesgo relativo, 0.96; IC del 95%, 0.62-1.48).

Duchas breves con agua del grifo o jabón suave son apropiadas, siempre que la herida no sea frotada. Se deben evitar las inmersiones prolongadas y el uso de baños completos. Se requiere mayor precaución en pacientes con cicatrización de heridas comprometida o con drenajes quirúrgicos. Una revisión sistemática y un metanálisis encontraron que ducharse después de la cirugía primaria no aumenta el riesgo de infecciones en el sitio quirúrgico ni de complicaciones en la herida. La evidencia disponible se aplica principalmente a heridas pequeñas y aún no se ha establecido para heridas quirúrgicas más grandes.

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 6/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Aplicación del protector solar
Mito: Los protectores solares químicos deben aplicarse entre 20 y 30 minutos antes de la exposición al sol porque los filtros ultravioleta (UV) necesitan tiempo para activarse en la piel.

Evidencia: Los filtros UV químicos comienzan a absorber la radiación UV tras su aplicación y no requieren un periodo de activación química o física. La recomendación de aplicar el protector solar entre 15 y 30 minutos antes de la exposición al sol se basa principalmente en el tiempo necesario para que el producto se seque y forme una película protectora homogénea y mecánicamente estable sobre la piel.

La protección puede verse comprometida antes de lo previsto si el producto se expone al agua o se ve alterado mecánicamente por la ropa antes de que la película se haya fijado adecuadamente.

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 5/10

Suplementos de hierro por vía oral

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Mito: Los pacientes con anemia por deficiencia de hierro deben tomar dosis elevadas de hierro por vía oral entre una y tres veces al día para reponer las reservas de hierro lo antes posible.

Evidencia: Las dosis orales de hierro de 60 a 100 mg o superiores provocan un pico de hepcidina sérica —una hormona hepática que regula el equilibrio del hierro— durante 24 a 48 horas, lo que impide que el intestino absorba el hierro sobrante. Esto puede reducir la absorción fraccional * de las dosis administradas al día siguiente.

La administración en días alternos evita esta respuesta pronunciada de la hepcidina, aumenta la absorción fraccionada de hierro y mejora la tolerabilidad gastrointestinal, al tiempo que mantiene una reposición de hierro comparable o adecuada a lo largo del tiempo.

* La absorción fraccional es la proporción (o fracción) de una sustancia administrada —por ejemplo, un nutriente o un fármaco— que es efectivamente absorbida desde el tracto gastrointestinal hacia la circulación sistémica, en relación con la dosis total ingerida.

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 4/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Mito: Las heridas se curan más rápido y mejor cuando se dejan al aire para que se forme una costra seca.

Evidencia: Una revisión destacó que mantener un entorno húmedo en la herida previene la muerte celular causada por la desecación y favorece la migración de los queratinocitos, la angiogénesis y la síntesis de colágeno. Las costras gruesas y secas pueden retrasar mecánicamente la reepitelización. Otra revisión resumió el tratamiento de las heridas y concluyó que una limpieza adecuada de la herida ayuda a protegerla contra la contaminación, reduce el dolor durante los cambios de apósito y favorece un lecho de herida sano, tanto en heridas agudas como crónicas.

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 3/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Ayuno antes de la cirugía

Mito: Antes de una cirugía programada, los pacientes deben comenzar un ayuno estricto a medianoche y no deben ingerir líquidos en las 2 horas previas a la anestesia.

Evidencia: Las directrices de las sociedades profesionales, incluida la Sociedad Europea de Anestesiología y Cuidados Intensivos, recomiendan que los adultos sanos puedan consumir líquidos claros o traslúcidos, como agua, té o café sin leche, y zumos claros, hasta dos horas antes de la inducción de la anestesia. Por lo general, se deben evitar los alimentos sólidos durante las seis horas previas a la anestesia. Estas recomendaciones se establecieron en las guías perioperatorias de la Sociedad Europea de Anestesiología y se han abordado con mayor detalle en las guías actualizadas.

Permitir la ingesta de líquidos claros más cerca de la cirugía puede reducir la sed, las molestias y la deshidratación. Ademas, en la práctica, los retrasos en los horarios quirúrgicos pueden dar lugar a un ayuno innecesariamente prolongado. Los enfoques más recientes, como el «sip till send» (beber a sorbos hasta que te lleven a quirófano), permiten a los pacientes seguir bebiendo líquidos claros a sorbos hasta que se les llame para la cirugía.

Estos enfoques se están evaluando e incorporando a los protocolos locales. Los estudios realizados con ecografía abdominal han demostrado que se dan volúmenes gástricos bajos sin que se observe un aumento de la incidencia de aspiración en la práctica clínica. Una iniciativa de mejora de la calidad de 2024 también evaluó estrategias para mejorar el cumplimiento de las recomendaciones de ayuno perioperatorio.

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 2/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Mito: Nunca se debe consumir alcohol mientras se toman antibióticos. El consumo moderado de alcohol mientras se toma metronidazol provoca inevitablemente una reacción grave similar a la del disulfiram.

