Categoría: Atención Primaria
ojos de carpintera
Como todos los domingos de ramos la gente de ese pueblo estrenaba vestidos. Coincidía, por una obvia casualidad, con una especie de concurso que elegía a la señorita más bonita de la localidad. No tenía normas, ni jueces, pero si muchas candidatas: todas las niñas adolescentes que mostraban su belleza, con el objeto de convertirse, tras una lid virtual, en la más guapa de la villa. Ni
que decir tiene que año si, y otro también, los vástagos femeninos de Doña Felisa, terrateniente propietaria por herencia y casamiento de la mayor parte de las tierras del pueblo, se llevaban el galardón. La belleza natural de esa familia se realzaba con nuevos y caros vestidos confeccionados para la ocasión en los mejores talleres de la provincia, e incluso de la capital. Pero ese año la cosa fue distinta, ese año concurría Azucena, la hija de José, el carpintero, huérfana de madre, cuya claro atractivo infantil había transmutado con la pubertad en una belleza incuestionable. Su hermosura y un toque de sensualidad casi indecente, se acrecentaban con el primoroso vestido que su tía Leonor le había regalado. Leo era una modistilla que años atrás se tuvo que ir a Paris por un lio de faldas – las suyas- con uno de los sobrinos de Doña Felisa, y que con el tiempo se convirtió en una reputada couturiere.
El veredicto fue unánime e inapelable:
Azucena era la reina de ese año;
cuando convecinas y amigas -no sin cierta malicia- lo comentaron con Doña Felisa,
esta con aires de suficiencia, exclamó: si, es preciosa y va bien arreglada,….. lástima que tenga ojos de carpintera.
Como a nuestra parcial latifundista, son muchos los que ven ojos de carpintera, donde hay unos bellos ojos de color miel, solo por el simple hecho de que su portadora, no coincide con su favorita. Algunos de igual forma ven distorsionados por intereses particulares o de una ideología concreta, tanto los resultados de la investigación científica, como cualquier otra cosa relacionada con la profesión médica.
Es lo que se podría llamar, afección de los ojos de carpintera, cuyo síntoma principal es ser incapaz de reconocer los resultados de cualquier prueba científica, o no, cuando estos no coinciden con nuestros intereses, o se enfrentan a una ideología social y política férreamente enraizada.
Introducción a Ojos de carpintera publicada en el número de septiembre de la revista AMF-actualización en medicina de familia del mes de septiembre de 2011
el sueño de la informática produce monstruos
Durante una charla en la conferencia Stanford Summit @Medicine 2.0 de Paul Wicks director de investigación y desarrollo de PatientsLikeMe dijo lo siguiente:
“We have an opportunity to build a more complex system where during each clinical encounter the information gathered is used to improve the subsequent one.”
que se puede traducir por:
«Tenemos una oportunidad para construir un sistema más complejo en el se utilice la información recopilada en cada encuentro clínico para mejorar el siguiente».
En el blog donde aparece la reseña sacan la conclusión que Wick en esta conferencia instó a los asistentes a descubrir nuevas maneras de ampliar los éxitos alcanzados en pequeñas comunidades de pacientes en red (como patientlikeme) para mejorar la salud de decenas de millones de personas, o posiblemente de la humanidad.
Dejando aparte la importancia de las redes profesionales o de paciente para generar conocimiento, nos interesa aquí sacar a colación la importancia de aprovechar la información que se genera en cada encuentro clínico, como se intuye en el primer párrafo de Wicks
Esta valiosa información es en su mayor parte y hasta ahora irremediablemente perdida salvo en la frágil memoria y experiencia de paciente y médico, se podría aprovechar para mejorar mucho de los aspectos de la asistencia sanitaria que van desde el propio conocimiento científico medico hasta la gestión clínica. Por eso sorprende que ni siquiera se contemplen estas situaciones cuando se diseñan los sistemas de información sanitaria y la historia clínica electrónica.
Incluso con sistemas tan mal diseñados y pedestres como los programas de historia clínica informatizada que usamos los médicos del sistema nacional de salud se puede sacar algo de información, ya que no generarla. Hasta que se choca con la estupidez humana encarnada en incompetentes directivos y técnicos. Hace poco señalaba como se respondía: Uffffff ante una petición de información (el mensaje fue replicado y comentado con mucha gracia en twitter por diferentes colegas) La verdad es que la respuesta aunque tardía, no fue uffff sino la remisión a este procedimiento:
¡Increíble! ¿ no?
