Internet y la camilla
Hace unos meses, cuando iba a iniciar mi jornada laboral y entraba en mi consulta, vi con estupor como dos operarios sacaban la camilla de exploración por la puerta. Lógicamente, les interrogué sobre qué diablos hacían con mi camilla.
—Vamos a retapizarla —contestaron.
Tenían razón, había sido yo mismo el que había dado parte del lamentable aspecto de la camilla: trozos de gomaespuma verdosa asomando por los laterales hacían necesaria su reparación.
—Me parece bien, pero no ahora; tengo que pasar consulta y necesito la camilla —les dije.
—Ya, pero es que a nosotros nos han dado órdenes de retirarla y llevara al taller a repararla —contestaron los operarios. No se preocupe en dos o tres días la tendrá aquí de nuevo.
—Lo siento, pero esta camilla no se la llevan —contesté yo alzando el tono, en una situación que me parecía cada vez más increíble.
—Pues no lo entendemos, en otros centros y otras consultas las hemos cogido y nadie ha dicho nada —me dijeron.
—Los demás no sé lo que harán, pero yo no puedo pasar la consulta sin camilla — fue mi respuesta.
Como la cosa se iba poniendo caliente, decidimos consultar telefónicamente con otras instancias; ellos con su jefe, localizado en una ciudad del extrarradio madrileño y yo, con una altanera responsable de material, situada en un lugar remoto donde se ubica la Dirección General de «Noseque». No voy a cansar la lector detallando, una más que surrealista,
discusión a tres bandas, solo decir que se llevaron mi camilla; aunque, cumpliendo su promesa, me la devolvieron impecablemente arreglada al día siguiente. Mis compañeros todavía tuvieron que esperar dos o tres días para que se las trajeran.
De aquella experiencia saqué la amarga conclusión de lo poco que se valora a los médicos en el servicio sanitario en el que trabajo y, en lo poco que se estimaba nuestro trabajo.
Esa misma sensación la he tenido esta semana cuando con la excusa del virus ransomware Wanacry, nos han bloqueado el acceso a la red (hasta ayer viernes seguía bloqueado) en los ordenadores de consulta. No sé si los perpetradores de esta fechoría saben que diariamente miles de médicos de familia consultamos Internet como parte habitual de nuestro trabajo clínico.
Desde consultar la ficha técnica de un medicamento, una interacción o la dosis de un fármaco que no manejamos habitualmente, hasta una ayuda al diagnóstico consultando UptoDate, pasando por proporcionar buena información a los pacientes sobre sus enfermedades. Consultamos Internet porque es a través de esta red donde obtenemos la mejora información para nuestro trabajo, si tuviéramos que depender de la pobreza del programa de historia clínica o la que proporciona el ministerio o el propio servicio sanitario, apañados estaríamos.
Seguramente lo saben, pero les da igual; para ellos nuestro trabajo no tiene mucho valor, tampoco es demasiado importante que lo realicemos en las mejores condiciones para el paciente. De otro modo, es imposible que nos dejen sin camilla o sin acceso a la información y ni siquiera se despeinen.


SEMFyC tiene mucho a favor y algunas cosas mejorables. Entre las ultimas podemos destacar varias, a saber:

La atención primaria española desde tiempos inmemoriales (en esto no hubo reforma) se ha ocupado de realizar tareas burocráticas sin mucho sentido y que añadían poco o nada, al proceso asistencial, y aún menos al fomento de la salud entre los ciudadanos.
Eso si, en ningún momento se les ocurre ni siquiera pagar por estos servicios. ¡Caña al médico que es de goma!

Un
Los posibles porqués de este resultado negativo se explican en el