Categoría: Medicina basada en la evidencia
Los efectos analgésicos de la marca en el tratamiento de dolores de cabeza.
A Branthwaite y Cooper P. Los efectos analgésicos de la marca en el tratamiento de dolores de cabeza. Br Med J 1981; 282 (6276) : 1,576-1,578.
Resumen
El efecto de la marca – es decir, el etiquetado y la comercialización – de un analgésico de propiedad muy conocida y utilizada para el tratamiento de dolores de cabeza se estudio en una muestra de mujeres que recibieron medicamentos con marca o sin marca, ya sea como placebo o con ingrediente activo.
La muestra se dividió también en función de si los sujetos eran usuarios habituales de la marca o los usuarios de otras marcas. Los resultados mostraron que los comprimidos de la marca eran en general mucho más eficaces, que las pastillas sin marca, en el alivio de dolores de cabeza. Se observaron otros efectos: los efectos de la marca fueron más evidentes a la hora de tomarlos que a los 30 minutos en las mujeres que recibieron placebo, y en los usuarias de la marca en comparación con los usuarias de otras marcas. Se formula la hipótesis de que estos efectos se deben a una mayor confianza en la ayuda que proporciona una marca bien conocida, y que la marca tiene un efecto analgésico que interactúa con los efectos analgésicos de los placebos y de los principios activos.
Best practice
Hace más de dos años dedicabamos una entrada a un recurso de información bastante útil en atención primaria Best Practice del grupo editorial BMJ, hoy la recordamos por haber sido adquirido recientemente por la Agencia Lain Entralgo y por tanto estar disponible para todos los profesionales de la Comunidad de Madrid.
Si uno busca Best Practice en Google encuentra, entre otros enlaces, un programa informático que permite modificar la velocidad de reproducción de una canción, ideal para poder escribir cómodamente la laetra de la canción, o también para poder comprender fácilmente lo que dicen, si no se entiende bien a su velocidad normal, además de poder reconocer mejor los sonidos de los instrumentos que aparecen.
Siguiendo el concepto se puede hacer una analogía con un recurso de información lanzado por el BMJ Publishing Group, llamado Best Practice , una fuente de información de los denominadas de información en la consulta (point of care) localizado en el estrato más alto de la pirámide de Haynes. Contiene varias fuentes de información dedicadas a favorecer la toma de decisiones no solo en relación con cuestiones de tratamiento como es habitual, sino también en relación con la prevención, manejo, diagnóstico, pronóstico, etc de las diferentes enfermedades. La información se presenta de forma uniforme bajo y una misma interfaz, resumida y estructurada de tal forma que permita un acceso rápido- de un vistazo-. Sería como si ralentizáramos y adaptáramos la información científico-medica para poder entenderla y aprovecharla mejor en un entorno, la consulta medica, donde la rapidez y la facilidad de uso es primordial, sin olvidar la relevancia y la validez.
libros, niños y evidencia
Uno de los tópicos típicos cuando se habla de la información médica en internet es la calidad de la información sanitaria presente en la red. En mi opinión es un debate estéril y en la dirección equivocada, mucho más cuando se concluye la necesidad de algún control, filtro o sello que evalué la calidad de esta información. Con toda probabilidad el prejuicio no documentado de la peligrosidad de pacientes buscando información en internet, es eso un prejuicio con escasa o nula evidencia, y esta si existe es más bien en contrario. Además la cuestión se plantea de de forma incompleta.
A la pregunta de si es fiable la información sanitaria en Internet, habría que añadir ¿con respecto a qué? Si lo es con otros medios de comunicación tipo prensa o televisión se puede negar la mayor. Basta con darse un paseo por los kioscos o zapear un poquito por los programas matinales de la televisión española para darse cuenta que la paupérrima referencia de calidad que ofrecen estos medios. La información sanitaria en los medios de comunicación generales no tiene mucha calidad y suele recoger todos los sesgos y equívocos populares sin la más mínima alternativa crítica. Incluso los suplementos específicos, de mayor calidad y cuidado, suelen reproducir un discurso médico de corte tradicional y conservador basado en la autoridad de los supuestos expertos, trufados de argumentos de corte medicalizador y en sintonía con los intereses de grandes grupos de presión económicos o profesionales.
El problema de fiabilidad de la información médica y su presunta o no, peligrosidad cuando falta la calidad, no es por tanto un problema de Internet, sino de la propia información, de quien la transmite y de la deficiente formación de los que la reciben (health literacy ). Todas las fuentes de información sufren estos problemas e incluso fuentes tan aparentemente asépticas y destiladas como los libros de texto parece que no son muy fiables, como muestra un artículo publicado en la revista on line BMC Public Health y espléndidamente resumido en la revista secundaria Evidencias en Pediatría.
