Daremos lo que tenemos

Artículo publicado en el Ideal de Granada el 3 de abril de 2020 por Manuel Gálvez Ibáñez. Medico de familia y autor de libro ¡Vive! Reflexiones de un Médico de Familia

(No) hemos perdido aun este crepúsculo, nadie nos vio esta tarde con las manos unidas, mientras la noche azul caía sobre el mundo. Del poema Núm 10. Pablo Neruda

En cualquier medio, en sus programas serios, vemos y escuchamos a los más prestigiosos expertos en áreas reducidas del conocimiento. Muy rara vez a médicos de familia

A día 2 de abril, ya van cinco médicos muertos por el coronavirus en España. Casualidad o no, lo cierto es que los cinco eran médicos de familia, trabajaban allí donde las personas llevan a cabo su vida cotidiana. También hemos tenido que escuchar en un programa de televisión que los médicos de familia, no estamos como en el hospital, que nos hemos escondido tras el teléfono. No hacía falta añadir indignación al dolor. También, en cualquier medio, en sus programas serios, vemos y escuchamos a los más prestigiosos expertos en áreas reducidas del conocimiento. Muy rara vez a médicos de familia.

Vemos que frente a la visión de conjunto se prefiere la voz hiperespecializada, aunque nunca se hayan vestido con un EPI, aunque nunca hayan sentido el miedo de cerca. Vemos también en los medios cómo se gana audiencia primando la algarabía frente al discurso sosegado. Vemos que frente a la posibilidad de hacer menos frecuentes los ingresos se prefiere y se ensalza lo que después se hace. Las noticias se inundan de urgencias hospitalarias abarrotadas, de Unidades de Cuidados Intensivos colapsadas. También leemos las estadísticas que no se destacan. Así vemos que, en Andalucía estamos con unas cifras unas 5 o 4 veces mejores que en Madrid o Barcelona. Sí, lo sabemos, puede ser el clima u otras causas. Pero, a modo de hipótesis, ¿qué tal si la diferencia, radica en que una comunidad autónoma forjó y mantiene –con todas las limitaciones que no nos cansamos de exponer– una APS robusta y las otras la desmantelaron?

¿Qué tal si esos centros de salud, esos consultorios implantados hasta en lo más recóndito del territorio, en todos los barrios; si esos equipos de médicos y enfermeras, son los que han aconsejado, acompañado, informado, aliviado, apagado miedos y así han contribuido en gran medida a: 1) frenar los contagios, a disminuir el número de casos y 2) hacerse cargo de muchos de ellos en el domicilio, logrando así descongestionar nuestros hospitales?

No se remarca en las noticias; pero si al número total de contagiados le restamos los que sí aparecen, aun nos quedan unas 50.000 personas que están siendo monitorizadas, seguidas, por teléfono o en sus domicilios. Toda una ingente y callada labor con enormes resultados en salud y desaturación de los hospitales. ¿Quién lo está haciendo? A lo anterior hay que sumar, que ¡hay vida más allá del coronavirus!, que sigue habiendo dolores abdominales, sospecha de cánceres, pacientes crónicos a los que controlar.

¡Qué difícil ser conscientes del valor multiplicador de las ¿pequeñas? cosas!

Sí, es cierto, los médicos y las enfermeras de familia no separamos siameses. Nunca vamos a abrir el telediario. Pero una cosa es la dificultad y otra la perseverancia en el (muy posible) error, la contumacia. No sólo se desmanteló la APS antes de la epidemia, sino que –presos de la misma ceguera– estos días se desmantelan los centros de salud, se llevan al hospital a sus profesionales; se llevan a aquellos que son los únicos que podrían hacer que menos gente fuera ingresada. Pongamos que hablo de Madrid.

Mañana seguiremos dando todo lo que tenemos, aunque no nos hayan dado todo lo que necesitamos. Mañana volveremos a la primera línea de la incertidumbre, allí donde ha sido –y aún lo es– mucho más difícil saber dónde está el peligro, allí donde más infradotados de medios se ha estado, allí donde ¿sorpresivamente?, al menos hasta ahora, se han acumulado las vidas truncadas. Mañana trataremos de añadir calidez a la calidad de nuestras acciones. Mañana también trataremos de contestar cuando nos preguntéis: ¿y Vd. qué nos aconseja Dr.? De lo que respondamos a esa pregunta las decenas de miles de médicos de familia españoles, se llenarán más o se llenarán menos nuestros hospitales.

Porque somos los herederos de la Medicina humanística, la que entiende de la Ciencia para aplicarla a personas en su integridad y a sus familias, a personas que llamamos por su nombre, las visitamos a domicilio, a las que miramos y sonreímos, a las que –junto con las enfermeras– cogemos de la mano (aunque sea enfundados en un guante), llamamos por teléfono, cogemos el teléfono cuando nos llaman, acompañamos en sus miedos. Porque nos empeñamos en curar mientras podemos, aliviar cuando no podemos más, y consolar, estar ahí, cerca, … siempre. Sí, mañana también habrá dolor más allá del coronavirus y volveremos a preguntar, ¿cómo te sientes, Adela?, ¿te ha llamado tu familia, Juan?, ¿cómo te va, Trinidad?, ¿qué tal si te quedas en casa, con los tuyos? Y nada más.

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