a(pps) su salud

La revista secundaria Evidence  Based Medicine publica un artículo sobre el uso en medicina de los denominados teléfonos inteligentes (smartphones) y las aplicaciones o programas diseñados para estos (apps). Aunque algo antiguo (se envió para publicación a la revista hace un año, y en estos temas un año es una eternidad) su título ya es  muy revelador: Aplicaciones médicas para los smartphones: la falta de pruebas socava la  confianza en su calidad y seguridad.

Lo que explican los autores en resumen, es que los avances en la tecnología móvil de salud y la adopción de teléfonos inteligentes significa que las apps médicas serán de vital importancia y una parte integral de la práctica médica diaria en un futuro próximo. Pero mientras que el rápido desarrollo de aplicaciones médicas está llamando la atención de los profesionales de la salud y mejora de la accesibilidad al conocimiento médico, existe una creciente preocupación por los posibles peligros relacionados con el uso de estas aplicaciones.

A continuación traducción y adaptación del contenido del artículo con enlaces actualizados

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El número de profesionales sanitarios que utilizan smartphones  con aplicaciones asociadas (appps)  en la práctica clínica aumentan día a día. [Tanto para el IPad Iphone, como para Android]. Estas aplicaciones médicas tienen un gran potencial para mejorar  la asistencia clínica, pero se sabe poco sobre los posibles peligros asociados con su uso. Las infracciones de la confidencialidad, los conflictos de intereses y las consecuencias de un mal funcionamiento en la toma de decisiones clínicas  podrían afectar negativamente a la atención de los pacientes.

Los profesionales deben ser conscientes al elegir una apps para su uso en la atención clínica de que algunas aplicaciones tienen contenido poco fiable, no suelen tener en cuenta la evidencia científica y que en general no suelen estar revisadas por colegas. En este trabajo, se proponen estrategias que permitirían que el mercado de las aplicaciones médicas este controlado y basado en la evidencia, minimizando al mismo tiempo la burocracia innecesaria con el fin de no obstaculizar el desarrollo de apps.

Falta de implicación de profesionales en el desarrollo de aplicaciones médicas

La mayoría de las aplicaciones médicas carecen de  información sobre  autoría, quienes son los productores y los distribuidores. Así mismo no suelen dar referencias  y no está claro en si estas aplicaciones se actualizarían, si surgiera nueva evidencia.

Dos estudios en los campos de la dermatología y microbiología revelaron que menos del 35% de las aplicaciones médicas tuvo la participación de expertos médicos durante su desarrollo. Un estudio señala que el ochenta y seis por ciento de  más de cien aplicaciones revisadas sobre control del dolor no tenían participación médica profesional en su desarrollo y sólo el 12% informó de un médico como autor de la aplicación.

Peligros de aplicaciones médicas en la práctica clínica

La naturaleza misma de los teléfonos inteligentes representa un riesgo potencial. Las apps médicas se utilizan cada vez más para apoyar el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades (por ejemplo, aplicaciones que permiten al usuario introducir información específica del paciente, junto con material de referencia para diagnosticar de forma automática una enfermedad o condición). Hasta ahora, no se conoce ningún caso de daño a un paciente causada por una aplicación recuperado. Sin embargo, sin  regulación ni normas de seguridad es sólo una cuestión de tiempo que se cometan errores médicos y daño involuntario a pacientes. Existen varias web  donde profesionales médicos indexan, comentan y revisan aplicaciones médicas, si bien este es un buen punto de partida, los criterios de evaluación no profundizan en la evidencia científica de su contenido, tratando más bien de cuestiones como el diseño o la usabilidad.