Con el titulo Are the health messages in schoolbooks based on scientific evidence? los autores del grupo de investigación Internet y Salud de Granada revisaron libros de texto
- Credit: SINC
utilizados por alumnos de educación primaria y secundaria identificando en ellos más de mil mensajes sanitarios de los que analizaron unos ochocientos. Se entendió como mensaje sanitario o relacionado con la salud cualquier declaración, contenida dentro de un libro escolar, que incluyera información sobre temas de salud en forma de consejo o recomendación y cada mensaje fue analizado siguiendo estrategias y herramientas preconizadas por la medicina basa en la evidencia ( formulación pregunta- búsqueda y evaluación critica). Según el grado de evidencia que avalaba a cada mensaje se clasificaron en: mensaje con evidencia científica de grado alto, medio o bajo, mensaje basado en evidencia sin nivel asignado y mensajes sin evidencia científica.
Los resultados mostraron que menos del 15% de los mensajes estaban basados en algún grado de evidencia conocido (alta, media o baja). Un 61% de los mensajes de salud analizados estaban basados en alguna evidencia científica, pero sin poderse especificar el grado de la misma y en un 24,6% de los mensajes analizados no existía evidencia científica que apoyara su contenido. Por temas específicos, un 41,7% de los mensajes sobre accidentes en el hogar, un 40,6% de los referidos a conducta sexual y SIDA y un 28,6% de los referidos a consumo de alcohol no estaban basados en evidencia alguna.
La conclusión no es baladí y es tan rotunda como que casi una cuarta parte de los mensajes de salud que contienen los libros de texto tienen un nivel de evidencia desconocido.
Hay que objetar que la búsqueda de evidencia fue algo chata (se realizó para cada pregunta una búsqueda con el metabuscador Trip Database y únicamente se consideró válida la información obtenida de las guías de práctica clínica y de las revisiones sistemáticas. Los autores del resumen afirman que las recomendaciones sanitarias dirigidas a la población general (y a la infancia-adolescencia en particular) deberían guiarse por los mismos parámetros que los profesionales. También reconocen que considerar válidas solamente revisiones y guías puede considerarse una simplificación excesiva en relación a la clasificación de la calidad de las pruebas científicas, y esto puede haber contribuido al elevado porcentaje de “evidencia no clasificable” e incluso , y esto lo añado yo, a alto porcentaje de mensajes sin evidencia que los avale.
Personalmente creo que no se puede utilizar una sola fuente de información y un solo tipo documental (investigación secundaria) cuando el propósito es demostrar la evidencia que subyace a la emisión de un mensaje, o que sustenta una práctica habitual. Es muy importante diferenciar que ausencia de la evidencia, no es evidencia de la ausencia y que cuando lo que se analiza son fuentes de información general o conceptos muy arraigados en la cultura popular sanitaria, la búsqueda debe ser exhaustiva y escrupulosa. Nos atreveríamos a decir incluso que la carga de la prueba debería ir por parte de los que deben mostrar su flaqueza o incertidumbre.
Las recomendaciones sobre salud presentes en los libros de texto deben basarse en las mejores pruebas disponibles, a tal efecto deberían revisarse con carácter urgente por instituciones sanitarias y educativas, entre otras cosas para comprobar la validez de las afirmaciones de este estudio, de indudable valor por otro lado. Sin olvidarse que aparte de la exactitud científica del mensaje, son necesarias también otras propiedades como la legibilidad y la adecuación a la población a la que van dirigidas.
respuesta
Valor predictivo positivo:
Es la probabilidad de padecer la enfermedad si se obtiene un resultado positivo en el test. El valor predictivo positivo puede estimarse, por tanto, a partir de la proporción de pacientes con un resultado positivo en la prueba que finalmente resultaron estar enfermos, se calcula :
o mediante «frecuencia naturales» -propuesto por Gigerenzer, como manera más simple de explicar el razonamiento diagnóstico bayesiano- que se explica en la figura de arriba y en la de abajo.
tomado de Helping Doctors and PatientsMake Sense of Health Statistics
una de números
Una mujer de 48 años, que Usted suele ver desde hace varios años, acude en busca de ayuda con su primera mamografía, realizada en una campaña de cribado, en la que se informa el siguiente resultado: «lesiones en la mama derecha sugestivas de Carcinoma». Sin ambages la mujer le hace a Usted una pregunta: «estoy alarmada con el resultado de ésta mamografía” ¿qué probabilidad tengo de tener realmente cáncer de mama?
- Ud recuerda que la prevalencia del cáncer de mama en esa zona y para mujeres en ese rango de edad del 0,8%
- La mamografía, para los propósitos de cribado, ostenta una sensibilidad de 90% y una especificidad del 93%.
