Categoría: Medicos
la consulta abierta y su enemigos (V)
Los políticos y gerentes también aspiran en algunas ocasiones a un médico omnipotente. Por ejemplo, cuando en el mercado farmacéutico existen réplicas y asociaciones de medicamentos que no aportan nada, y cuando se autoriza la nueva comercialización de medicamentos similares. Resulta curioso, si no ridículo, que los políticos sanitarios esperen de los médicos racionalidad sin límites cuando ellos mismos no resisten las presiones para aprobar la comercialización de tales especialidades.
La prescripción racional cae sobre los hombros del médico, que ciertamente ha de prescribir racionalmente, pero en un contexto que le ayude a hacerlo. Los políticos pueden mejorar ese contexto reduciendo los medicamentos financiados públicamente a los que tengan un coste-efectividad demostrado. Es más, esos medicamentos correctamente utilizados deberían ser gratis para todos los pacientes que los necesiten. En el extremo opuesto, dejar el control del coste farmacéutico en las manos del médico “normal” es ingenuo, si no ridículo.
A los médicos se le puede pedir racionalidad, lo mismo que a los políticos y a los gerentes, pero conviene que los fallos de estos no se pretendan resolver con los aciertos de aquellos. Si lo que se pide es heroicidad en un ambiente carnavalesco se obtendrá burla y escarnio. O “cultura de la queja” y cinismo clínico, como ya he comentado. El buen gobierno clínico, en el campo concreto de la prescripción y en todos, se logra con médicos responsables y competentes, y con un ambiente propicio y científico. Es decir, con un entorno de mutua confianza fundado en la lógica y la ciencia. De ello a veces hay poco.
Párrafo extraído de Gérvas, J. Gobierno clínico de la clínica diaria. En: El buen gobierno sanitario. Ortún, V. (director). Madrid: Springer Healthcare Communicating; 2009. pág. 27-46.
A través de la lista MEDFAM-APS.
la consulta abierta y su enemigos (III)
Ateniense:Los enfermos de las ciudades son libres o esclavos: ¿y no has observado que los esclavos se dejan curar ordinariamente por otros esclavos, que van de un punto a otro por la ciudad, o que reciben los enfermos en la oficina de sus maestros? El médico de esta clase no entra en pormenores con el enfermo a propósito de su mal, ni sufre que él razone sobre el mismo; y después de haberle prescrito, a modo de verdadero tirano y dándose aire de hombre entendido, los remedios que la rutina le sugiere, le abandona bruscamente para ir a visitar otro enfermo, descargando así a su maestro de una parte de los cuidados de su profesión. Por el contrario, el verdadero médico sólo visita y cuida de los enfermos que son de condición libre como él: se informa de ellos mismos o de sus amigos acerca del origen y del progreso del mal, y después de haber obtenido todas las aclaraciones convenientes, instruye al enfermo hasta donde le es posible, no prescribiéndole remedios sino después de haberle decidido con buenas razones a tomarlos: y procura volverle poco a poco la salud. dulcificando su espíritu y disponiéndole para todo por medio de la persuasión. ¿Cuál es a tu parecer, el mejor de estos dos médicos? Y lo mismo digo de losmaestros de gimnasia. ¿cuál es el mejor? ¿El que emplea dos medios para llegar a su objeto, o el que emplea uno solo. que es además el peor y el más duro?
la consulta abierta y sus enemigos (II)
Los fines erróneos de la medicina y el uso incorrecto del conocimiento médico
En Los fines de la medicina (The Goals of Medicine) Traducción de la Fundación Grifols de «The Golas of Medicine» Hastings Center.
La autonomía y el bienestar social como fines médicos.
La medicina contemporánea ha experimentado en muchos países una gran evolución hacia un mayor reconocimiento del respeto que se debe a las personas; principio que se recoge en la mayoría de las declaraciones internacionales. Este respeto se ha entendido comúnmente, en su sentido más amplio, como un derecho a la autodeterminación, o autonomía, en la medicina y la asistencia sanitaria. En cierto modo, la medicina siempre ha tratado de fomentar algunas formas de autonomía, como en el caso de los discapacitados físicos o mentales, y en general, la salud de los individuos ha sido siempre una de sus preocupaciones básicas.
Pero ahora se argumenta que, en un sentido aún más amplio, la autonomía se debería considerar como fin en sí, quizás incluso como “fin supremo” de la medicina: la plena autodeterminación en el ejercicio de cada vida. ¿No es cierto que el fin ulterior de la buena salud es vivir una vida propia, con libertad de acción y sin las limitaciones que representa una enfermedad?
