Etiquetado: Sistema nacional de Salud
La Atención Primaria ante su mayor encrucijada: autonomía, reconocimiento y futuro en ‘Salud con H-alma
Publicado en GranadaDigital el día 28/05/2026 Por Jona Carles March
La atención primaria española atraviesa una crisis profunda, pero no terminal. Esa es una de las principales conclusiones que dejaron Rafa Bravo, Sergio Minué, Jaume Sellarés y Marta García en una extensa conversación sobre el presente y el futuro de la medicina de familia en España. Entre diagnósticos duros, autocrítica profesional y propuestas de reforma, emergió una idea compartida: la atención primaria sigue siendo el pilar indispensable del sistema sanitario, pero necesita cambios estructurales urgentes para sobrevivir.
Una paradoja global: imprescindible y abandonada
Sergio Minué resumió el momento actual con una paradoja demoledora: “La atención primaria nunca ha estado en el mundo en mejor situación y, a la vez, en peor situación”. Nunca antes las instituciones internacionales habían insistido tanto en que los sistemas sanitarios necesitan una atención primaria fuerte para ser sostenibles. Sin embargo, nunca había existido tanta desafección profesional hacia ella.
Los médicos de familia abandonan consultas, buscan salidas laborales alternativas o rechazan directamente incorporarse a la especialidad. Para Sergio Minué, el problema fundamental es político: la atención primaria nunca ha estado realmente en la agenda de los gobiernos, más allá de declaraciones retóricas.
La “atonía” del sistema
Rafa Bravo describió la situación con otra palabra clave: atonía. No se trata solo de falta de recursos o de médicos, sino de una pérdida colectiva de iniciativa y capacidad de reacción.
Según explicó, problemas históricos como la sobrecarga asistencial, la pérdida de continuidad o la falta de liderazgo se han normalizado. “Parece que ya nadie intenta cambiar nada”, lamentó. La innovación organizativa y las ideas transformadoras han desaparecido de muchos centros de salud, sustituidas por un clima de resignación.
Esa percepción fue compartida por Marta García, médica de familia y tutora de residentes, quien describió cómo muchos profesionales trabajan ya únicamente “en modo supervivencia”, intentando llegar al final de la jornada sin quemarse más.
El gran problema: la falta de reconocimiento
Uno de los consensos más sólidos de la conversación fue la infravaloración histórica de la medicina de familia. Marta García defendió que la atención primaria tiene un enorme impacto demostrado sobre la salud poblacional, pero recibe un reconocimiento institucional, social y mediático muy inferior al de otras especialidades.
La consecuencia directa es el desgaste profesional. Muchos residentes reciben durante toda su formación mensajes implícitos o explícitos que cuestionan su elección profesional: “¿Con esa nota has elegido medicina de familia?”.
La propia estructura del sistema alimenta esa sensación de inferioridad. Los participantes criticaron especialmente las relaciones jerárquicas con el hospital, la capacidad de los especialistas hospitalarios para rechazar derivaciones o pruebas solicitadas desde primaria y el uso creciente de médicos sin especialidad para cubrir consultas de atención primaria.
Autonomía profesional: la gran reforma pendiente
Si hubo una palabra que vertebró el debate fue “autonomía”. Jaume Sellarés, gerente de una Entidad de Base Asociativa (EBA) en Cataluña, defendió que sin autonomía organizativa no habrá transformación posible.
Para Jaume Sellarés, los equipos de atención primaria deben poder decidir cómo organizan sus agendas, qué perfiles profesionales necesitan, cómo distribuyen tiempos y recursos y cómo se relacionan con el hospital. “Quien mejor sabe lo que necesita un centro son sus propios profesionales”, afirmó.
El modelo actual, excesivamente burocrático y centralizado, impide adaptar la atención a las realidades sociales y territoriales de cada zona. Marta García puso como ejemplo su consulta en un barrio vulnerable con más de cuarenta nacionalidades distintas, donde aplicar los mismos indicadores o protocolos que en un centro urbano acomodado resulta absurdo.
Los participantes defendieron que la autonomía no implica privatización, sino capacidad real de gestión dentro del sistema público.
La longitudinalidad: el valor diferencial de la primaria
Aunque apareció más tarde en la conversación, la longitudinalidad terminó convertida en otra idea central. Los médicos reivindicaron el valor de la relación continuada entre profesional y paciente a lo largo del tiempo.
Para Sergio Minué, la evidencia científica sobre sus beneficios es “abrumadora”, pero paradójicamente ni gestores ni políticos parecen darle importancia. La continuidad asistencial mejora resultados clínicos, reduce ingresos hospitalarios y fortalece la confianza del paciente.
Jaume Sellarés explicó cómo incluso la percepción de una espera cambia si el paciente entiende que es “su médica” quien decide revisarlo en tres semanas y no una mera decisión administrativa.
Más allá de la tecnología
El debate también abordó el papel de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Aunque reconocieron su potencial, especialmente para el seguimiento domiciliario o la gestión clínica, los participantes insistieron en que la esencia de la medicina de familia no puede reducirse a herramientas diagnósticas.
Marta García advirtió del riesgo de que los médicos jóvenes se sientan más atraídos por técnicas o dispositivos que por el acompañamiento humano. “La verdadera medicina personalizada no es el genoma; es entender el contexto vital de la persona”, señaló.
La atención al duelo, el final de la vida, las visitas domiciliarias o la escucha activa siguen siendo, a su juicio, el núcleo irrenunciable de la especialidad.
Un futuro todavía posible
Pese al tono crítico de buena parte del debate, el cierre fue deliberadamente esperanzador. Marta García rechazó frontalmente los discursos catastrofistas y defendió que la atención primaria tiene futuro si se le permite desarrollarse.
