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Necesitamos pruebas

Necesitamos mejores evidencias sobre las intervenciones no farmacológicas para el covid-19 por Margaret McCartney . 28 de agosto de 2020

Traducción libre de Margaret McCartney: We need better evidence on non-drug interventions for covid-19

Las intervenciones no farmacológicas deben basarse en la evidencia. Necesitamos generar estas pruebas para informar sobre el covid-19 y futuras pandemias.

Se han registrado casi 1300 ensayos controlados para intervenciones farmacológicas para el covid-19. Entre ellos, se han realizado grandes ensayos internacionales y de gran potencia que han evaluado la eficacia de tratamientos como la dexametasona y la hidroxicloroquina para el covid-19.

Pero, ¿por qué las intervenciones no farmacológicas no han sido sometidas al mismo interrogatorio? 

Actualmente se está desarrollando la Colaboración BESSI (Intervenciones de comportamiento, ambientales, sociales y de sistemas -para la preparación para una pandemia-). Pero hasta ahora solo se han registrado diez ensayos controlados de intervenciones no farmacológicas, y se han informado tres. Esto no tiene sentido. Las intervenciones farmacológicas generalmente están dirigidas a un grupo relativamente pequeño de personas que han sido infectadas y están enfermas. Las intervenciones no relacionadas con fármacos, como el distanciamiento físico, ponerse mascarillas o los patrones escolares de reapertura, están dirigidas a grupos de población enteros y, sin embargo, apenas se están probando.

Estas intervenciones afectan a más personas. En las primeras semanas de una pandemia, entiendo la necesidad de tomar decisiones urgentes utilizando el criterio más acertado. Pero con el tiempo, tenemos una amplia oportunidad para considerar qué intervenciones son efectivas, cuáles no lo son y cuáles tienen consecuencias no deseadas que superan los beneficios potenciales. Nos tomamos en serio los ensayos de medicamentos porque reconocemos la posibilidad de muertes por iatrogenia: buscamos la protección de un comité de seguimiento de datos y reconocemos que las buenas intenciones no son suficientes.

¿Por qué no es éste el caso de las estrategias sin fármacos? 

Es como si las intervenciones no farmacológicas no se consideraran capaces de causar daño, que sean consideradas demasiado difíciles de investigar o tan obviamente beneficiosas como para molestarse en hacer ensayos. Creo que esto es un error. Un análisis reciente en BMJ argumentó que las preocupaciones sobre la compensación de riesgos * eran un dead horse (asunto terminado) que “ahora necesita ser enterrado para tratar de prevenir la amenaza que representa desacelerar la adopción de intervenciones efectivas de salud pública”.

Usando el ejemplo de las mascarillas faciales, se citaron pruebas que no encontraron una reducción clara en el lavado de manos simultáneo con el uso de las mascarillas. Pero esta no es la única forma posible de compensación de riesgos. La pregunta fundamental es si las mascarillas reducen el daño a las personas de la población. Por ejemplo, ¿los supermercados confían en cubrirse la cara en lugar del distanciamiento físico y esto es perjudicial. ¿El uso de mascarillas da a las personas confianza para salir más de casa y correr más riesgos cuando están fuera? 

Hay grandes lagunas en nuestro conocimiento y, sin una evidencia clara sobre el uso de mascarillas de tela en la comunidad, podemos estar dando una falsa seguridad. La observación del uso de mascarillas faciales, en la vida real, encuentra que se usan incorrectamente de manera habitual. Tampoco hemos considerado suficientemente un impacto social más amplio. Las personas con antecedentes de trauma o que tienen dificultades auditivas se encuentran en desventaja. Los defensores de las mascarillas clasifican a los que no se cubren el rostro como desviados de la nueva normalidad. La ​​cohesión social se arriesga dividiendo, en lugar de comprender los comportamientos. Todos esto son daños. Tampoco tenemos una estrategia clara del fin. Necesitamos menos pánico y una investigación más práctica y pragmática.