La salud tiene efectos positivos en la posibilidad de gozar de libertad, pero sería un error pensar que ésta última constituye un fin de la medicina. La salud es una condición necesaria para la autonomía, pero no suficiente, y la medicina no puede aportar esa suficiencia. Dado que muchas otras instituciones, como la educativa, fomentan esa libertad, resulta obvio que la medicina no es la más apropiada para promocionar ese bien, incluso aunque en ocasiones sus contribuciones al fomento de la autonomía sean decididamente valiosas.
El ámbito propio de la medicina es el bien del cuerpo y de la mente, y no el bien completo de la persona, al que sólo puede contribuir como un factor más, e incluso en ese caso, únicamente en determinados aspectos de la vida. La medicina se pone a sí misma en peligro si se considera un mero instrumento para ampliar las opciones y satisfacer los deseos individuales, e incita a que la sociedad la emplee con motivos que no guardan relación con la salud. En ocasiones, este uso podría ser aceptable, lo cual no implica convertir la actividad médica en un medio para la consecución de fines privados.
Del mismo modo que sería un error considerar la autonomía como un fin fundamental de la medicina, por su excesivo individualismo, lo mismo ocurre con el bienestar social, esta vez demasiado colectivo. Si el recuerdo del intento por parte de la eugenesia médica de servir a una visión pervertida de la sociedad no es suficiente aviso en sí, existen también otras razones para la precaución. La medicina no tiene la capacidad de determinar en qué consiste el bien general de la sociedad. Para desempeñar un papel general en la promoción del bienestar social más allá de la mejora de la salud de los ciudadanos, la medicina tendría que contar con la capacidad para definir ese bien general, para así determinar cuándo podría poner sus técnicas al servicio de fines sociales, o subordinadas a los mismos.
La medicina no dispone de dicha capacidad y, de permitir que la usaran de este modo, pondría en grave peligro tanto su integridad como sus fines propios. Una sociedad que emplee la medicina para eliminar sistemáticamente a los débiles o enfermos, para servir a fines políticos partidistas, para convertirse en sierva de la autoridad política, o incluso de la voluntad del pueblo, perdería igualmente su integridad e identidad propias.
La consulta abierta y sus enemigos (I)
En todas las encuestas, consultas, estudios y evaluaciones que se realizan sobre la atención primaria uno de los puntos mejor valorados de forma constante y repetida por parte de los pacientes es la relación con su médico de cabecera. Aparte de aspectos organizativos e ideológicos del sistema sanitario que le atiende, el paciente percibe que una adecuada relación con el profesional es lo más importante, de tal forma que valora el sistema sanitario en su conjunto de acuerdo a como le vaya en esta relación.
Este contrato que establece con su médico es un acuerdo en el que este se convierte en la principal ayuda del paciente en la lucha contra el problema de salud que le preocupa, ya desde el principio y de forma tacita el paciente asume que el médico va a hacer por él, lo que mejor pueda y sepa. Cuando el médico primero no puede realizar por si mismo todo lo que el paciente necesita, sabe que lo va derivar a donde mejor se pueda resolver el problema, y de esta forma el médico se convierte en algo así como el valedor del paciente en su discurrir por el intricado sistema sanitario.
El paciente lo cree y probablemente deba ser así. Cuando un paciente viene a consulta y nos pide nuestra opinión sobre cualquier tema relacionado con su salud en el que nosotros no estamos directamente implicados, no solo está pidiendo información, viene a nosotros porque somos SU médico. No el que más sabe, incluso puede que no sea el más empático, pero la persona enferma lo percibe, y lo necesita, como propio, y algo que es nuestro no puede hacernos daño.
Para realizar de la mejor manera esta especie de misión que tenemos que asumir queramos o no, el buen médico de familia lo quiere, el profesional necesita tres facultades imprescindibles: libertad, conocimiento y autoridad. Cualquier cosa que socave estas virtudes, que disminuya la capacidad del médico para cumplir su contrato con el paciente se convierte en un enemigo de la consulta abierta y por ende de la mejora de la salud del paciente.
hoy
prejuicios en la consulta
Durante la consulta diaria y especialmente cuando nos enfrentamos a síntomas somáticos de origen poco claro o inexplicados los médicos recurrimos a la petición de pruebas como un análisis de sangre sin un objetivo diagnóstico claro.
En unos casos es simple y llanamente el resultado de una petición expresa por parte del paciente.
En otros subyace la creencia, fundada o no, por parte del médico de que la realización de una analítica tranquilizara al paciente y aumentara su satisfacción.