Como ya lo comentan José Luis Quintana y Raul Sanchez en el blog Atensión Primaria no voy a añadir más, solo asustarme ante los monstruos que produce la simbiosis entre la informática+ sistema sanitario + tontería a raudales.
la era de los genéricos

Al finalizar la sesión informativa se servirá un cocktail por gentileza de los Laboratorios ALTER S.A. Si deseas puedes inscribirte a través del correo electrónico o llamando la telefono…
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“Estamos en la era de los genéricos” Con esta frase inaugura el actual secretario general del ministerio de sanidad, política Social e igualdad, @PmOlmos, el nuevo proyecto “En Genérico” una plataforma 2.0 lanzada desde la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG) con el propósito de facilitar el conocimiento y las principales ventajas de los medicamentos genéricos entre todos los ciudadanos y pacientes españoles.
lo que la salud esconde
El centro de salud no es el único centro de la salud.
Sí, en el número de septiembre de APXII trataremos de evidenciar que el centro de salud no es siempre el centro de la salud de nuestra población. Hablaremos sobre otros centros de la salud muy importantes. Y lo haremos a través de una historia cotidiana, la de María, una mujer que atendemos a diario en nuestras consultas. Utilizaremos tres escenarios: el primero se llama “Trabajar desde la consulta mirando a la calle”, el segundo “El entorno y la comunidad donde vivimos determina nuestra salud” y el tercero “Gobiernos eficaces, sociedades justas, vidas saludables”. Pero lo mejor es que hagas click aquí
No que da más remedio que difundir ese espectacular- en todos los sentidos- trabajo ¡enhorabuena! a lo autores y los promotores de la iniciativa APXII
la maldición de la osteoporosis
Resumen:
Susan Ott es una médico Internista especializada en enfermedades metabólicas que mantiene un magnifico curso on line sobre osteoporosis de gran utilidad para los que quieren desbrozar y aclararse en el proceloso mundo de la osteoporosis y su tratamiento. Susan es la autora de una revisión publicada en la revista Cleveland Clinic Journal of Medicine cuyo objetivo es determinar la duración optima del tratamiento para la osteoporosis y que ha tenido bastante repercusión en nuestro país, tanto en prensa general, como blogs especializados.
Importante este tema de la duración de los tratamientos que en nuestro país se suele zanjar con el contundente «de por vida».
En esta revisión se recomienda suspender el tratamiento con bifosfonatos a los cinco años. La autora no se recata en decir que las razones para esa afirmación son una mezcla de opiniones y débiles evidencias. Las recomendaciones que da para el manejo de la suspensión del tratamiento y control posterior de los pacientes están basadas en su opinión y experiencia ante la escasez de pruebas fehacientes que sirvan para guiar la toma de decisiones. Felizmente también nos recuerda que muchas de las decisiones, no solo ya de continuar el tratamiento con estos medicamentos, sino incluso de iniciarlo en determinados casos (osteopenia, riesgo bajo de fracturas, densitometría como único criterio, medicina basada en el marketing) carecen, asimismo, de pruebas suficientes.
En cualquier caso se debe recordar el aforismo que da nombre a ese blog “Primun non nocere”
Con la misma lucidez que nos lleva reconocer su poca evidencia, NO habría que tener recato en suspender a los cinco años un tratamiento que probablemente no se debía haber empezado. En los casos en que esa indicación estuviera más clara, una explicación fisiológica, la ausencia de beneficio (que no es lo mismo que beneficio de la ausencia) y la probabilidad (pequeña) de efectos adversos como la fracturas atípicas serian suficientes, a la espera de mejor evidencia, para establecer la duración óptima del tratamiento con bisfosfonatos para la osteoporosis en cinco años.
Sistemas de información
CANAYA study
Estudio Cese de Actividad Normalizada Asistencial Y Alteraciones Asociadas (CANAYA)
Repuesta a Screening for Prostate Cancer by proxy
Respuesta que da un Médico de familia argentino -Carlos Garcia- en un mensaje a la lista medfamygral:http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp0901825
3) Un estudio publicado en el mismo número del NEJM (Gerald L. Andriole) que concluye: After 7 to 10 years of follow-up, the rate of death from prostate cancer was very low and did not differ significantly between the two study groups.
Esperando a Quí
Gracias al twitter de @Joan_gene he seguido la polémica cadena epistolar publicada en La Vanguardia a raíz de la carta de una ciudadana que se quejaba del escaso respeto de los médicos por el tiempo de sus pacientes. La respuesta profesional no se hizo esperar, incide en explicar los motivos por lo que las tradicionales esperas en las salas del mismo nombre, tienen causas lógicas y comprensibles.