Evidencia: En el caso de los antibióticos más utilizados, incluidas las penicilinas, las cefalosporinas y los macrólidos, el consumo moderado de alcohol no produce interacciones farmacocinéticas ni tóxicas clínicamente relevantes. Una revisión sistemática reveló que las auténticas reacciones similares a las del disulfiram, causadas por la inhibición de la aldehído deshidrogenasa, se asocian principalmente con un pequeño número de cefalosporinas que contienen una cadena lateral de N-metiltiotetrazol, como el cefotetán y la cefoperazona (no están comercializadas en España). Sin embargo, la evidencia relativa al cotrimoxazol es limitada. En el caso del metronidazol, los estudios controlados en humanos no mostraron picos tóxicos de acetaldehído en sangre. Sin embargo, el alcohol puede agravar los efectos adversos gastrointestinales, como náuseas, vómitos y mareos, y se han publicado casos clínicos de estas reacciones. Un estudio anterior no encontró pruebas de una reacción similar al disulfiram entre el metronidazol y el etanol.

Un estudio de casos y controles de 2023 también evaluó la posible interacción. Por este motivo, la información de prescripción del metronidazol sigue recomendando la abstinencia del alcohol para prevenir una reacción similar a la del disulfiram.

(N del T.: Esta última frase es traducción de «For this reason, prescribing information for metronidazole continues to recommend abstinence from alcohol to prevent a disulfiram-like reaction.») No se corresponde con las conclusiones del artículo que cita. La traducción desde el alemán original dice: «En cuanto al metronidazol, los estudios controlados en humanos no han podido demostrar un aumento tóxico de acetaldehído. Sin embargo, dado que los efectos secundarios gastrointestinales, como náuseas, vómitos y mareos, pueden acumularse y existen informes de casos aislados, la información técnica sobre el metronidazol sigue recomendando la abstinencia como medida de precaución 4,5,6«

10 mitos médicos: ¿en cuántos sigues creyendo? 1/10

Por Dr. Horst Gross, traducido del original 10 Medizin-Irrtümer, die sich hartnäckig halten (alemán) 10 Medical Myths: How Many Do You Still Believe? (inglés)

Los mitos médicos pueden persistir en la práctica clínica durante años, incluso después de que la evidencia los haya puesto en tela de juicio. Desde la preparación para una colonoscopia y una intervención quirúrgica hasta el uso de antibióticos, el cuidado de las heridas y las pruebas de detección de la vitamina D, es posible que varias recomendaciones habituales no reflejen la evidencia actual. A continuación, presentamos 10 mitos médicos persistentes y la evidencia correspondiente.

Dieta líquida estricta antes de una colonoscopia

Mito: Antes de una colonoscopia, los pacientes deben seguir una dieta de líquidos claros durante 1 o 2 días para limpiar el intestino de forma adecuada.

Evidencia: Una dieta baja en fibra el día anterior a la colonoscopia proporciona una limpieza intestinal comparable a la que se consigue con una dieta de líquidos claros (Odds Ratio 0,96; IC del 95 %: 0,72-1,29) y no reduce la tasa de detección de adenomas (OR 1,03; IC del 95 %: 0,86-1,23). Una revisión sistemática con metanálisis mostraron que los pacientes que seguían una dieta baja en residuos experimentaban menos hambre (OR, 0,36) y náuseas (OR, 0,72) y se mostraban más dispuestos a someterse a una nueva colonoscopia (OR, 2,23). Otro metanálisis presentó resultados similares. Además del tipo de dieta, la administración oportuna de la preparación intestinal en dosis fraccionadas, conocida como «dosificación fraccionada», se considera universalmente el estándar clínico de atención para optimizar la calidad de la preparación intestinal para la colonoscopia.

Vacuna contra el herpes zóster | Afirmaciones sin fundamento y palabrería comercial

15 de julio 2026 por Dick Bijl Publicado en Overnu. Traducido y publicado en este blog con permiso del autor; entrada original en: https://overnu.nl/gordelroosvaccin-ongefundeerde-claims-en-marketing-prietpraat/

Dick Bijl es médico de cabecera jubilado y epidemiólogo. Es presidente de la Sociedad Internacional de Boletines Farmacéuticos y fue durante años redactor jefe del «Geneesmiddelenbulletin», una revista que evalúa de forma independiente los nuevos productos farmacéuticos para médicos y farmacéuticos. Bijl ha escrito varios libros, como «Het Pillenprobleem» y «Griep – prikken, slikken of heel voorzichtig niets doen?». Se doctoró en 2006 en la Universidad de Ámsterdam.

Tras el fracaso de la vacuna contra el coronavirus, la industria farmacéutica está recurriendo a todos los trucos posibles para promocionar nuevas vacunas, como la vacuna contra el herpes zóster Shingrix. Y es que es necesario. La confianza de la población en las vacunas es mínima.

