no habrá publicidad de medicamentos

La semana pasada tuve la grata ocupación de moderar una mesa de las II Jornadas Farmacríticxs en Madrid. En ellas una de las ponentes Mª Carmen Puerta nos aclaro con brillantez la situación actual de la publicidad dirigida al consumidor de medicamentos de prescripción en la Comunidad Europea. Como quiera que se han dado informaciones contradictorias en la blogosfera, le pedí que me hiciera un breve resumen para publicarlo en el blog. En ese texto se aclara que la publicidad sobre medicamentos no esta permitida ni es probable que se apruebe a corto y medio plazo- El texto completo se expone a continuación:

Situación en Europa sobre la información de medicamentos de prescripción al público (marzo 2011)

por Maria del Carmen Puerta Fernandez.

La legislación europea sobre medicamentos (Directiva 2001/83) prohíbe la publicidad de medicamentos con receta al público.
Desde hace unos años, en Europa se está discutiendo la modificación de esta Directiva en lo relativo a la información de medicamentos de prescripción a los ciudadanos europeos, tras haber sido rechazada en 2002 por el Parlamento la propuesta de la Comisión Europea de permitir la publicidad de medicamentos con receta para tres enfermedades: asma, SIDA y Diabetes.

En los países en los que se permite la publicidad de medicamentos con receta al público (EEUU – no financiados – y Nueva Zelanda – financiados -), se han estudiado los efectos de la misma, resultando ser negativos en su mayoría:

  • sobre los pacientes: aumentan las inquietudes sobre su estado de salud y se crean expectativas exageradas, se favorece la medicación innecesaria en grupos de población sanos, se induce la solicitud de medicamentos que no son los más adecuados para su salud (la publicidad exagera eficacia y minimiza riesgos), carecen de información comparativa sobre las opciones de tratamiento disponibles.
  • sobre los profesionales: aumenta la presión para la prescripción de los medicamentos publicitados, se afecta la relación médico-paciente.
  • sobre el sistema sanitario: aumentan las prescripciones de medicamentos de mayor coste y que presentan una relación beneficio/riesgo peor establecida, etc.

Estos efectos también los tendría una información que resultara ser publicidad encubierta, por lo que hay que establecer de forma clara la diferencia entre información y publicidad.

En 2004, la Directiva 2007/24 introdujo ya una modificación en este aspecto: se proponía un plazo de 3 años a la Comisión para presentar un informe con las políticas de los diferentes países miembros en materia de información de medicamentos al público.

En 2007 se presenta dicho informe y se concluye que falta armonización en este aspecto entre los diferentes países, y que “los pacientes eran los más perjudicados”. Con las consideraciones del informe, en 2008 se somete a consulta pública una propuesta legal de información de medicamentos a pacientes; el texto es contestado por diversas entidades y particulares: es aceptado por toda la industria farmacéutica y por la mayoría de medios de comunicación y rechazado por la totalidad de asociaciones de consumidores y aseguradoras y por la mayoría de organizaciones de pacientes, profesionales sanitarios (y sus organizaciones) y Agencias Reguladoras. Aun así, con argumentos de uno y otro lado, se publicó una propuesta de Directiva en diciembre de 2008, con un texto ambiguo, que no distinguía bien los conceptos de información y publicidad y que seguía siendo rechazado por una mayoría de Agencias reguladoras y profesionales. El Comité de las Regiones (representación en Europa de las regiones de los diferentes países) dio un paso más y no sólo respaldó la prohibición de la publicidad de medicamentos con receta al público, sino que además solicitó que se controlara la promoción de enfermedades y trastornos que hacen las empresas farmacéuticas en los medios de comunicación a fin de eludir esta prohibición.