El uso de aplicaciones sanitarias realizadas por empresas comerciales  o por la industria farmacéutica podría plantear cuestiones éticas importantes. Por ejemplo, los conflictos de intereses pueden llevar a un sesgo consciente e inconsciente en la prescripción. Las compañías farmacéuticas pueden utilizar estas aplicaciones para fines de marketing,  tratando de influir en el tratamiento al presentar la información en favor de sus propios fármacos

Reglamentación por las autoridades sanitarias

En 2011, la Food and Drug Administration (FDA) publicó un proyecto de directrices sobre la forma de regular las aplicaciones médicas. La FDA afirma que una aplicación puede considerarse un producto sanitario cuando se utiliza “como accesorio de un producto sanitario regulado o transforma una plataforma móvil en un producto sanitario regulado”. La FDA planea regular activamente ciertos tipos de aplicaciones tales como apps que controlan un dispositivo médico o visualizan, almacenan, analizan y transmiten los datos específicos de pacientes obtenidos con dispositivos médicos (como un electrocardiograma). También aplicaciones que, con ayuda de fórmulas o algoritmos, dan resultados específicos, como un diagnóstico, recomendación de tratamiento o diagnóstico diferencial.

En nuestra opinión, esto es un hecho positivo. Sin embargo, al mismo tiempo, las autoridades no deben regular en exceso aplicaciones médicas a fin de conservar su carácter abierto. El proceso de regulación debe ser gestionado principalmente por la propia comunidad de la salud. Sería conveniente que las autoridades proporcionaran sellos oficiales de certificación que garanticen la calidad de las aplicaciones  y que que los médicos puedan tomar una decisión informada en cuanto a si una aplicación tiene fiabilidad y esta basada en la evidencia.

Adopción de las apps sanitarias por editoriales sanitarias

Creemos que hay que  varias formas en que las apps médicas podrían ser desarrollados para asegurarse su calidad y seguridad. En primer lugar, el contenido de todas las aplicaciones médicas debe estar basado en la evidencia,  y revisadas por profesionales externos, proporcionando información clínica actualizada. Se puede formalizar un sistema de revisión por pares que permita a  sociedades profesionales y a organizaciones de pacientes relacionadas con el tema desarrollar aplicaciones específicas para médicos y pacientes revisadas por pares. Además, las directrices para aplicaciones médicas, como la futura guía de la FDA, deberán ser utilizadas por revisores y desarrolladores de apps para preservar y controlar su calidad y fiabilidad.

Una evaluación del impacto de estas tecnologías pueden tener en la mejora de la salud sería muy ventajoso, la reducción de la probabilidad de errores médicos y la protección de los pacientes. Los desarrolladores apps médicas deberían ser animados a inscribir su aplicación en un registro internacional y presentar una notificación previa a la comercialización a organismos de acreditación y expertos médicos para evaluar la eficacia y seguridad de la aplicación propuesta. Cabe señalar que una de las desventajas de tal sistema es que sería desacelerar significativamente innovaciones en esta industria.

Aplicaciones médicas seleccionadas por centros sanitarios

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Figura: Participantes en desarollo de apps

Tras la finalización del desarrollo de aplicaciones médicas fiables y de alta calidad se pueden colocar en las tiendas de aplicaciones. Debido a la gran cantidad de aplicaciones médicas disponibles, la búsqueda de una aplicación adecuada y útil puede ser problemático para los médicos. En la actualidad, existen varias maneras de encontrar aplicaciones médicas. Un ejemplo es el subconjunto de aplicaciones médicas que ofrecen las empresas especializadas en el marco de un substore de apps. Las compañías farmacéuticas también están muy involucradas en el desarrollo y distribución de aplicaciones médicas. El objetivo inevitable de tales empresas, sin embargo, es obtener beneficios, no se pueden descartar un conflicto de intereses. Una manera de evitar este problema sería permitir que los hospitales o asociaciones de médicos, preseleccionaran a las aplicaciones y las hicieran accesibles a sus asociados como si fuera una biblioteca médica.

El futuro de las aplicaciones médicas

Estamos convencidos de que las aplicaciones médicas deben ser reguladas en cierta medida, y que tienen que ser cuidadosamente revisadas por expertos con el fin de garantizar la validez. Las aplicaciones médicas deben tener una calidad garantizada, ser científicamente sólidas y rentables en su uso. Todos los interesados en el mercado de la medicina móvil deberían participar en el proceso de regulación. Un enfoque de toma de decisiones compartida en la creación de una guía regulatoria sería bueno para facilitar la aceptación por parte de todos los interesados y mejorar el cumplimiento de la directriz.