  Hay muchas preguntas sobre la vacuna contra el herpes zóster. En el resumen de IA de Google, al escribir esta palabra, leemos lo siguiente:

La vacunación contra el herpes zóster (normalmente con Shingrix) es la forma más eficaz de prevenir el herpes zóster y el intenso dolor nervioso que lo acompaña. La vacuna consta de dos dosis, con un intervalo de entre 2 y 6 meses, y ofrece protección a largo plazo. A partir de 2027, la vacunación será gratuita en los Países Bajos para las personas mayores de 60 años, pero por ahora aún corre a cargo del propio ciudadano. En los medios de comunicación ya circulan rumores de que la vacuna tiene una eficacia del 97 %, es decir, incluso mayor que la de la vacuna contra el coronavirus.

Con esto parecen haberse respondido la mayoría de las preguntas. Pero sin duda muchos lectores ya se habrán dado cuenta de que aquí se está mezclando información científica con marketing. Esto es lo que la IA nos ofrece sobre todo: una nueva moda sin fundamento.

Ahora voy a ofrecer primero información de fondo sobre las recomendaciones de las autoridades sanitarias. A continuación, haré algunas observaciones críticas sobre esta vacuna.

Antecedentes
El herpes zóster puede ser una afección muy molesta y dolorosa. Se trata de la reactivación del virus de la varicela, que permanece en el organismo tras el contagio en la infancia y que, debido a determinadas circunstancias, se reactiva y vuelve a multiplicarse. Afecta principalmente a los nervios de la zona torácica o de la cara (herpes zóster oftálmico). Puede resultar muy doloroso (neuralgia posherpética) y es difícil de tratar.

Afecta sobre todo a las personas mayores. Aproximadamente una de cada cinco personas mayores padece herpes zóster, aunque solo una pequeña parte desarrolla también la neuralgia posherpética. El tratamiento con antivirales específicos, como el aciclovir y el famciclovir, puede prevenir la progresión de la enfermedad si se aplica en la fase inicial, pero no la neuralgia posherpética.

Los síntomas del herpes zóster se localizan en la zona inervada por el ganglio afectado, normalmente en la piel de los costados del tronco, en los brazos o en la cara. Tras una sensación inicial de picor, hormigueo, ardor y/o dolor, aparecen vesículas que se secan al cabo de entre diez y catorce días. Esto puede ir acompañado de un dolor intenso causado por la afectación del tejido nervioso local. Este dolor puede prolongarse durante meses, a veces años y, en casos excepcionales, incluso de por vida.

Cuando el dolor persiste más de uno a seis meses tras la aparición de las ampollas, en la literatura científica se habla de neuralgia posherpética (PHN). Aproximadamente entre el 15 % y el 20 % de todos los casos de herpes zóster dan lugar a PHN.

Dictamen del Consejo de Salud
La vacuna Zostavax, utilizada en el pasado, no ofrecía una protección suficiente. Por ello, el Consejo de Salud o Gezondheidsraad (GR) emitió un dictamen negativo sobre esta vacuna. Actualmente, se considera que la nueva vacuna, Shingrix, ofrece protección en el noventa por ciento de los casos. Por ello, el GR emite ahora un dictamen favorable. No obstante, los costes siguen siendo un problema. [1]

El GR no ha aprendido nada de la tragedia de la reciente pandemia. El análisis crítico de los datos sigue siendo un paso demasiado grande; y, aunque el GR fuera capaz de hacerlo, queda por ver cómo reaccionaría el Ministerio de Salud, Bienestar y Deporte (VWS) ante ello.

Indicación
Según la Agencia Europea de Medicamentos (EMA)[2], Shingrix está indicado para la prevención del herpes zóster y la neuralgia posherpética en:

  • Adultos de 50 años o más
  • Adultos de 18 años o más con un riesgo elevado de padecer herpes zóster.

Efectos secundarios
Los efectos secundarios más frecuentes son, según la EMA, fiebre y escalofríos. En personas mayores de 50 años pueden aparecer dolor muscular, cansancio, dolor de cabeza y dolor articular. Por último, Shingrix puede provocar reacciones de hipersensibilidad y el síndrome de Guillain-Barré.

El concepto de «número necesario para causar daño» (NNH) se refiere al número de personas a las que hay que tratar para que una de ellas sufra un efecto secundario. Y de eso se trata aquí. Se trata de efectos secundarios que impiden realizar las actividades cotidianas, como fiebre, malestar general y dolor en el lugar de la inyección.

El número de personas que hay que tratar para provocar una reacción lo suficientemente grave como para impedir que alguien realice sus actividades normales durante uno o dos días es, en el grupo de edad de 50 a 69 años, aproximadamente 1 de cada 11 personas vacunadas. En el grupo de edad, esa cifra es de aproximadamente 1 de cada 25 personas vacunadas. [3]

Interacciones
No se han observado interacciones especiales con otras vacunas de uso común.

Uso durante el embarazo y la lactancia
No hay datos sobre su uso en mujeres embarazadas. Los resultados de los estudios en animales no indican efectos nocivos directos o indirectos sobre el embarazo, el desarrollo embrionario o fetal, el parto o el desarrollo posnatal.

No se han estudiado los efectos en los lactantes alimentados con leche materna de la administración de Shingrix a sus madres. Tampoco se sabe si Shingrix se excreta en la leche materna.