A su juicio y, con los datos mencionados, ¿ cual es la probabilidad de que su paciente tenga realmente un cáncer de mama?
Las fuerzas del mercado
El Centro de Salud donde trabajo esta situado (más bien encajonado) entre un centro comercial y una iglesia, aunque nunca he llegado a captarlo del todo estoy convencido de que es todo un símbolo. Estos dos edificios colindantes podrían ser una metáfora de las dos vertientes en las que se mueve la atención sanitaria actual el mercado y la (nueva) religión, como nuevas (viejas) fuerzas.
Aunque permanentemente acusadas, las compañías farmacéuticas no son las únicas que pretenden aumentar su clientela a costa de los sanos preocupados, también el lobby médico, los especialistas expertos, las sociedades científicas, etc. pretenden atrapar su trozo del pastel. A veces para conseguirlo no tienen ningún reparo en maquillar la verdad y dar información sesgada o incompleta. En este camino son acompañados, en ocasiones, por las administraciones sanitarias que probablemente sin saberlo, refuerzan mensajes más cercanos a intereses particulares que a la salud pública.
Gingerezer en su libro “Riesgo Calculado” dedica un capítulo a cómo se puede sacar provecho del anumerismo de nuestra sociedad. Es curioso que el capitulo titulado Como vender su tratamiento no lo ejemplifica con las conocidas técnicas de marketing de la industria, sino con un folleto de información para pacientes realizado por ginecólogos alemanes. Este folleto presentaba los beneficios de la terapia hormonal sustitutiva en términos de riesgo relativo (tienden a parecer mayores), mientras que sus efectos secundarios eran redactados en términos absolutos (tienden a parecer menores). Como señala el autor quedaba claro en qué sentido querían estos ginecólogos influenciar a sus pacientes.
La revista BMJ publico en 2006 un estudio donde se evalúo la información que proporcionan las cartas de invitación a participar en campañas de cribado de cáncer de mama realizadas o financiadas con fondos públicos en siete países. Los resultados mostraron que, en la mayoría de estas cartas, se mencionaban los beneficios más importantes del cribado mientras que se omitían los principales efectos perjudiciales. La importancia del beneficio, cuando se cuantificaba, se mostraba en términos de reducción del riesgo relativo y no se mencionaba el efecto del cribado en la mortalidad total. Los principales perjuicios de este tipo de campañas, como el excesivo diagnóstico y la consecuente iatrogénia, no se nombraban y se minimizaban las molestias sufridas durante la exploración.
Con toda probabilidad el sesgo de información de los autores de estas invitaciones no era deliberado, pero existe un claro conflicto de intereses. Los organismos que financian y los
funcionarios que las ejecutan, esperan, y se juegan algo en ello, que la tasa de participación en estas campañas sea lo más alta posible. Deliciosa la carta que originó ese artículo donde un cirujano jubilado narra como tuvo que dimitir del comité directivo del programa nacional del cáncer de mama cuando se percató de que sus compañeros, funcionarios y epidemiólogos, consideraban peligroso para el éxito del programa ofrecer información real sobre los beneficios y perjuicios del programa.Este cirujano no comprendía como a las personas que acudían a las campañas de cribado, se les negaba la información que él proporcionaba de manera habitual a sus pacientes
Mientras que el lema más vale prevenir que curar ha conseguido un éxito espectacular, la evidencia que soporta la eficacia y coste-efectividad de esta afirmación tan rotunda no es tan robusta como pudiera parecer. Así se hace constar en una editorial del Archives of Internal Medicine donde se repasan las deficiencias de las pruebas y la información que subyace en la toma de decisiones en medicina preventiva, y se hace un llamamiento a los autores para que envíen ensayos clínicos donde se ponga aprueba la eficacia de intervenciones preventivas. Tambien así lo hice notar en al intervención que sobre el tema Iatrogenia preventiva hice hace un año en la mesa del congreso de la socieda madrileña de médicos de familia.
mejores decisiones
Una mejor información, mejores decisiones traducción del blog de Anna Sayburn
¿Por qué la gente no toma buenas decisiones sobre su salud? ¿Por qué persistimos en conductas no saludables, elegimos «medicinas alternativas» terapias que no funcionan, o pedimos antibióticos para enfermedades virales?
La respuesta habitual es que el público en general – irresponsable perezoso, y un poco flojo – es el culpable. O tal vez sean los medios de comunicación, que alimentan el miedo a las vacunas o inflan historias sobre curas milagrosas.