La Figura  ofrece una visión clara de los diferentes actores en el campo de aplicaciones médicas: las autoridades sanitarias deberían proporcionar las directrices  que desarrolladores y revisores deben seguir. Los hospitales, las instituciones sanitarias, editoriales médicas y organismos de acreditación de médicos juegan un papel fundamental en la selección, acceso y distribución de aplicaciones a los profesionales de la salud. De cara al futuro será necesario la investigación sobre el uso y la implementación de aplicaciones médicas en la práctica clínica, dado que la tecnología móvil ha adquirido un papel dominante en la sociedad, La integración de las aplicaciones médicas, contribuirá significativamente a una asistencia sanitaria accesible y basada en la evidencia. Las apps médicas constituyen uno de los campos más dinámicos de la medicina contemporánea, con un considerable potencial de cambiar la forma en que la salud se ofrecerá en el futuro. Establecer procedimientos reglamentarios apropiados permitirá que este potencial se cumpla, respetando en todo momento la seguridad del paciente.

Enseñar a un sinvergüenza

En Medicina sin autonomía no hay calidad

Extraído de Acta Sanitaria

por Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) 

RDL4Se pasa así a un sistema que parasita lo público, que saquea lo público, que se presta a la corrupción y el amiguismo y que tiene por enemigo al médico y su autonomía. Se busca el servilismo, y el inmovilismo.  Como si no fuera suficiente, los políticos pretenden entrar en la intimidad de las consultas. Es decir, pretenden firmar recetas con corbata, no con bata, en dura frase de Javier Padilla

En la práctica instalan algoritmos en la historia clínica electrónica que llevan a medicamentos y a tratamientos «según protocolos». No es ciencia ficción, es práctica diaria en Andalucía, y en su versión extrema en Valencia. Sabemos que tales protocolos, guías y algoritmos carecen de fundamento científico, y más cuantos más expertos participen en su confección. Sabemos que no son sistemas de ayuda a la decisión, que podrían mejorar la calidad, bien analizados por Rafa Bravo

Los médicos precisan autonomía para ofrecer calidad, para adaptar la respuesta a las necesidades y a la situación del paciente concreto (la lex artis ad hoc que exigen los jueces).

El control es bueno, pero la confianza es mejor.

Los servicios sanitarios son personales y si se desconfía del personal hay que cerrar. Sin autonomía no hay calidad, ni Medicina.

Ubi pus, ibi evacua

Dentro de las infecciones frecuentes entre los pacientes que acuden a un centro de salud, se encuentra las que afectan a la piel y de los tejidos blandos como son los abscesos cutáneos. Esencialmente son una colección purulenta en un espacio cerrado y rodeada por tejido inflamado. Estas infecciones se caracterizan en la clínica por ser lesiones dolorosas, eritematosas con induración y más tarde fluctuantes. Cuando el examen físico no es determinante se puede pinchar el absceso y observar si se aspira contenido purulento.

Siguiendo el aforismo Ubi pus, ibi evacua «donde hay pus, hay que evacuarlo» el tratamiento de los abscesos empieza con la incisión, sigue con el drenaje y tras esta operación se dejar una tira de gasa que recubre parcialmente la cavidad de tal forma que siga drenando y cicatrice por segunda intenciónabceso4

Sin embargo este procedimiento se ha puesto en cuestión  por un ensayo clínico que ha comparado la curación por primera intención o sutura frente a curación tradicional por segunda intención donde el objetivo era tratar la infección y favorecer el desarrollo de tejido granulomatoso. En este estudio realizado en dos servicios de urgencias universitarios, se abcesoincluyeron 56 pacientes  que acudieron con abscesos cutáneos simples localizados. Se asignaron aleatoriamente a dos grupos y tras realizar una u otra intervención se midieron el número de heridas curadas  y las que necesitaban una intervención adicional, considerándose en este caso como fracaso terapéutico El porcentaje de curación y de fracaso a los siete días fue similar en los dos grupos  con una  diferencia no significativa a favor del cierre con sutura

Aparte de la incisión y el drenaje, el tratamiento con antibióticos se considera en el tratamiento básico de estas afecciones, Aunque se ha puesto en duda en muchas ocasiones, se sigue prescribiendo con frecuencia  bien como tratamiento exclusivo o bien como complemento al tratamiento quirúrgico