Conclusión provisional
Quien aún tenga dudas sobre la vacuna contra el herpes zóster puede concluir, a la luz de lo anterior, que Shingrix es segura y eficaz. Y es que el Consejo de Salud ha ayudado tanto a los fabricantes durante la reciente pandemia que ahora podemos confiar ciegamente en sus recomendaciones.

Circulan rumores, sobre todo en los medios de comunicación convencionales, de que la vacuna incluso prevendría la demencia. [4]

La industria saca a relucir todos sus trucos.
Para promocionar esta vacuna, la industria tuvo que idear y aplicar muchos trucos. [5] Era absolutamente necesario. De lo contrario, solo los periodistas desinformados se creerían esas afirmaciones.

Eficacia relativa frente a eficacia absoluta
Cuando Pfizer quiso comercializar una vacuna contra el coronavirus, el director de Pfizer Países Bajos declaró en el programa Nieuwsuur que su vacuna tenía una eficacia del 95 %. «Vaya», dijo Jeroen Wollaars. No lo entendió y, por lo tanto, no planteó ninguna pregunta crítica.

Tomado de What They Don’t Tell You About the Shingles Vaccine en Malone News. No incluido en el post original.

Este truco de marketing funcionó. Por eso, el fabricante y muchos medios de comunicación decidieron volver a utilizarlo ahora con la vacuna contra el herpes zóster. «97 % de eficacia», rezaba el mensaje. Sin embargo, la cifra que realmente importa se acerca más al 3 %.

Ese 97 % se refiere a la comparación con otra vacuna. Pero para los ciudadanos, lo importante es la diferencia con respecto a un placebo. En este caso, la vacunación con Shingrix reduce el riesgo absoluto en un 3 % (0,03). Esa es, por tanto, la Reducción del Riesgo Absoluto (RRA). Con ella se puede calcular el Número Necesario a Tratar (NNT = 1/RRA = 1/0,03 = 33).

Un NNT de 33 significa que hay que vacunar a 33 personas para prevenir un caso de herpes zóster en una persona, y que 32 personas no se beneficiarán de la vacunación. Sería totalmente justificado que el Gobierno dijera: «Paga tú mismo esa vacuna». Pero cuando la industria empieza a ejercer presión, sabes que el resultado será otro.

Desenmascaramiento
En el caso de los ensayos aleatorizados, es preferible que se realicen a doble ciego y controlados con placebo. El diseño doble ciego es un requisito para evitar que los médicos y los participantes tengan expectativas excesivas respecto al tratamiento. En el caso de Shingrix, esto resultaba complicado porque el líquido de la inyección tenía un característico color amarillo. Por lo tanto, tanto los participantes como los profesionales sanitarios podían averiguar rápidamente qué sustancia se les administraba o qué sustancia administraban, lo que podía generar expectativas excesivas respecto a la vacuna.

Convencer a las personas no vacunadas para que se vacunen
Durante la última pandemia, Pfizer también vacunó a los participantes del grupo de placebo de su ensayo clínico. GSK, el fabricante de Shingrix, ha vuelto a aplicar ahora ese truco. Esto impide realizar un seguimiento a largo plazo de los participantes en el estudio. Muy astuto.

Pfizer esgrimió como argumento que sería «poco ético» privar a las personas de la vacuna. Y eso lo dijo una empresa que suele figurar entre las tres primeras del ranking de empresas más fraudulentas de EE. UU.

Fuentes independientes y demencia
Los datos anteriores, tras las recientes experiencias colectivas con la industria de las vacunas, no tranquilizarán a todo el mundo. Además, a menudo resultarán insuficientes para tomar una decisión.

La revista médica alemana Arznei-Telegramm (AT) informó [6] de que se han publicado cinco estudios de cohorte retrospectivos que analizaban la demencia. [7–8–9–10–11] En ninguno de estos estudios se recopilaron los datos con fines científicos y, desde luego, no específicamente para la demencia. Así, los factores socioeconómicos y de estilo de vida no quedan suficientemente reflejados en ellos. También se han descrito «efectos» de magnitud similar en estudios observacionales sobre otras vacunas. En resumen, no es ninguna novedad y tampoco se ha investigado a fondo.

En principio, los «efectos» relativos, del orden del 17 % al 32 %, observados en estos estudios observacionales también podrían deberse a un sesgo provocado por factores de confusión desconocidos, no registrados o no sospechosos.

El mecanismo de acción tampoco está claro. En uno de los estudios mencionados se especula sobre si el adyuvante AS01 presente en Shingrix podría ser responsable del efecto. Dado que el efecto puede observarse ya al cabo de unos meses, a los autores de AT les parece poco probable que la prevención del herpes zóster pueda explicar la reducción del riesgo de demencia.

En opinión de AT, una relación causal con efectos relativos tan moderados solo puede garantizarse de forma suficiente mediante ensayos aleatorizados. Dadas las recomendaciones de vacunación vigentes, es probable que estos sean difíciles de llevar a cabo. Sin embargo, sin pruebas suficientes, las vacunas no deberían utilizarse para la profilaxis de la demencia y, desde luego, no deberían promocionarse en los medios de comunicación con este fin.

