los otros

La huelga iniciada la semana pasada por los médicos dependientes de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, y que continua en esta, ha puesto de manifiesto la anómala situación en la que se mueve la asistencia sanitaria de las personas institucionalizadas en nuestra comunidad. Aunque a las residencias de personas mayores de titularidad privada no les afecta esta huelga, el problema de fondo es similar y tarde o temprano estallara dando lugar a las mismas situaciones esperpénticas que estamos viviendo estos días.

Desde hace tiempo y bajo la premisa cierta de que cualquier persona tiene derecho a la asistencia sanitaria, y que el hecho de estar institucionalizada no varia en nada este derecho, a cada persona que pasa a residir en unos de estos centros se le asigna un medico de familia del centro de salud correspondiente a la zona básica donde esta ubicada geográficamente la institución. El medico de familia pasa a ser el responsable de proveer los servicios sanitarios correspondientes a la atención primaria con la misma calidad y diligencia que a cualquier otro paciente.

Pero es a partir de aquí cuando empieza a fallar la lógica, estos pacientes no son pacientes «estándar», ni una residencia un domicilio habitual y normal. Basta repasar los apellidos de estas instituciones (ancianos, grandes discapacitados, discapacitados intelectuales etc.) para saber que son personas muy especiales que requieren una atención mucho mas intensa y que genera un consumo de recursos materiales y profesionales mucho mayor que la media habitual. Que estos pacientes se alejan del estándar lo prueba el hecho de que, en la mayoría de los centros trabajan médicos que dedican todo su tiempo al cuidado y atención de estas personas. El mismo servicio madrileño de salud y las áreas sanitarias habilitan procesos de gestión especiales de suministro de material sanitario, y circuitos diferenciados de emisión de recetas de medicamentos y dispositivos, el servicio de salud permite igualmente, que algunos de sus servicios se tramiten directamente desde estos centros (públicos y privados), e incluso el mismo trámite de solicitud de tarjeta sanitaria se ve «aligerado» para los residentes en estas instituciones.

Los médicos de familia «gracias» a sus directivos, al trabajo de médicos dependientes de la consejería de familia y asuntos sociales, y a estas consideraciones especiales comentadas previamente, se ve liberado de la asistencia directa (en muchos casos, el médico de familia ni siquiera conoce a sus pacientes institucionalizados) pero a la vez se ve obligado a realizar muchas de las tareas burocráticas que corresponden a su cuidado, bien porque los médicos de los centros no están habilitados, o bien porque en situaciones especiales éstos no pueden o no quieren hacerlas.

Se produce así una  burlesca paradoja, los pacientes son del medico de familia pero este no los asiste. El médico que los asiste, no es su médico y no puede constar así para ciertas situaciones burocráticas. El servicio que teóricamente le presta la asistencia es público, pero la asistencia real es ejercida por otra consejería o por la iniciativa privada. Cuando por cualquier incidencia (huelga, absentismo, vacaciones) los médicos que en realidad prestan la asistencia no la realizan, la administración (la sanitaria y la otra) y algún sindicato despistado, le asignan directamente la tarea a un medico de familia sobrecargado, no familiarizado con el paciente, con complejo de esquirol y cada vez mas harto. Eso si se hace creer a los familiares de los pacientes institucionalizados que la asistencia no se merma y que continúa igual que antes.

Este galimatías surge de la falta de normalización y reglamentación de una situación, antaño poco frecuente, pero cada vez más cotidiana. Cuando se adscribe de forma indiscriminada a las ya saturadas consultas de atención primaria esta población se esta haciendo un flaco favor, tanto a estos nuevos pacientes como a los habituales, y sobre todo al medico de familia, al centro de salud y a la atención primaria.

Los problemas crecientes se minimizan por la gerencias de atención primaria, que como buen estadio intermedio de una estructura jerarquizada carece de imaginación y compromiso con sus profesionales. Pero la situación ya no se puede ocultar. En estas fechas la huelga de médicos de la consejería de familia lo esta poniendo de manifiesto. Es urgente una reglamentación, cualquier modelo es válido, desde la autonomía total de estos centros (como en otras comunidades) hasta la plena asunción de la asistencia por parte de los centros de atención primaria, eso sí, provistos de los recursos humanos y técnicos suficientes.

Como en tantas cosas, la atención primaria esta siendo en este caso, el lugar donde van a parar todas las cosas que nadie quiere, puede, o sabe hacer. Pero como se le decía a Catilina nuestra paciencia se está acabando. Los pacientes institucionalizados necesitan y merecen más y mejor atención. El modelo, si se le puede llamar así, actual basado en el voluntarismo y en la improvisación, no solo repercute en el centro de salud sino, y lo que es más importante, en la atención de estos pacientes que, como mas desfavorecidos, requieren un mayor esfuerzo de atención por parte de sus médicos y de la sociedad.

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