Albert Espinosa autor de éxito, narra en uno de su libros “El mundo amarillo” sus peripecias con el cáncer, médicos y hospitales rememorando su etapa adolescente que prácticamente gasto en la planta de oncología infantil de un hospital. Aunque sigue lleno de humor y de vitalidad, Albert no olvida, cuenta en una entrevista en el periódico El Mundo, algunas cosas que no le gustaban, como el tiempo que le hacían esperar los profesionales de bata blanca. Es más, menciona que cuando va dar charlas a los médicos, lo primero que hace es llegar media hora tarde,” he esperado tanto a los médicos que me gusta que me esperen ahora un poquito”
En Soy Julia, una niña con lisencefalia nos cuenta por boca- o mejor pluma- de su padre, el periodista Antonio Martínez como durante mucho tiempo pensó que el jefe del hospital que visitaba con frecuencia era el Dr Qui. La frase que más oía, repetida por todo el mundo, era: esperen a Quí , más tarde descubrió que la autentica jefa del hospital era su madre.
El tiempo y su escasa importancia relativa, es un asunto aparentemente baladí que preocupa a los pacientes. A los profesionales menos, y solo sale a colación cuando se trata de defender con argumentos tan tiernos como falsos, el escaso respeto que manifestamos al tiempo de los pacientes.
Es cierto, tenemos poco apreció al tiempo de los demás, pero también por el propio. El tiempo es un peaje de la sanidad pública a una atención por lo demás gratuita. En la sanidad privada es un invisible atributo de autoridad y prestigio.
Así está establecido y difícil será cambiarlo mientras no cambien otras cosas por mucho que ciudadanos con acrimonia, nos lo recuerden en las estimulantes cartas al director de los periódicos.
Solo un apunte de solución, la gestión adecuada del tiempo, es decir gestionar un bien escaso e importante. Si no se prioriza y no se organiza el escaso tiempo de los profesionales se origina un tremendo problema. Problema que es consentido por los mismo médicos. La mayoría de las veces se necesita ayuda y apoyo de personal, imposible de encontrar en la sanidad pública y menos en atención primaria. No es lo mismo esperar para un trámite administrativo, que para una operación a corazón abierto, desgraciadamente nuestro sistema sanitario en un afán igualitarista y funcionarial , considera a los dos actos iguales, y lo malo es que los médicos nos estamos contagiando y permitiendo que la gestión- inexistente- descanse en nuestros hombros.
Por ultimo recordar los sufridos pacientes que aguanten un poquito, forma parte del rito, al fin y al cabo hasta en Indiana Jones el brujo llegaba con retraso.
Del poyaque a “seguro que será una tontería” (2)
Otra banalidad sobre la que se suele consultar con frecuencia es sobre las pérdidas de memoria, si bien en este caso parece que la queja se alimenta de consejos ignorantes y del miedo que como efecto colateral desatan las campañas de divulgación y de ayuda a los enfermos con enfermedad de alzheimer (EA).
Nos referimos al típico caso de personas de mediana edad que consultan preocupados e inseguros, porque ahora se le olvidan la cosas y antes (al menos eso creen) no les sucedía.
Javier Olazarán revisa de forma práctica y atinada las demencias en la revista Atención Primaria, preguntándose ¿Puede diagnosticarse la demencia en la Atención Primaria? En esta revisión hay un párrafo bastante esclarecedor que transcribo:
Quejas subjetivas
Se trata de síntomas cognitivos que no se acompañan de una alteración cognitiva objetiva en el examen de estado mental (EEM). En las últimas décadas, el temor a la EA ha contribuido notablemente al aumento de este tipo de quejas en las consultas médicas. Típicamente, son personas adultas no ancianas que acuden solas a la consulta y que describen con exquisito detalle sus “pérdidas de memoria” (que en realidad son dificultades de concentración o lapsos atencionales). Estas quejas subjetivas se asocian a situaciones de estrés físico o psicológico y, en menor medida, a trastornos psiquiátricos (principalmente ansiedad y depresión). Es posible que, en ausencia de depresión, las quejas subjetivas tengan un ligero poder predictivo de demencia. Sin embargo, dada la escasa magnitud del riesgo y la ausencia de repercusiones terapéuticas, el autor recomienda la realización de dos pruebas cognitivas breves: el recuerdo de tres palabras y el test del reloj ( ver Tabla) Mini -Cog . Si el rendimiento es normal y no existe sospecha por parte de un informador, se tranquilizará al paciente y se orientará el caso hacia el manejo del estrés, la ansiedad o la depresión.
También hace tiempo reseñamos en este blog la explicación certera de un joven médico sevillano. Bajo el titulo de La memoria, Jokin Gonzalez explica con acierto la importancia relativa del deterioro de esa memoria de las pequeñas cosas, que con frecuencia vemos en las consultas.
Háganos caso y no crean que cuando a uno se le olvida donde están las llaves, ya es un aviso de una enfermedad de…. de… ¡vaya, se me ha olvidado el nombre ese alemán! ¿O era danés?
Y no, efectivamente no hay nada para la memoria. No hay gotas, no hay pastillas, no hay nada para el riego… Nada. Pero afortunadamente, esa pérdida de memoria no tiene importancia, porque nunca (o casi) es tal.