Reflexión
La eficacia de la vacuna contra el herpes zóster para proteger contra la aparición de esta enfermedad solo se ha demostrado en parte. Además, los estudios de los que se deriva la afirmación de que protege contra la demencia son de mala calidad. Se trata de estudios observacionales, en cuyo análisis no se han tenido suficientemente en cuenta los efectos de los factores de confusión.

La única forma de tenerlos en cuenta es mediante ensayos aleatorizados bien diseñados y ejecutados. Sin embargo, ese no es el tipo de estudio preferido por la industria. Los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) cuestan dinero y tiempo, y su resultado es incierto. Para la industria es mejor lanzar al mercado una afirmación u opinión basada en estudios de mala calidad y, de ese modo, preparar a la población para el marketing. El resto vendrá por sí solo. De eso se encargarán los médicos y los periodistas.

Un fenómeno interesante es que el fabricante de Shingrix hace hincapié en los efectos positivos de un adyuvante. Los adyuvantes son sustancias que los fabricantes añaden a una vacuna para que se necesite una menor dosis. A veces, esto plantea objeciones. Durante la pandemia de la gripe mexicana, se descubrió que la vacuna Pandemrix de GSK (recomendada por el veterinario de Róterdam Ab O) contenía un adyuvante que provocaba narcolepsia. La táctica de los especialistas en marketing consiste ahora en hacer afirmaciones basadas en investigaciones deficientes: si no se investiga a fondo, no se descubre nada.

Ahora la cuestión es si se reembolsarán los costes de la vacuna. Sin duda, eso es lo que ocurrirá con un ministro del VVD en el Ministerio de Salud, Bienestar y Deporte y con altos funcionarios que no tienen ni idea del tema. Prefieren que el cabildeo dé sus frutos. Simplemente seguir aumentando los costes de la sanidad. ¡A los accionistas les viene muy bien!

Referencias

“No tomarás en vano el nombre de guía de práctica clínica».

En primer lugar, es indispensable leer el editorial reciente del BMJ (traducido más abajo) y que de manera resumida viene a decir que los agonistas GLP-1, desarrollados inicialmente para la diabetes tipo 2, han demostrado también eficacia en obesidad, reduciendo peso y riesgo cardiovascular, lo que ha impulsado su adopción masiva y un gasto que superó los 71.000 millones de dólares solo en 2023. Sin embargo, este éxito comercial genera un riesgo importante: que los intereses de la industria farmacéutica distorsionen las guías de práctica clínica (GPC) que regulan su uso.

La evidencia muestra que los pagos de la industria a médicos se asocian con mayor prescripción y mayor uso de fármacos de marca, y que una proporción elevada de autores de GPC tienen conflictos de interés no declarados o inexactamente declarados.

Para abordar esta situación, los autores proponen cuatro reformas: exigir que los miembros con capacidad de votos de los comités de guías estén libres de conflictos financieros relevantes; garantizar la divulgación completa, pública y verificada de dichos conflictos; limitar la participación de expertos con conflictos a roles técnicos sin capacidad de voto o decisión; e invertir en infraestructura independiente de síntesis de evidencia financiada públicamente, para que el avance terapéutico en estas áreas no supere a las garantías necesarias para que las guías sean fiables.

Se refieren, con toda lógica, al Reino Unido, pero estas advertencias también pueden aplicarse a otros países, como España. Hace poco se publicó un artículo en Gaceta Sanitaria que evaluó cuán fielmente se declaraban los conflictos de interés económicos de los autores de GPC; puso de manifiesto importantes problemas de transparencia. Aunque empleó una definición de GPC demasiado amplia, el estudio mostró que, en conjunto, más de tres cuartas partes de las autorías de las GPC respaldadas por sociedades científicas españolas se asociaron con declaraciones de conflicto de intereses poco fiables, pese a que 564 autores (80%) recibieron transferencias de valor de la industria farmacéutica.

Muchas sociedades científicas, sobre todo las de medicina de familia con potentes grupos de trabajo específicos sobre diabetes, deberían considerar seriamente el problema de los conflictos de intereses. Igualmente, fundaciones y redes relacionadas con la diabetes en atención primaria, al igual que cumplen una misión muy meritoria de divulgación, tienen que tener muy presente la comunicación de conflictos de intereses, así como cumplir principios éticos de la investigación y comunicación científica. Sobre todo para que no se les confunda con grupos de médicos GA (Golfos Apandadores) destinados a monetizar con fondos externos interesados el legítimo deseo de formación del resto de sus colegas.