Ahora disponemos de una nueva revisión sistemática cuyo objetivo es evaluar si la toma de antibióticos sistémicos tras la incisión y drenaje mejoraba las tasas de curación en pacientes con abscesos simples, en comparación con un placebo,  Tras una búsqueda en las base de datos habituales y consultarla bibliografías de artículos seleccionados se incluyeron cuatro ensayos (figura), con un total de 589 pacientes con abscesos que fueron asignados al azar a dos grupos, unos que recibía diversos antibióticos y otros que recibía placebo. El resultado fue que cuando se administraban antibióticos en adición a la incisión y el drenaje, estos antibióticos no mejoraban de manera significativa el porcentaje de pacientes en los que se podía decir que el absceso estaba completamente curado de siete a diez días después del tratamiento.

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Pig Data

por Angel Ruiz Tellez @artcymap

La importante y extensiva informatización sanitaria nos ofrece unas posibilidades ilimitadas de información e inferencia, con las nuevas tendencias de análisis globales de información.

Ya podemos conocer, con solo un cruce de datos, por ejemplo, la proporción de gasto superfluo que soporta el proceso asistencial puro, imputable al extenso aparato burocrático de los servicios de salud, lo que nos puede ayudar a actuar en consecuencia, modificándolo, reforzándolo o anulándolo. Sabemos, de los 40 céntimos sanitarios del Euro de presupuesto, que % es de producción pura y qué % de burocracia y de ‘aparato’ superfluo, y, así, sabemos por dónde recortar y los criterios de por donde se está recortando.

Ya podemos conocer, la influencia, en resultados en salud, de las mejoras en las tasas de morbimortalidad, de las acciones de prevención, tales como la prevención del Cáncer de Mama, Cólon, Próstata o Vacuna Gripal, para actuar en consecuencia, modificando, reforzando o anulando tales servicios.

h190073-2zoomYa podemos conocer el impacto en la salud del modelo de hospitalocentrismo de agudos, en defecto de los más enfermos, relegados a ausentes o escasos hospitales o centros de media y larga estancia.

Ya podemos saber el tremendo impacto negativo de la ‘No-Enfermedad’,  en esta elección de modelo sanitario nuestro, para así actuar en consecuencia, anteponiéndolo al tratamiento de lo crónico.

Ya podemos conocer las verdaderas Tasas de Oferta, Efectividad y Eficiencia de la Atención Primaria y de la Atención Ambulatoria Hospitalaria, porque sabemos desde el principio la relación de lo hecho, respecto a lo esperado, en base epidemiológica y poblacional, conociendo el impacto, sobre la Eficiencia y Efectividad, por ejemplo, del abrir o no las ofertas de Procedimientos Diagnósticas y Terapéuticas a la Atención Primaria o de hacer que la Atención Ambulatoria Hospitalaria se encargue solo de los procesos complejos y no de la Atención Primaria, para actuar en consecuencia, modificando, reforzando o cambiando.

Ya podemos saber el costo de todas esas enormes inversiones informáticas y analizar su correlación con el incremento de la salud y con las mejoras del proceso asistencial, más allá de la secular propaganda.

Ya podemos, por fin, los profesionales tener nuestros datos, con sencillez y actualización, para, libremente, junto a otros profesionales interesados sumar y analizar información, corroborando o descartando hipótesis de investigación, análisis o reflexión.

¡Qué buenos son los BIG DATA!.

¡Maldita sea!. ¡Parecía tan real!. Este cordero me ha sentado fatal. No vuelvo a sestear tras tan bien regada pitanza.

En la reciente entrevista de Julian Assange, por Jordi Évole, lúcidamente afirmaba que ya hay una gran transparencia de todos los datos de todos, pero solo en sentido ascendente y no en el descendente, en clara desproporción inversa a la responsabilidad financiera y social.

Los BIG DATA son para lo grande, como su nombre indica, para cualquiera de los ejemplos de esa ensoñación de cabezada postprandial.

