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cuidados paliativos: mucho ruido y pocas nueces

El mundo de los cuidados paliativos como cualquier otra área de la medicina está sujeto a cambios que muchas veces vienen determinados por cuestiones muy alejadas del discurrir lógico y la evidencia científica. Tras una época en que prácticamente eran desconocidos y apenas realizados por profesionales con más voluntad que conocimiento, se ha pasado a un escenario donde los cuidados paliativos están ampliamente surtidos de personal muy especializado. De una época que en que los profesionales  no tenían ningún soporte de la administración sanitaria e incluso soportaban trabas administrativas se ha pasado a un escenario donde los medios proliferan incluso sin mucho sentido.

Pero esto no quiere decir que estemos en la situación ideal, se acumulan los datos de que el péndulo ha ido en la dirección contraria extrema. Cada vez son más las anécdotas que revelan el exceso e hipertrofia de este tipo de servicios tanto en atención primaria como en los hospitales. Desde la laxa clasificación de terminal, al mal uso de los analgésicos mayores, pasando por la absurda situación de pacientes que son visitados en su domicilio sin requerirlo, o que son evaluados por tres médicos distintos para un mismo problema.

supervivenciaEn ese sentido la información  que proporciona un ensayo clínico publicado en JAMA la semana pasada titulado Effects of a Palliative Care Intervention on Clinical Outcomes in Patients With Advanced Cancer que debería añadir algo de evidencia y raciocinio al despliegue de ese tipo de cuidados, aunque me temo que no será así.

La hipótesis de partida del estudio era que los pacientes diagnosticados de un cáncer avanzado que recibían una atención y cuidados especiales (bajo un programa denominado educar, alimentar, asesorar antes de que la vida termina: ENABLE pos su siglas en ingles)  participaban activamente en su cuidado, mejoraban la calidad de vida y estado de ánimo, y experimentaban mayor alivio de los síntomas, disminuyendo el uso de los recursos en comparación con los pacientes que recibían la atención habitual.

En comparación con el grupo que recibió la atención habitual, los pacientes del grupo intervención tuvieron mayores puntuaciones en los cuestionarios de calidad de vida y estado de ánimo, pero sin embargo no se obtuvo  mejoras en la intensidad de los síntomas o reducción en los días de estancia en el hospital, unidad de cuidados intensivos o  visitas a los servicios de urgencia. En fin una pena