Editorial

Efectos perjudiciales de los conflictos de interés en la orientación terapéutica GLP-1

Agarwal A, Vandvik PO, Delvaux N, Agoritsas T. BMJ 2026; 393 https://doi.org/10.1136/bmj-2026-527061

Los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) y los fármacos relacionados basados en las incretinas han transformado el tratamiento de la obesidad. Desarrollados inicialmente para la diabetes tipo 2, mejoran el control glucémico al tiempo que reducen el peso y el riesgo cardiovascular 1,2 . Actualmente, la evidencia respalda su uso en la obesidad, incluso en personas sin diabetes, y los ensayos clínicos muestran de forma similar una pérdida de peso significativa y un menor número de eventos cardiovasculares.3, 4 Estos avances marcan un punto de inflexión en un campo en el que, históricamente, las opciones farmacológicas han sido limitadas. En 2025, la Organización Mundial de la Salud publicó su primera guía en la que recomendaba de forma condicional los tratamientos con GLP-1 para la obesidad, lo que supuso una importante ampliación de su papel en la atención de esta afección.5

La rápida aceptación y el éxito comercial de los tratamientos con GLP-1 son sorprendentes. Los datos muestran que la proporción de adultos estadounidenses con sobrepeso u obesidad a los que se les ha recetado GLP-1 aumentó del 0,3 % en 2019 al 2,1 % en 2024.⁶ El uso autodeclarado, más amplio y que abarca diversas indicaciones, es considerablemente mayor. En 2025, el 12 % de los adultos estadounidenses declaró estar utilizando GLP-1 en ese momento y el 18 % afirmó haberlo utilizado alguna vez.⁷ El gasto superó los 71 000 millones de dólares (53 000 millones de libras esterlinas; 62 000 millones de euros) solo en 2023.⁸ Pocas terapias combinan este nivel de impacto clínico, valor comercial y adopción en diversas especialidades.

Sin embargo, estos avances también aumentan el riesgo de que los intereses creados distorsionen, directa o indirectamente, la forma en que se interpreta la evidencia sobre el GLP-1 y se traduce en guías de práctica clínica. Unas guías sesgadas sobre el GLP-1 podrían ampliar los criterios de elegibilidad para la farmacoterapia a largo plazo, restar importancia a la incertidumbre sobre los efectos a largo plazo y la interrupción del tratamiento, minimizar las barreras de asequibilidad y acceso, y desviar la atención de los enfoques multidisciplinares para el tratamiento de la obesidad. Las guías de práctica clínica influyen en las normas de prescripción, la cobertura de las entidades pagadoras, los patrones de derivación y la percepción del público; incluso pequeñas distorsiones en su formulación pueden tener grandes efectos a nivel poblacional.

La experiencia en otras áreas de la medicina sugiere que los conflictos de intereses pueden influir no solo en si se recomiendan determinadas intervenciones, sino también en el alcance de dichas recomendaciones y en a quiénes van dirigidas. 9,10 Por ejemplo, las campañas de marketing de la industria dirigidas a los médicos se han asociado con un aumento de la prescripción de opioides y con los daños derivados de ello, lo que pone de relieve la importancia de contar con orientaciones independientes en ámbitos con importantes intereses comerciales.11,12

En nuestro propio trabajo de elaboración de guías sobre diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares, ha resultado cada vez más difícil formar grupos de expertos sin conflictos económicos relacionados con los tratamientos con GLP-1.2 A medida que la participación de la industria se expande en estos campos que se solapan, el número de expertos sin conflictos de intereses se reduce, lo que dificulta aún más la independencia.

Los pagos de la industria farmacéutica a los médicos son importantes.

Existe un conjunto coherente de pruebas que relaciona los pagos de la industria con el comportamiento de los médicos. Una revisión sistemática de 36 estudios encontró asociaciones entre los pagos económicos y un aumento de las prescripciones, unos costes más elevados y un mayor uso de medicamentos de marca, incluyendo pruebas de relaciones dosis-respuesta.13 Un análisis de 2024 reveló pagos por valor de 12 000 millones de dólares a médicos estadounidenses, siendo la semaglutida uno de los productos más comúnmente asociados.14 Estas relaciones están muy extendidas y resulta difícil ignorar su coherencia en los distintos estudios.

Los conflictos de intereses también afectan a la elaboración de las guías clínicas. Un estudio de 2023 reveló que el 37 % de los autores de guías clínicas estadounidenses declararon conflictos de intereses, aunque el 74 % había recibido pagos documentados, y solo el 27 % declaró con precisión sus relaciones económicas.15 Los conflictos económicos se asocian con recomendaciones más favorables.9 Además, los conflictos no económicos, incluidos los compromisos intelectuales y académicos, también pueden influir en la interpretación de la evidencia.16

Las directrices sobre obesidad reflejan preocupaciones similares. En el marco de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad de 2025, la mayoría de los autores declararon tener relaciones económicas con los fabricantes de GLP-1.17 Los análisis de la guía sobre obesidad infantil de la Academia Americana de Pediatría de 2023 revelaron importantes pagos de la industria a la organización y a sus dirigentes, incluidos unos 2 millones de dólares en patrocinios corporativos procedentes de los desarrolladores de GLP-1.18 Las recomendaciones pueden seguir basándose en la evidencia, pero los vínculos económicos corren el riesgo de socavar la confianza.

Se necesitan reformas para mejorar los estándares.