¿Semejante inversión para “pequeños datos”, como la apetecible farmacia?, que es a todo lo que llegan nuestros aterrados gestores médicos o farmacéuticos, que, ante la amenaza de tener que volver a plantificarse la bata, creen hacer méritos, para no volver, midiendo, desde la barrera, la “correcta indicación” de “la faena” de los que torean, de la Simvastatina, por ejemplo, con o sin algoritmos por medio, con lo efímero que se ha demostrado el conocimiento del momento y el de tantas firmes e incólumes aseveraciones clínico-terapéuticas, dos años después abandonadas o sustituidas por sus contrarias. Tal vez pueda tener alguna utilidad, pero, éste no es el problema, ni el sentido de los BIG DATA.

Para el profesional, por tanto, para el Centro, para el Hospital, para el Área, para el Servicio de Salud, lo importante es, simplemente, tener una cápita clara contra la que actuar y un sistema de información con el que pueda, él, el primero, medir el 100% de la Actividad y Coste, contra lo esperado en base epidemiológica y poblacional, para actuar en consecuencia, modificando, reforzando o cambiando las organizaciones, los estilos y las prácticas.Dun_the_Pig

Y, para el ciudadano, además de saber los grados de Efectividad y Eficiencia de lo anterior, lo importante es conocer, el desglose del impacto, sobre ellas, de la inversión según estructuras productivas y no productivas, para actuar en consecuencia, modificando, reforzando o cambiando.

Sin embargo, a pesar de las imperativas necesidades de conocimiento, los servicios de salud vuelven a lo inercial, a comprar grandes softwares, BIG DATA, que mantienen la característica gestora de no tener que ‘bajar a la arena’ de las relaciones y los comportamientos y que son capaces de…, de nada de nuevo, en realidad, a pesar del costo.

Porque si la información no está en manos del profesional que la produce y sí esta no se acompaña de un sistema de Certificación de la Fiabilidad y de feed-back, lo que salga de esos poderosos BIG DATA solo será “Dirty Data”, acabando como gigantes rosas PIG DATA de pies de barro.

Distribución de los Centros de Atención Primaria*, según el % de cupos (Médicos y Pediátricos) certificados, y por tipo de Certificación.  Análisis de los 77 Centros de Atención Primaria.

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El análisis de 121 Millones de registros, con una exhaustiva metodología de ‘Quality Data’, nos mostró la realidad (  ). La información en bruto, sin participación del profesional, por no “tener sus datos” (“Quiero mis Datos ) no vale lo suficiente para que el profesional se crea lo que le muestran, y menos cuando ello pasa por la comparación con los datos del otro.

¿Para eso queríamos la Hª Clínica Electrónica?. ¿Tantos miles de millones de euros para solo quitarnos el papel (pues la burocracia, no ha disminuido (algoritmos de prescripción, receta electrónica, visados, citaciones…))?.  Si ya teníamos, sin Hª Clínica electrónica HCE,  la información de farmacia, de  IT, de derivaciones y de visitas.

La HCE la queríamos para construir el Episodio de Atención, lo que precisaba de más piezas que solo poner el software (Ruiz Téllez A. Viabilidad de los Proyectos de Información Sanitaria. AMF 2006;2(8):442-451 )

La queríamos para ‘ver’, para disponer del ‘conocimiento’.

Pero seguimos a ciegas, porque los responsables sanitarios, atemorizados ante los crecidos irresponsables informáticos, los infonócratas (Ruiz T,A. AMF 2006;2(8):443), que siguen empeñados en mantener el secuestro de los datos asistenciales al profesional, ahora vuelven a estar contentos con su nuevo juguete, con el que quieren dar comer a todos, profesionales y gerentes, cuando la materia prima de ésta información solo es basura. Y si no lo es ¿dónde se ha publicado o se han abierto esas bases de datos al análisis de todo y a la vista de todos para comprobarlo?.

Nos acabamos de cargar otra gran herramienta, los BIG DATA, ya reconvertidos en PIG DATA, en manos de orates, que así se mantendrán hasta que dure el secuestro de la información.