El último texto que conocemos de la propuesta de Directiva corresponde a unas enmiendas que el Parlamento ha introducido el 24 de noviembre de 2010 y que delimitan mejor la barrera entre información y publicidad. Las principales enmiendas con respecto a la provisión de información de medicamentos por parte de la industria son:

  • La directiva debe centrarse en el derecho del paciente a estar informado y no en el de la industria a difundir información: cambia “difundir” por “poner a disposición” en todo el texto.
  • La información debe ser buscada por el paciente: Prohíbe no sólo radio y TV sino también prensa. Sí en internet (sitios web registrados por las Autoridades) o como respuesta a una consulta.
  • La directiva no se aplica a prensa y organizaciones de pacientes siempre que actúen con independencia y no en interés de empresas farmacéuticas o siguiendo sus instrucciones.
  • Se prohíbe que un laboratorio informe sobre medicamentos de un competidor (por ejemplo, para no desprestigiar los genéricos).
  • Rechaza la posibilidad de control voluntario mediante organismos de autorregulación.
  • Elimina la posibilidad de presentar el medicamento en el contexto de la enfermedad.
  • Permite comparaciones siempre que estén en los documentos oficiales (FT, EPAR).
  • La “información” que libremente se puede poner a disposición del público es la oficialmente aprobada: Ficha Técnica (FT), prospecto, etiquetado y EPAR de medicamentos autorizados.
  • Podría darse también “otra información” (diferente de los documentos oficiales) basada en los mismos y presentada de forma diferente, sobre estudios, etc., que debe estar aprobada previamente por las autoridades competentes y debe facilitarse solo en un formato aprobado.

También contempla el texto la obligación por parte de las Autoridades Sanitarias de proporcionar información sobre medicamentos al público.

La propuesta de Directiva pretende regular la información, no permitirla. La información ya se está dando sin control. Aunque por ahora el texto no refleja expresamente lo solicitado por el Comité de las Regiones de controlar la promoción de enfermedades que pudiera suponer una publicidad encubierta de medicamentos, parece que con la nueva redacción se podrá distinguir de una forma más clara entre publicidad e información. La Administración requiere una importante inversión para hacer frente a esta nueva actividad.

  1. Javithink

    Fue una mesa muy dinámica y entretenida, ciertamente.
    Otro dato es que al parecer la publicidad directa al consumidor no se ha demostrado completamente costo-efectiva para el publicitante (la industria farmacéutica), hay estudios para ambos lados…

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  2. Jose Manuel Brea

    ¿Debe entenderse que no está permitida la publicidad de medicamentos que precisan prescripción? Pues se siguen publicitando fármacos que precisan prescripción (aunque no sea “oficial”), como el sildenafilo.

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  3. Mª Carmen Puerta

    Sí, José Manuel, la publicidad al público de medicamentos de prescripción está prohibida, pero, en ocasiones, la industria, para eludir esta prohibición, utiliza otras estrategias para dirigirse al público no tan explícitas como la publicidad directa: DTC unbranded – directo al consumidor sin marca -, disease awareness – concienciación de enfermedades -, etc.), siendo difícil en algunos casos demostrar legalmente que se trata de publicidad encubierta de un medicamento. Por eso es importante que la futura norma europea prohiba expresamente esas otras estrategias.

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  4. Irene Tato

    Los periodistas de información sanitaria que voluntariamente pertenecemos a ANIS aceptamos hace ya 4 años una Declaración (Sevilla oct. 2007) por la cual nos comprometíamos a la divulgación objetiva, veraz, honesta e indeopendiente de la información relativa a la salud, por tanto exijo respeto hacia los periodistas que deciden en sus medios distribuir notas de prensa de laboratorios farmacéuticos que anuncian la aprobación de sus fármacos por la AEMPS pues ello no significa publicidad alguna, es un derecho del paciente el estar informado de qué medicamentos legales se ponen en el mercado. Dejemos de atacar al mensajero, el buen periodista de información sanitaria tiene en sus manos la posibilidad de hacer una educación sanitaria tan válida como la de otros agentes de salud como son el médico, el enfermero o el farmacéutico

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