Las normas para la gestión eficaz de los conflictos de intereses en las guías clínicas están bien establecidas.19,20,21 La OMS y el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE) exigen la divulgación completa de los intereses y cuentan con estrategias claras para su gestión y notificación. Algunos procesos de elaboración de guías, incluido el nuestro, van más allá al limitar la composición del comité a personas sin conflictos financieros o intelectuales relevantes y al rechazar toda financiación comercial.2, 22 En EE. UU. y Francia, las bases de datos de pagos de acceso público permiten un escrutinio independiente de las relaciones financieras entre los profesionales clínicos y la industria. Sin embargo, dicha infraestructura sigue siendo desigual a nivel mundial, y muchos procesos de elaboración de guías siguen basándose en la divulgación voluntaria por parte de los propios interesados.

Se necesitan cuatro reformas. En primer lugar, las organizaciones encargadas de elaborar las guías clínicas deberían definir los conflictos financieros relevantes utilizando un período de referencia claro y exigir que los miembros del comité de votación estén libres de dichos conflictos. Un período retrospectivo de referencia definido puede ayudar a encontrar el equilibrio entre evitar las relaciones que más probablemente influyan en el juicio y mantener un grupo suficientemente amplio de miembros elegibles para el comité. Como mínimo, los presidentes de los comités clínico y de metodología no deben tener conflictos de intereses, dado su papel central a la hora de definir la composición del comité, facilitar las deliberaciones, interpretar las pruebas y determinar la solidez, la orientación y la redacción de las recomendaciones finales. 

En segundo lugar, la información divulgada debe ser completa, de acceso público, actualizarse a lo largo de todo el proceso y verificarse de forma independiente cotejándola con bases de datos de pagos, cuando estén disponibles. En tercer lugar, no se debe excluir a los expertos con conflictos de intereses de aportar sus conocimientos, especialmente en campos especializados, pero su papel debe limitarse a la aportación técnica, la revisión externa o la participación sin derecho a voto. No deben presidir paneles, dirigir síntesis de la evidencia, votar sobre recomendaciones o sobre la valoración de la evidencia para la toma de decisiones, ni redactar recomendaciones.

En cuarto lugar, reducir la dependencia de la experiencia con conflictos de intereses también requiere invertir en una infraestructura de evidencia independiente. Los gobiernos y las entidades públicas que financian la investigación deberían apoyar la elaboración de síntesis de evidencia y directrices independientes y actualizadas para áreas terapéuticas en rápida evolución, como la diabetes y la obesidad.1, 23 Estas iniciativas deberían estar codirigidas por metodólogos sin conflictos de intereses y, en la medida de lo posible, centralizadas para minimizar el sesgo, la duplicación y la falta de coherencia en las directrices.

Estos principios se reflejan en las directrices existentes, pero su aplicación sigue siendo irregular.19 20 Ahora se necesitan garantías institucionales más sólidas para garantizar su aplicación. Además, las organizaciones que elaboran directrices y las revistas que las publican deberían exigir el cumplimiento de estas normas como condición para su publicación. Sin una aplicación coherente, la expansión de los tratamientos con GLP-1 corre el riesgo de ir por delante de las garantías necesarias para asegurar unas directrices fiables.

Notas al pie: Conflictos de intereses: AA, POV, ND y TA son metodólogos de la Fundación MAGIC Evidence Ecosystem y codirigen la serie «BMJ Rapid Recommendations» en colaboración con The BMJ. Dirigen los trabajos de elaboración de una guía de práctica clínica actualizada sobre medicamentos para la diabetes tipo 2 y una nueva guía sobre medicamentos para el sobrepeso y la obesidad. Los autores no tienen ningún conflicto financiero ni de otro tipo que declarar.