El “¡Quiero mis datos ya! de José Antonio González-Posada ( ) es la condición crítica para no tener que arrepentirnos, de nuevo, por más dinero tirado en estos PIG DATA.

cinco razones por las que un médico de atención primaria no debería tener un blog y una por la que si

o como justificar un  boutade de la que se extrae un titular:  Todo médico de primaria debería tener un blog 

En el diario El País se ha publicado un  reportaje protagonizado por Jesús Martinez que ha dado lugar una entrada en el blog «La consulta del Dr. Casado».

Aparte de otras cosa, les une a ambos ser colaboradores del Huffington Post un agregador de noticias y comentarios donde los autores blogueros no cobran, al menos en dinero constante y sonante, y cuya edición en español esta participada al 50% por la empresa editora del diario El Pais donde se publica el reportaje. Ambos colegas son reputados blogers, seguidos por gran cantidad de personas, ademas son buena gente y entusiastas de su profesión y de lo que pueden ofrecer las nuevas tecnologías. Esto no es óbice para reconocer que a veces  «se les va la pinza 2.0» y que determinadas afirmaciones y razones deben ser matizadas y comentadas, si no queremos que este nuevo entorno, al que todos queremos, se convierta en una apoteosis de la cancamusa.

Se comentan por que no hay cinco razones para tener un blog a partir de las «razones» de Salvador Casado:

  • Es una excelente forma de dar consejos a pacientes de forma asíncrona, es decir no presencial.

Los consejos se deben dar y se dan en la consulta (no necesariamente presencial y sincrona), otra cosa son los consejos genéricos, información  general ,etc.  que si pueden/deben estar  en Internet a disposición de los usuarios. Sin embargo la tarea debería ser de unidades de mayor tamaño, desde  centro de salud a área , consejería e incluso ministerio. No tiene ningún sentido que millares de médicos confeccionen y ofrezcan información similar en blogs particulares.

  • Permite compartir contenido escrito, fotos, dibujos, esquemas o vídeo.

Las misma razones que en el anterior punto, añadiendo que es errónea la presunción de que por ser profesional de la medicina uno se convierta automáticamente en un buen escritor, educador,  comunicador o incluso seleccionador de contenidos sanitarios de cualquier tipo.

  • Así como el Curriculum Vitae resume la actividad profesional, un blog es la manera más sencilla de tener una imagen virtual pública.

Esta sería una razón más que aceptable, si bien para esto no hace falta un blog, basta con una sencilla página personal donde el profesional diera conocer a sus pacientes “su imagen virtual pública”. Esto ya lo hacian hace tiempo heroicos médicos generales que en el primer encuentro, daban a cada paciente  unas hojas con su curriculum y «su cartera de servicios». Pero ojo solo a sus pacientes, como dice Jesús se podría poner en el portal del servicio de salud pero en la sanidad pública no estamos obligados a captar pacientes con ninguna técnica de branding personal, a no ser que se persigan otros objetivos que los asistenciales

  • La sociedad necesita que sus profesionales sanitarios la provean de información sobre salud basada en evidencia científica y no en intereses comerciales.

Lo mismo que en el punto 1 y 2, efectivamente la sociedad (española) necesita de información sanitaria rigurosa y de calidad, pero esta obligación está más allá de los médicos individuales y debe (ría) recaer en instituciones oficiales, servicios de salud, sociedades científicas, etc.

  • La sociedad de la información nos invita a todos a compartir y participar utilizando internet y las tecnologías de la información y comunicación.

Ya ¿y que? Pues invitados estamos pero la mayoría de las veces  los médicos de atención primaria somos convidados de piedra en los círculos donde se toman las decisiones importantes sobre nuevas tecnologías sanitarias. Lo mejor que podemos hacer para revertir esta situación , no es hacer un blog, sino  hacer ver a los organismo instalado en el mundo  – 3.14  que el mundo 2.0 no se limita nuestros hogares, que estamos dispuestos a practicarlo en el horario profesional

y  por ultimo la razón la que un médico de primaria debería tener un blog, la dijo Jose Antonio Millan en el primer congreso de la blogosfera sanitaria:

Porque si

porque somos profesionales que tenemos algo que decir, a veces sera a los pacientes, en otra ocasiones a  nuestros conciudadanos, a otros profesionales, a los gestores, etc.