“Cada día veo residentes brillantes, comprometidos y con ganas de hacer buena medicina de familia”, afirmó. El problema, insistió, no es la falta de vocación, sino un sistema que expulsa progresivamente a quienes quieren ejercerla con calidad.
La conversación concluyó con una idea compartida: la atención primaria española necesita una “reanimación” profunda, basada en autonomía, reconocimiento, continuidad y liderazgo profesional. Pero sus protagonistas siguen convencidos de que merece la pena pelear por ella
.
¿Pero hubo alguna vez cobertura sanitaria universal? ¿y equitativa?
Por Carlos García Marco. Médico Inspector de la Seguridad Social
Coincidiendo con una oleada de recortes presupuestarios sin precedentes y con la detección por el Tribunal de Cuentas de que 676.000 europeos habían eludido la facturación internacional obteniendo tarjeta del SNS como si fueran españoles sin recursos, el Gobierno español ha aprobado por vía urgente sendas normas (Real Decreto Ley 16/2012 y Real Decreto 1192/2012) que han modificado la cobertura sanitaria del SNS, en sus dimensiones objetiva (cartera de servicios y condiciones de acceso y utilización) y subjetiva (población protegida).
Algunos de los cambios operados en esta última dimensión han supuesto la retirada en pleno mes de agosto y de un día para otro de 900.000 tarjetas del SNS, mayormente de extranjeros que las habían obtenido con el simple empadronamiento y sin residencia autorizada. Este hecho ha tenido una notable repercusión mediática y ha suscitado críticas contra el actual Gobierno por “querer acabar con la vigente cobertura universal para volver a un sistema de Seguridad Social”, siendo así que con la salvedad de los cambios en extranjería las nuevas medidas amplían la cobertura SNS a españoles sin SS que hasta ahora carecían de tarjeta.
A este respecto y como nos recuerda el Consejo de Estado en reciente dictamen, el SNS se rige por los principios de universalidad, financiación pública y gestión autonómica, si bien los derechos subjetivos de su población protegida son reconocidos por el Estado y derivan de los antecedentes de cotización a la SS (y/o de la carencia de recursos económicos desde 1989), cobertura que sólo se extendió a todos los españoles residentes en territorio nacional (fuera del mismo rigen los convenios de SS) por Ley 33/2011 y según el siguiente esquema : el 1 de enero de 2012 a quienes hubieran agotado la subvención por desempleo y posteriormente y en función de la evolución de las cuentas públicas a los demás colectivos sin tarjeta.
Así las cosas, lo que hace la nueva normativa es profundizar en este esquema de la Ley del 2011 incorporando al SNS tanto a parados que dejaron de cotizar al finalizar la subvención del desempleo (y a sus beneficiarios) como a cualquier español mayor de 26 años que declare menos de 100.000 €/año en base liquidable de IRPF, incluyendo así a colectivos que tradicionalmente no cotizan a la SS (abogados, arquitectos, médicos…) o que lo hacen en régimen de cuota reducida al excluir la cobertura sanitaria-IT (órdenes religiosas, funcionarios locales de la extinta Munpal…). Algo que teniendo en cuenta las escasas declaraciones que superan dicho umbral, , y sumando los 2 millones de funcionarios cubiertos por sus mutualidades a través de entidades de seguro privada, va a suponer la práctica universalidad de la cobertura financiada con presupuestos del SNS o de las mutualidades de funcionarios .
Ello explica que el Consejo de Estado no haya reprochado al Gobierno las lógicas diferencias de trato con los extranjeros irregulares, sino el hecho de que estando las cuentas públicas como están y sin realizar ningún estudio económico previo, el Gobierno haya extendido la cobertura gratuita del SNS a españoles con recursos que han optado tradicionalmente por no cotizar a la caja de la SS y que cuentan con cobertura sanitaria privada (y ello, sin eliminar la posibilidad de que se desgraven simultáneamente dicha asistencia privada en el IRPF o en el impuesto de sociedades).
Se da la circunstancia de que este mismo incentivo fiscal (aunque por compra de seguro privado y con tope de 500 € por persona y año) es disfrutado desde hace décadas por otros colectivos con frecuente doble cobertura público-privada (autónomos y trabajadores de grandes empresas), lo que unido al mantenimiento de circuitos especiales en el SNS (periodistas con carné de la asociación de la prensa madrileña, empleados de antiguas empresas colaboradoras….) hace que el acceso al sistema sanitario no sea precisamente equitativo.
En este sentido, algunos estudios recientes, muestran que la España del año 2009 se situaba a la cabeza del ranking de países de la OCDE con mayor inequidad pro-ricos en la utilización de determinados servicios sanitarios (probabilidad y frecuencia de visitas a un médico especialista o en acceso al dentista), mientras que sólo se registraba inequidad pro-pobres en el acceso a la masificada y socialmente peor valorada medicina general.
Con estos preocupantes antecedentes de dualización asistencial y con los sangrantes recortes presupuestarios en salarios médicos y de otros profesionales sanitarios, parece evidente que los problemas prioritarios no afectan a la dimensión subjetiva de la cobertura del SNS (sin perjuicio de arbitrar soluciones transitorias para los extranjeros excluidos) sino a la dimensión objetiva y material de la misma, es decir, a la cartera de servicios ofertada y a las condiciones de acceso y utilización real de los servicios sanitarios financiados o subvencionados públicamente, los cuales no siempre son preferentemente utilizados por los españoles que más los necesitan clínicamente sino por aquellos que atesoran mayores recursos o influencias, sociales o territoriales.