Bibliografía

  1. Nong K, Jeppesen BT, Shi Q, et al. Medications for adults with type 2 diabetes: a living systematic review and network meta-analysis. BMJ2025;390:e083039. pmid:40813122. doi:10.1136/bmj-2024-083039
  2. Agarwal A, Mustafa R, Manja V, et al. Cardiovascular, kidney related, and weight loss effects of therapeutics for type 2 diabetes: a living clinical practice guidelineBMJ2025;390:e082071. doi:10.1136/bmj-2024-082071Abstract/ FREE Full Text Google Scholar
  3. Lincoff AM, Brown-Frandsen K, Colhoun HM, et al. Semaglutide and cardiovascular outcomes in obesity without diabetes. N Engl J Med2023;389:2221-32. pmid:37952131. doi:10.1056/NEJMoa2307563 CrossRef PubMed Google Scholar
  4. Wilding JPH, Batterham RL, Calanna S, et al. Once-weekly semaglutide in adults with overweight or obesity. N Engl J Med2021;384:989-1002. pmid:33567185. doi:10.1056/NEJMoa2032183CrossRef PubMed Google Scholar
  5. Celletti F, Farrar J, De Regil L. World Health Organization guideline on the use and indications of glucagon-like peptide-1 therapies for the treatment of obesity in adults. JAMA2026;335:434-8. pmid:41324410. doi:10.1001/jama.2025.24288 CrossRef PubMed Google Scholar
  6. ↵FAIR Health. Obesity and GLP-1 drugs: a claims-based analysis. 2025. https://s3.amazonaws.com/media2.fairhealth.org/whitepaper/asset/Obesity%20and%20GLP-1%20Drugs%20-%20A%20FAIR%20Health%20White%20Paper.pdf
  7. Montero A, Kearney A, Mulugeta M, Kirzinger A, Hamel L. KFF health tracking poll: prescription drug costs, views on Trump administration actions, and GLP-1 use. KFF. 2025.Google Scholar
  8. Tsipas S, Khan T, Loustalot F, et al. Spending on glucagon-like peptide-1 receptor agonists among US adults. JAMA Netw Open2025;8:e252964. pmid:40172891. doi:10.1001/jamanetworkopen.2025.2964 CrossRef PubMed Google Scholar
  9. Nejstgaard CH, Bero L, Hróbjartsson A, et al. Association between conflicts of interest and favourable recommendations in clinical guidelines, advisory committee reports, opinion pieces, and narrative reviews: systematic review. BMJ2020;371:m4234. pmid:33298430. doi:10.1136/bmj.m4234 Abstract/FREE Full Text Google Scholar
  10. Agoritsas T, Neumann I, Mendoza C, et al. Guideline conflict of interest management and methodology heavily impacts on the strength of recommendations: comparison between two iterations of the American College of Chest Physicians Antithrombotic Guidelines. J Clin Epidemiol2017;81:141-3. pmid:27472965. doi:10.1016/j.jclinepi.2016.07.007 CrossRef PubMed Google Scholar
  11. Hadland SE, Rivera-Aguirre A, Marshall BDL, et al. Association of Pharmaceutical Industry marketing of opioid products with mortality from opioid-related overdoses. JAMA Netw Open2019;2:e186007. pmid:30657529. doi:10.1001/jamanetworkopen.2018.6007CrossRefPubMedGoogle Scholar
  12. Van Zee A. The promotion and marketing of oxycontin: commercial triumph, public health tragedy. Am J Public Health2009;99:221-7. pmid:18799767. doi:10.2105/AJPH.2007.131714CrossRefPubMedWeb of ScienceGoogle Scholar
  13. Mitchell AP, Trivedi NU, Gennarelli RL, et al. Are financial payments from the pharmaceutical industry associated with physician prescribing? A systematic review. Ann Intern Med2021;174:353-61. pmid:33226858. doi:10.7326/M20-5665
  14. Sayed A, Ross JS, Mandrola J, et al. Industry payments to US physicians by specialty and product type. JAMA2024;331:1325-7. pmid:38546577. doi:10.1001/jama.2024.1989
  15. Mooghali M, Glick L, Ramachandran R, et al. Financial conflicts of interest among US physician authors of 2020 clinical practice guidelines: a cross-sectional study. BMJ Open2023;13:e069115. pmid:36690402. doi:10.1136/bmjopen-2022-069115Abstract/FREE Full TextGoogle Scholar
  16. Akl EA, El-Hachem P, Abou-Haidar H, et al. Considering intellectual, in addition to financial, conflicts of interest proved important in a clinical practice guideline: a descriptive study. J Clin Epidemiol2014;67:1222-8. pmid:24970099. doi:10.1016/j.jclinepi.2014.05.006
  17. McGowan B, Ciudin A, Baker JL, et al. Framework for the pharmacological treatment of obesity and its complications from the European Association for the Study of Obesity (EASO). Nat Med2025;31:3229-32. pmid:41039115. doi:10.1038/s41591-025-03765-wCrossRefPubMedGoogle Scholar
  18. Hagenaars LL, Bero LA, van der Voorn B, et al. Caution is prescribed for American Academy of Paediatrics’ guidelines on weight loss medications for childhood obesity. BMJ2025;390:e084760. pmid:40623725. doi:10.1136/bmj-2025-084760FREE Full TextGoogle Scholar
  19. Institute of Medicine (US) Committee on Standards for Developing Trustworthy Clinical Practice Guidelines, Graham R, Mancher M, Miller Wolman D, et al., eds. Clinical practice guidelines we can trust. National Academies Press, 2011.Google Scholar
  20. Schünemann HJ, Al-Ansary LA, Forland F, et al. Guidelines International Network: principles for disclosure of interests and management of conflicts in guidelines. Ann Intern Med2015;163:548-53. pmid:26436619. doi:10.7326/M14-1885CrossRef PubMed Google Scholar
  21. Traversy G, Barnieh L, Akl EA, et al. Managing conflicts of interest in the development of health guidelines. CMAJ2021;193:E49-54. pmid:33431547. doi:10.1503/cmaj.200651FREE Full TextGoogle Scholar
  22. Siemieniuk RA, Agoritsas T, Macdonald H, et al. Introduction to BMJ Rapid recommendations. BMJ2016;354:i5191. pmid:27680768. doi:10.1136/bmj.i5191FREE Full Text Google Scholar
  23. Nong K, Shi Q, Xie X, et al. Comparative effects of medications for adults with overweight or obesity: systematic review and network meta-analysis. BMJ2026 forthcoming. doi:10.1136/bmj-2026-372161CrossRef Google Scholar

Infografía por @AmadeoWals