Como medico de atención primaria es un orgullo que desde sus inicios la blogosfera sanitaria haya sido, en gran parte,  protagonizada por nosotros. Sigamos así, no necesitamos caer en la cancamusa o el arribismo, para eso ya están otra especialidades 😉

SATD (1)

Los pacientes y la sociedad general esperan de sus médicos y de los servicios de salud una asistencia sanitaria de la mejor calidad posible,  a un precio asumible y en la que se garantice al máximo la seguridad.

Las tecnologías de la información pueden ayudar a conseguir este triple objetivo, la denominada Historia clínica electrónica (HCE) es una pieza básica y nuclear del entramado tecnológico que compone un sistema de información sanitaria moderno y eficiente. Sin embargo su sola presencia nos garantiza nada. Aunque se tenga como es el caso de España un gran parque de ordenadores y software en la mayoría de las consultas de atención primaria y en una gran parte de las de los hospitales, esta tecnología no es de mucha ayuda, si estos programas no presentan otras propiedades.

By DemonDeLuxe

By DemonDeLuxe

Tras unas aplicaciones básicas, o de primer orden como la de registro, organización y archivo de datos clínicos, y antes de funciones avanzadas como la docente, investigadora, epidemiológica, auditoria y de mejora continua de calidad,  la historia clínica debe alojar una serie de utilidades que podríamos llamar de segundo orden. Estas son las que dan el carácter distintivo a la HCE frente a sus antecesores impresos; no se trata ya de hacer de manera mucho más eficiente y rápida una serie de cometidos, sino de realizar tareas nuevas que de otra forma no se podrían hacer.

Dentro de estas aplicaciones se encuentras los sistema de ayuda a la toma de decisiones (SATD) en sus diversa vertientes: diagnósticas, terapéuticas, etc. Un SATD es básicamente un sistema informacional  diseñado para suministrar información y ayudar, en nuestro caso al médico, a la toma de decisiones efectivas. Estos sistemas ayudan sobre todo en el proceso de decisión de problemas complejos, mal estructurados y/o donde existe un alto grado de incertidumbre. Al contrario de lo que se cree, no automatizan, ni unifican el proceso del  decisión sino que de forma interactiva y flexible, proporcionan ayuda en cada paso del proceso de la toma de decisiones.

En medicina reconocemos como SATD a cualquier tipo de aplicación  que recoge los datos recogidos en la historia clínica de los pacientes y produce recomendaciones a los médicos que les atienden. Se ha establecido hace tiempo que las principales funciones de estos son: alertar, recordar, interpretar, predecir, diagnosticar, asistir o sugerir y criticar (esta última en España se traduce como fiscalizar o amonestar).

Al contrario de lo que podría parecer todavía no existe un instrumento perfecto, ni siquiera ninguno que realice todas estas funciones; más bien lo que nos encontramos son soluciones parciales, de aplicación local y, casi nunca, evaluadas. Así y todo, la esperanza de que estas aplicaciones se desarrollen y utilicen en la práctica diaria para mejorar la calidad de la asistencia se mantiene de forma razonable.

Si en alguna parte del encuentro clínico se antoja que estos SATD pueden ser especialmente útiles, es durante la prescripción, dentro de los dedicados a este apartado se encuentran vademécums o formularios con información formal de medicamentos y sistemas de alerta, como las de interacciones entre medicamentos. El objetivo de todos ellos es proporcionar información completa y actualizada, relacionada con el paciente, clínicamente relevante y amigable o fácil de utilizar.

El artículo 85 bis añadido a la Ley 29/2006 de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios por el artículo número  cuatro del R.D.-ley 16/2012, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones, explica  entre otros apartados que:

Los órganos competentes de las comunidades autónomas dotarán a sus prescriptores de un sistema de prescripción electrónica común e interoperable en el que se incorporarán subsistemas de apoyo a la prescripción, tales como:

  • nomenclátor de medicamentos en línea;
  • correspondencia entre principios activos,
  • medicamentos disponibles y patologías en las que están indicados;
  • protocolos de tratamiento por patología recomendados desde las instituciones sanitarias y las sociedades médicas, con indicación de los estándares de elección y los beneficios esperados;
  • coste del tratamiento prescrito y alternativas de elección terapéutica según criterios de eficiencia;
  • base de datos de interacciones;
  • base de datos de ensayos clínicos en su provincia o comunidad autónoma;
  • información periódica en línea (autorización y retirada de medicamentos y productos sanitarios, alertas y comunicaciones de interés para la protección de la salud pública);
  • difusión de noticias sobre medicamentos que, sin ser alertas en sentido estricto, contribuyan a mejorar el nivel de salud de la población.