Conscientes de que esta práctica no es del todo correcta y que se podría ensayar un especie de espera activa antes de realizar un analítica, un grupo de investigación de medicina general holandés publicaron un estudio titulado Influence of Watchful Waiting on Satisfaction and Anxiety Among Patients Seeking Care for Unexplained Complaints donde se pone a prueba la hipótesis de que no realizar una analítica incrementa la insatisfacción y preocupación de los pacientes.
En este ensayo clínico aleatorizado por cluster, donde la unidad de aleatorización era el consultorio compuesto por uno más médicos, se formaron tres grupos, uno compuesto por medico que pedían de forma inmediata el análisis de sangre, un segundo que posponía esta petición tras unas cuatro semanas de espera expectante, y un tercero que hacia los mismo que el segundo pero además participaban en un programa de mejora de la calidad asistencial.
Los pacientes acudían a consulta con síntomas tales como fatiga o síntomas músculo-esqueléticos y se consideraban como de causa incierta si tras una entrevista y exploración estándar, media no se lograba llegar a un diagnóstico. La satisfacción y preocupación después de la consulta se midió con dos preguntas, así mismo se les pregunto sobre la satisfacción en general con su médico de cabecera y su preocupación antes de la consulta.
Los resultados en las puntuaciones a las dos preguntas no variaron significativamente entre los tres grupos. Tras un análisis multivariante se estudiaron las variables que se asociaban con aumento de la satisfacción, y se encontraron que estar satisfechos con su médico en general o sentir que se les tomaba en serio eran lagunas de ellas. Por el contrario la satisfacción disminuía si su médico era joven o cuando su médico creía que sus síntomas eran soportables. La preocupación o ansiedad de los pacientes tras la consulta se asociaba con estar preocupados previamente, o en le caso de que los pacientes esperaban ser remitidos al especialista, o que se les realizara un análisis de sangre.
Este estudio no confirmó la hipótesis de que esperar en la petición des pruebas para los pacientes con quejas inexplicables disminuiría la satisfacción del paciente y aumentar la ansiedad de estos paciente. Nos muestra que entre pacientes con síntomas inexplicados, pedir análisis de sangre no aumenta la satisfacción con la visita, ni disminuye su preocupación. En su lugar, los pacientes valoran más aspectos específicos de la comunicación del médico con el paciente.
El careo

Madrid 02/02/2011 Tras el rechazo suscitado entre los profesionales de Atención Primaria por unas declaraciones del responsable de Hospitales de Madrid, Antonio Burgueño, sobre el funcionamiento de dicho nivel asistencial y el trabajo de sus médicos, la Federación de Médicos y
Titulados Superiores de Madrid (FEMYTS) ha pedido una rectificación de este responsable, quien ha contestado pidiendo un careo público al sindicato tras las elecciones autonómicas
reclamado
Las reclamaciones sobre actuaciones médicas por vía judicial son un fenómeno creciente y raro es el día con que lo periódicos no nos despiertan con alguna notica relacionada con ese
tema. En ocasiones, la mayoría, son indemnizaciones millonarias que la administración sanitaria debe abonar como resultado de algún error médico, en otras son historias más o menos truculentas, en las que siempre se amenaza al médico con acciones judiciales y de las que no se libran algún famoso con alguna enfermedad no descubierta a tiempo. Sin embargo poco se escribe sobre las consecuencias que una reclamación judicial tiene para la vida personal y la práctica profesional de los médicos afectados.
En el número de Enero de este año de Revista Clínica Española se publica un artículo* que tiene este objetivo y en el cual se analizan las encuestas realizadas a 169 profesionales que habían sido objeto de una reclamación judicial. A pesar de que solo en el 6% hubo resolución judicial desfavorable, la mayoría de los encuestados viven las reclamaciones como una experiencia personal mala o muy mala que afecta a la disposición con que el médico encara su profesión, a la forma de trabajar y a su vida familiar. Las peculiaridad del sistema sanitario en España, con provisión publica y profesionales asalariados hacen que las características de las reclamaciones sean distintas tanto en calidad como en cantidad a la de otros países, pero el problema existe y tiene una importante repercusión en los médicos lo que debería llevar a las instituciones, colegios de médicos sociedades científica a plantear medidas preventivas y un enfoque distinto del actual. Acciones que intente paliar la sensación mas prevalente después de una reclamación judicial en estos compañeros que, aunque no lo diga el artículo, son la soledad y la incomprensión.