Un nuevo libro publicado esta semana indica que tenemos que mirar un poco más de cerca, a nuestra casa para encontrar la raíz del problema. ¿Cómo pueden los pacientes a tomar buenas decisiones si los médicos no les informan adecuadamente, y la investigación solo hace preguntas equivocadas (y además de forma incorrecta)?
Better Doctors, Better Patients, Better Decisions editado por Gerd Gigerenzer y Muir Gray, (ed. Strungmann) se podría titular Mejor información. Los editores, en colaboración con una serie de autores, miran las barreras que deben superarse para que los pacientes tengan suficiente y buena información para tomar decisiones adecuadas.
Una barrera es un analfabetismo general sobre estadísticas, y no hay duda de que la educación en este área podría ser mejor. Hablando en el lanzamiento del libro en la BMA House, el Dr. Gigerenzer dijo que no solo era un problema para el público en general, sus investigaciones le mostraron que la mayoría de los médicos también tenían que luchar para interpretar las estadísticas.
Efectivamente, la manera en la que se presentan los números puede ser toda la diferencia. Dar los resultados de un estudio como frecuencias naturales – 1 de cada 100 personas murieron después de este tratamiento – es una forma clara y poderosa de hacer llegar un mensaje. Utilizar un porcentaje – el tratamiento tuvo una tasa de mortalidad del 1% – introduce incertidumbre de inmediato. ¿El uno por ciento de qué?
Puede ser peor. Como escritor médico, me encanta cuando los artículos médicos incluyen riesgo absolutos en porcentajes como el ejemplo citado, porque soy capaz de entenderlos. Pero rara vez lo hacen. Mucho más común es un riesgo relativo u odds ratio -razón de momios- (Por ejemplo una odds ratio de mortalidad para el tratamiento de 1,2, no tiene ningún significado a menos que se sepa que el riesgo absoluto con el que se compara)
Peor aún es cuando se obtiene una mezcla de riesgos absolutos y relativos. Me parece bastante chocante que esto ocurra todavía, y el Dr. Gigerenzer dijo que era la «responsabilidad moral» de los editores de revistas proscribir esta práctica.
Esto sucede cuando el artículo se informa el efecto de los beneficios de un tratamiento mediante riesgo relativo (una reducción del 50% del riesgo relativo de muerte por cáncer de mama), pero los daños como un riesgo absoluto (un aumento del 1% del riesgo absoluto de muerte por ataque al corazón). Asumiendo el riesgo de ataque al corazón pasó de 1% al 2%, estos riesgos, por supuesto, se anulan entre sí. Sin embargo, la cifra más grande captura la atención, y eso es lo que verás en la primera página Daily Mail.
Este resumen sólo roza la superficie del libro, un sólido tomo impresionante a la espera de toda mi atención. Reckoning With Risk, una obra anterior de Gigerenzer, es una introducción más accesible. Ah, y Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, fue en el lanzamiento del libro. ¿Debemos estar contentos o preocupados de que él sea un fan?
datos, información, conocimiento y ….
validez, precisión…….sesgo
una falsa dicotomía
¿Existe una contradicción entre el modelo bio-psico-social y la práctica basada en la evidencia
por David R. Fleisher
El conocimiento basado en la evidencia es esencial para una buenas práctica profesional. Sin embargo, hay diferentes maneras de desarrollar las pruebas o evidencia. Con la recopilación de datos de estudios epidemiológicos es más probable llegar a la «verdad» cuando las enfermedades en cuestión son causados por contingencias en las cuales las personas no tienen ningún control.. En tales casos, la personalidad de los individuos dentro de la población estudiada es relativamente poco importante. La incidencia de la gripe en Missouri no requiere conocimientos más allá de si o no los encuestados cogido la gripe y vivían en Missouri.
Por el contrario, el método epidemiológico es menos confiable cuando la patogénesis de la trastorno en cuestión tiene menos que ver con contingencias externas y más que ver con factores psicológicos y sociales, por ejemplo, la personalidad de un niño, de sus padres y sus interacción dentro de la relación padre-hijo. Ese tipo de pruebas requiere de datos recogidos por la observación naturalista de los padres y de niños que va más allá de lo que es posible durante una consulta pediátrico típica o un estudio.
Al comentar sobre su desánimo ante la falta de progresos en el manejo del 40-50% de los niños con estreñimiento y encopresis que no respondían al tratamiento. La Dra. Judith Sondheimer (JPGN, 34: 357-8, 4 / 02) sugiere el valor potencial de cribar 1.000 recién nacidos para la detección de su umbral de sensación rectal y, a continuación seguirlos prospectivamente para determinar si la sensación rectal se correlaciona con la prevalencia del estreñimiento funcional durante la infancia. Estos datos, serían interesantes y de cierta importancia, pero sería otro ejemplo de los datos extraídos de temas sobre los que poco más se supo.

