Gracias a Juan Gervas recupero este texto resumen de la ponencia a la mesa Influencia de la informatización de la Atención Primaria en el trabajo de los profesionales y en la salud de la población, que presente en el XXVIII congreso de la SEMFyC en 2008 y publicada en Aten Primaria. 2008;40(Supl 1):11-62
Impacto de la informatización de la atención primaria en el trabajo de los profesionales: una visión personal documentada
por R. Bravo Toledo
Conclusión: Las diferentes estrategias seguidas durante el proceso de informatización de la historia clínica de atención primaria en nuestros sistemas de salud pública han tenido un desigual impacto en los profesionales. Aunque colmados de buenas intenciones, actitudes favorables y expectativas sensibles, estos proyectos no han cumplido sus objetivos. La universalidad de la asistencia, una prestación de servicios por parte de estructuras similares, la financiación uniforme, la relativa homogeneización formativa e ideológica de los profesionales, cierto grado de estandarización de la metodología de trabajo, hacían de nuestro país un inmenso laboratorio donde probar las oportunidades de las nuevas tecnologías para mejorar el trabajo de los profesionales e incrementar (o al menos intentarlo) el nivel de salud de la población. Después de transcurridos varios años desde la introducción de las primeras aplicaciones informáticas no se puede decir que con éstas se haya cumplido ni el diez por ciento de nuestros sueños

Un día, hace tiempo, al empezar la consulta me di cuenta de que me había dejado el fonendo en casa de Asunción, era el único que tenia, el de los avisos, residente en la cartera, hacía tiempo que se había roto y desde entonces hacía los domicilios con el mismo material que utilizaba en consulta. Como era un día no muy ajetreado, y para intentar demostrar una tesis que me rondaba la cabeza hacía tiempo, me propuse pasar la consulta sin fonendo. Lo intentaría, creía que podría hacerlo de igual manera que si lo tuviera; sólo me puse como límite que bajo ningún concepto mi empeño en pasar la consulta sin este instrumento podría perjudicar a los pacientes, y que haría y utilizaría lo que hago y utilizo en la consulta en un día normal. Mi empeño fue vano, al quinto paciente ya lo echaba de menos y dos pacientes más tarde tuve que pedirle a mi enfermero el fonendo tipo dra pepis que junto a los aparatos de toma de tensión adornan las paredes de las consultas de mi centro de salud.
Una cosa parecida ocurrió cuando, gracias la “eficacia” del encargado de suministros, nos quedamos sin depresores de madera o incluso el día que nos faltaron los guantes desechables. Recordando la idea que las cosas que son importantes de verdad, las que tienen impacto, son aquellas que si desaparecen se les echa de menos, al instante me pareció que estos instrumentos, incluso algunos considerados insignificantes, eran prácticamente imprescindibles.
¿Sería la historia clínica informatizada tan importante como estos útiles? Gracias a las mentes preclaras que se ocupan del mantenimiento informático no hizo falta esperar mucho. Un día decidieron que se debía realizar una actualización mayor durante la jornada laboral, actualización que ocupaba varias horas; de nada sirvieron las quejas, ni las reclamaciones. ¡Mire Ud, si nos deja sin historia clínica es como si nos dejara desnudos! ¡No se puede pasar consulta así!
Pero sí que pudimos; es más, ese día acabamos antes; pertrechados de los antiguos impresos, el boli, algo de temor y un poco de paciencia comprobamos que se podía pasar perfectamente una consulta de atención primaria sin servirse del ordenador.
Hace también algún tiempo, y cuando me disponía a entrar en la gerencia, dejé el paso y saludé a directivas de mi área. Se las veía contentas y sus ademanes delataban un estado de ánimo cuando menos alegre. Al preguntarles por el motivo de su regocijo me comentaron que, al contrario que otros días, en los que tenían que lidiar con mil y un problemas, a veces desagradables, ese día se iban a dedicar por entero a “ir de compras”.
¿Y eso?
Se iba a inaugurar un nuevo centro de salud y ellas eran las encargadas de elegir el mobiliario y todo el material decorativo que vestiría el nuevo centro.
Ante mi cara de extrañeza me preguntaron qué es lo que me parecía desacertado y si no creía que ellas fueran las indicadas para realizar esas gestiones.
Pues sí, conteste; se me ocurren varias personas más idóneas y más indicadas que vosotras, desde un decorador profesional hasta las personas que van a trabajar en ese centro.
Por último, recordar cómo hace ya algunos años un gerente británico de atención primaria nos miraba con envidia cuando les respondíamos que 3, a lo sumo 4, eran los programas de HCI que existían en la atención primaria española. Él tenía que lidiar con más de 20 tipos diferentes de programas. Hoy, casi 10 años más tarde, la fuerza del mercado ha reducido a menos de la mitad las aplicaciones informáticas de HCI en el Reino Unido y la fuerza de la política ha multiplicado por 4 el número de programas en nuestro país.
Estas anécdotas reflejan bastante bien el (pobre) impacto de la historia clínica electrónica, digital, informatizada, etc. en los profesionales sanitarios y sus probables causas. Por un lado, las grandes expectativas que surgieron ante su implantación se han visto escamoteadas por una deficiente implantación y, sobre todo, por un inexistente proceso de mejora e innovación una vez operativa la HCI. Por otro lado, el protagonismo en el desarrollo y mejora de esta nueva historia ha estado, y está, en manos no de los médicos o los pacientes, sino de informáticos, gerentes y políticos. El entusiasmo del profesional se ha visto defraudado, ya que no se han logrado las expectativas anunciadas.
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