* Perea Pérez B, Santiago Sáez A, Labajo-González E ,. Albarrán Juana ME, Sánchez-Sánche JA. Consecuencias de las reclamaciones judiciales sobre los médicos afectados. Rev Clín Esp 2011; 211(1): 17-22
antiburocracia: primer aviso
El Grupo Antiburocracia de Madrid (GAB) lo componen médicos de atención primaria (AP) de la Comunidad de Madrid, sin ningún nexo con organizaciones políticas, sindicales, científicas o de cualquier otra índole, interesados en disminuir la carga burocrática de los médicos de AP, para, de este modo, disponer de más tiempo para atender correctamente a nuestros pacientes y mejorar la calidad de la asistencia clínica.
Hemos solicitado ser recibidos por la Consejería de Sanidad para exponer nuestro punto de vista y sugerencias sobre el modo de resolver cuestiones que nos preocupan; no solo a nosotros, sino a 2400 médicos de AP que, con su firma, avalan nuestras propuestas y que son apoyadas de forma explícita por la Mesa de AP del Colegio de Médicos y la mayor parte de las sociedades científicas de AP y sindicatos.
Como el tiempo transcurre sin recibirse respuesta, queremos hacer público en este acto el listado de temas que deberían ser resueltos a través de la intervención de la Consejería: Sigue leyendo
A Confederacy of Dunces,
La puesta en vigor del nuevo catálogo gallego de medicamentos como todas las cosas en esta vida tiene efectos secundarios, en este caso benéficos como servir para desenmascarar la inconsistencia y simplicidad de los que implantan medidas para la contención del gasto farmacéutico y de quien las aplaude.
En primer lugar hay que reconocer la elegancia de los políticos gallegos que en lugar de recurrir a subterfugios informáticos y restricciones marrulleras a la libertad de prescripción (tipo vasco, cántabro, manchego, castellanoleonés y ahora también extremeño) agarren el toro por los cuernos y asuman su tarea atrayendo hacia ellos la responsabilidad y las consecuencias benéficas (o maléficas) de estas medidas.
Que distintos de esos despreciables políticos que escudándose en los profesionales y aprovechado las herramientas informáticas, caen en la tentación totalitaria de restringir la prescripción de forma furtiva y sibilina.
También es de agradecer que la ley gallega diga textualmente:
En la medida en que la situación económica lo permita, la Xunta de Galicia reinvertirá los ahorros derivados de las medidas previstas en la presente ley en la mejora del sistema sanitario público, especialmente en la atención primaria.
aunque tiene aspecto de bridis a sol al menos no se lo gastan en hospitales como el anuncio del ministerio
Reconocida esta elegancia también hay que contemplar su ingenuidad y falta de visión. El ministerio, como no podía ser de otra forma ha recurrido la ley gallega y además tiene todas las de ganar. Es de sentido común, no se puede estar reclamando criterios de equidad e igualdad de las prestaciones sanitarias en todo el territorio nacional y luego permitir diferentes políticas de medicamentos (que son una prestación sanitaria) según una u otra comunidad autónoma, estas no tienen capacidad para legislar sobre una materia que no es de su competencia. O se hace en todas o no se hace en ningún sitio.
De forma colateral, el catalogo de medicamentos que ha publicado el servizo galego de saúde nos ha traído otras dos sorpresas:
la primera es que muestra de forma gráfica que los medicamentos genéricos tienen diferentes precios, y algunos por tanto algunos no serán financiados. Este hecho pone de manifiesto las contradicciones de la políticas de genéricos realizadas en los ultimos años y que por fin los gestores se atreven a hablar de directamente de gasto si subterfugios, ni coartadas genéricas. Pero eso sí, hay que ser muy pardillo para igualar en la percepción de la gente, sanidad pública con “sanidad barata” y esto es lo que hacen de forma indirecta estas medidas atolondradas.
La segunda sorpresa es que es triste ver como profesionales reputados apoyan estas posturas calificándolas de valientes, hay que ser muy iluso para considerar estas medidas valientes y oportunas.
Aparte de que sean ilegales e injustas, son sobre todo profundamente ineficaces. Este catalogo no va a bajar el gasto farmacéutico y si no al tiempo. La solución al gasto farmacéutico es compleja pero no pasa por pagar más baratos (algunos) medicamentos, sino por conseguir que se prescriban menos medicamentos inadecuados, que la sociedad en su conjunto y los pacientes en particular se responsabilicen del gasto ocasionado, y que el contexto en el que se prescriben los medicamentos se acerque al idóneo y no a una cadena de montaje como en la actualidad.
Cuando nuestro compañeros de guidolandia caigan de su estado, o se recuperen del autosecuestro ideológico que les obnubila el sentido crítico, se darán cuenta que la solución pasa también y sobre todo por la libertad y la dignidad de los profesionales sanitarios.


