Vicente Baos y yo hemos comentado la importancia de este tema y hemos pensado dar nuestra visión de forma coordinada. Esperamos que las personas que leéis nuestros blogs participéis en este necesario debate.
Cualquier día en una consulta de atención primaria:
Dr. Oliva: Bueno Luis, si le parece y aprovechando que le tengo que ajustar las dosis, le voy a cambiar el medicamento que toma para la tensión por uno genérico. Los genéricos son medicamentos equivalentes, que son iguales que los de marca, pero…
D. Luis: (Interrumpiendo al doctor) Sí, lo que usted diga me parece bien.
Dr. Oliva: Pero hombre, Luis, déjeme que se lo explique y así ve Ud. las ventajas y los motivos que tengo para cambiarle el medicamento.
D. Luis: vale explíquemelo, pero si Ud. lo cree conveniente, con su palabra me basta. Seguro que es lo mejor para mí.
Dr. Oliva: (azorado) ¡Ya! ¡Sí! claro……. y eso
D. Luis: Pero doctor, ¿cómo no va hacer lo mejor para mí, si es Ud. Mi médico?
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Según una encuesta realizada por la Fundación BBVA, los españoles tienen poca confianza y dudan del trabajo que realizan sus representantes públicos, así como los propios partidos políticos, los sindicatos e incluso las autoridades religiosas que aparecen como las profesiones e instituciones que menos confianza inspiran a los españoles. En el lado opuesto están: médicos, maestros y científicos, que obtienen, por este orden, las mejores notas. Además, aprueban con dificultad: periodistas, funcionarios, empresarios, jueces y militares. El estudio, en el que han participado 21 000 ciudadanos de 12 países de la UE, además de Suiza y Turquía, señala que esta valoración es similar a la media de los ciudadanos comunitarios.
El Correo de Andalucía 03/08/2010
El uso racional del medicamento (URM) tiene, para profesionales y profanos, distintas -que no diferentes- connotaciones. Para los primeros es un concepto acotado y sistematizado por la OMS desde 1985, mientras que para los segundos significa “eso”: usar con justicia y de forma adecuada, sin desperdicio. La definición de la OMS se formuló en la conferencia de expertos sobre URM, celebrada en Nairobi en 1985, y dice que el URM es que «los pacientes reciban fármacos apropiados para sus necesidades clínicas, a dosis ajustadas a su situación particular, durante un periodo adecuado de tiempo y al mínimo costo posible para ellos y para la comunidad.»
Esta definición ha sido evocada “ad nauseam” en los últimos años, por gestores y farmacéuticos de la administración, como un argumento principal en sus cordiales encuentros periódicos con los médicos prescriptores. En un loable intento de “poner razón” en un escenario salvaje, heredado de épocas anteriores, el uso racional y el coste-oportunidad eran términos que como un mantra se oían con regularidad, hasta el punto de que muchos sufrimos la transformación espiritual que nos llevo a la Verdadera Medicina en comunión con gestores y técnicos del medicamento.
El problema es que no se contempló la totalidad de la definición, bien porque unas frases cortitas son más fáciles de cumplir, bien porque era lo único que se podía medir o bien porque era lo único que les importaba. El caso es que URM se igualó a “…al mínimo costo posible para ellos y para la comunidad”. Se empezó a igualar, de forma artera, coste con calidad, y buenos médicos con los que usaban medicamentos (más) baratos. De igual modo se diseñaron políticas basadas en conceptos falseados y apretadas adaptaciones de términos como fármacos genéricos o prescripción por principio activo.
En honor a la verdad, estas apreciaciones no eran generales y muchas personas, los técnicos sobre todo, mantenían la cabeza fría y los conceptos claros: el objetivo no era bajar costes -que también -, sino utilizar de forma racional los medicamentos. Por otro lado, estas medidas y otras tomadas directamente por la administración sanitaria, conseguían hasta cierto punto racionalizar el anárquico mercado español del medicamento e igualarlo a los de países de similar nivel socioeconómico y, sobre todo, eran respetuosas -casi siempre- con el médico clínico que prescribía los fármacos.
El problema surge cuando, amparándose en la crisis económica, moderna excusa para cualquier tropelía, determinados políticos autonómicos ven la posibilidad de cumplir directamente sus deseos de bajar el gasto farmacéutico a cualquier precio. El uso generalizado de la historia clínica informatizada en atención primaria, les permite sustituir los medicamentos que los médicos prescriben a cada uno de sus pacientes, por equivalentes más baratos. Era una tentación y han caído. Para qué andarse con tonterías y contemplaciones, si con el poder que les da la informática – una informática desarrollada por y para ellos – pueden hacerlo sin contar con nadie. Lo han hecho, y la impunidad hace que otros les copien y el método se propague como la pólvora por el resto de España.
Pero el problema es que estas medidas son ilegales y ellos lo saben, el problema es que estas medidas son pan para hoy y hambre para mañana. El problema es que estas medidas desprecian el trabajo de mucha gente que honestamente cree en el URM. El problema es que estas medidas no cuentan con la opinión de médicos ni de pacientes, faltándoles al respeto y restándoles una deseable y necesaria autoridad moral. El problema es que estas medidas se inmiscuyen, sin ningún recato, en la intimidad del encuentro entre estos dos actores. El problema es que atentan directamente contra la libertad de prescripción, libertad que no está exenta de responsabilidad, pero que es una garantía de que el paciente va a recibir lo que su médico considera mejor para él. El problema surge cuando leemos ENTERA la definición y vemos que el URM solo se puede practicar en una consulta y no en un despacho.
Para ver si los pacientes reciben fármacos apropiados para sus necesidades clínicas, a dosis ajustadas a su situación particular, durante un periodo adecuado de tiempo y al mínimo costo posible para ellos y para la comunidad se debe estar enfrente de él, tras haber realizado un complejo acto que se llama consulta médica, de la cual, la prescripción racional es un aspecto indivisible… y eso solo lo hace un MÉDICO, no un licenciado en medicina, ni un farmacéutico o un periodista, no un ordenador o una estadística, ni siquiera un político.