BOE11

Caso Aracena (Huelva)

Cisne cuello negro, Cisne cuello blanco

No hay un lago negro
hay un lago blanco, hay un lago blanco
Hay un lago inmenso lleno de fango, lleno de fango

Manuel Alejandro

La historia del tratamiento de la depresion tiene muchas similitudes con el cuento de Andersen «El patito feo». Esa ave que, habiendo nacido en el corral de los patos y que durante mucho tiempo fue objeto de burlas e insultos por su fealdad, se convirtió un día en un hermoso  y esbelto cisne blanco. Pero en otra historia, la de los antidepresivos, el cuento no termina así, y se sigue escribiendo. Es como si después de haber triunfado por su hermosura, con el paso del tiempo se pusiera en duda la belleza del cisne.

cisneLos resultados de los meta-análisis llevados a cabo con antidepresivos han mostrado efectos beneficiosos algo modestos frente a placebo, pero cuando al análisis se añaden los resultados de ensayos clínicos no publicados, la eficacia  parece  que disminuía por debajo de los criterios de significación estadística.

En un artículo  titulado Initial Severity and Antidepressant Benefits: A Meta-Analysis of Data Submitted to the Food and Drug Administration publicado en PLOS medicine  en 2008 de  se intentó determinar la eficacia de estos medicamentos en relación con la gravedad de la enfermedad. Para ello se revisó, siguiendo la ortodoxia de la revisiones sistemáticas, los datos de ensayos clínicos publicados y no publica-dos tomando como fuente los estudios presentados a la agencia del medicamento americana o FDA para aprobar antidepresivos de nueva generación (fluoxetina, paroxetina, nefazodona y venlafaxina).Las diferencias entre el grupo de tratamiento y aquellas personas que recibían placebo sólo fueron significativas en los casos de depresión mayor o más grave. La magnitud de la asociación del efecto aumentó en función de la gravedad inicial. Desde la falta de diferencia en depresiones leves y moderadas, hasta una diferencia pequeña en pacientes con depresión grave, alcanzando niveles de significación estadística sólo en el grupo de pacientes en el rango más elevado de gravedad clínica.

¿Qué significan estos hallazgos?

Como se dice en el propio artículo, los datos sugieren que la eficacia de ese tipo de medicamentos es relativamente modesta y sólo para las formas más graves. En estos casos, la relación entre la gravedad inicial y la eficacia antidepresiva sería atribuible a una menor respuesta al placebo entre los pacientes más graves, más que a un aumento de la respuesta de los fármacos.

Estas afirmaciones están además apoyadas por  otros estudios y revisiones que revisan artículos no publicados, como la publicada en el CMAJ sobre la paroxetina: Effectiveness of paroxetine in the treatment of acute major depression in adults: a systematic re-examinationof published and unpublished data from randomized trials.

Cabría preguntarse ¿cuál es la causa del gran uso de estos medicamentos?,  y  si se confirman estos resultados, ¿cómo y quién nos ha vendido esta ave autómata como si fuera un hermoso cisne blanco?

La respuesta está en el aire, pero tiene gran trascendencia, en especial en atención primaria donde no se suele llevar a los pacientes más graves. Se pueden avanzar dos percepciones: una  sustentada en la experiencia como médico de cabecera que se relaciona con la relativa comodidad de manejo de unos fármacos «necesarios» para un problema muy frecuente y, la segunda, basada en la evidencia de que el sesgo de publicación favorece o sobrestima los resultados positivos.

Área III. Puntos críticos de la atención sanitaria en seguridad del medicamento: transversalidad