¿Pero cómo? En los últimos días, el gobierno del Reino Unido ha cambiado de opinión sobre las mascarillas en las escuelas. Sería mucho más honesto y transparente que el gobierno explicara la dificultad de hacer recomendaciones sin evidencia y que los asesores médicos explicaran la necesidad de obtenerla. Sin subestimar el esfuerzo requerido, sería posible aleatorizar escuelas en áreas geográficas a “cuidados habituales” o “mascarillas suministradas”, dando a los niños recursos e instrucción sobre cómo usarlas, obteniendo datos sobre infecciones tanto en la escuela como en la comunidad. También serían posibles ensayos de cuña escalonada las pruebas de cuña escalonada. Saber qué funciona apoyará la implementación o asegurará que no desperdiciemos recursos. Si podemos hacer ensayos internacionales de medicamentos, deberíamos poder trabajar con las autoridades locales. Los departamentos de salud pública, con su profundo conocimiento de las regiones, podrían apoyar a los investigadores de la comunidad. El público del Reino Unido debe tener la oportunidad de contribuir, de acuerdo con el modelo de asociación entre pacientes y médicos que apoya el NHS. Si queremos la confianza del público, posiblemente lo más importante en el manejo de una pandemia, debemos ganarla. 

Otro argumento es que los ensayos a gran escala, digamos del uso de mascarillas en las escuelas, son imposibles, debido a la creencia de que todos los niños necesitarían un tutor para dar su consentimiento, lo que hace que el reclutamiento sea prácticamente imposible. Pero esto es profundamente problemático. Esto sugiere que el gobierno puede elegir e implementar cualquier política, sin requerir ningún consentimiento individual, siempre que no se llame ensayo.  Mientras se permita que este doble rasero persista, dando resultados menos poderosos e incertidumbre innecesaria, las personas pueden sufrir daños evitables. La información valiosa tampoco proviene solo de ensayos controlados aleatorios. Las intervenciones complejas requieren múltiples disciplinas y tipos de investigación para su evaluación. ¿Pero dónde están? 

Felicitaciones a los alemanes por el proyecto Restart19, que es un estudio que comprende varios subproyectos para evaluar el riesgo de realizar un gran evento deportivo o cultural en interiores. Chapeau a los daneses, que han organizado dos ensayos. El ensayo controlado aleatorizado DANMASK estudiará si las mascarillas protegen al usuario contra el covid-19. Otro grupo danés está realizando una prueba de máscaras de tela hechas por la comunidad en Guinea-Bissau. En Noruega, se planeó probar la apertura total versus la reapertura parcial en todas las escuelas primarias durante cuatro semanas, pero el gobierno retiró el apoyo. Sin embargo, los investigadores tienen la intención de preparar un ensayo similar para que pueda comenzar si aumentan las infecciones en Noruega. Además, están planeando un estudio prospectivo de estudiantes universitarios para evaluar si la enseñanza en el campus está asociada con un mayor riesgo de infección por covid-19 en comparación con el aprendizaje en línea. Este trabajo puede informar racionalmente lo que hacemos ahora y en el futuro. Además, la investigación detallada puede identificar las desigualdades en salud y generar información sobre cómo reducirlas.

Necesitamos ensayos porque no podemos suponer que las intervenciones no farmacológicas no harán daño ni desperdiciarán recursos, desviando así la atención y el dinero. Hay un ejemplo pasado sobre esto, en Australia se usaron simuladores de bebés para tratar de reducir el embarazo en la adolescencia. Un ensayo clínico aleatorizado encontró que, en cambio, aumentó. El programa “Scared Straight” se utilizó para tratar de disuadir a los jóvenes con alto riesgo de cometer actos delictivos, pero terminó incrementándolos a un alto costo. El consejo aparentemente sensato y bien intencionado del Dr. Spock de poner a los bebés boca abajo para dormir se asoció con al menos 50.000 muertes infantiles.

En Escocia, se abandonaron los arreglos para el aprendizaje combinado (una combinación de enseñanza en línea y en el aula) y se decidió que todos los niños regresaran a la escuela a tiempo completo después de que se hubieran hecho los preparativos. Sin embargo, esta habría sido una buena oportunidad para un ensayo, aleatorizando a través de áreas geográficas. Podría haber dado resultados rápidos y útiles, y la oportunidad de realizar una investigación cualitativa sobre los impactos sociales más amplios. Ensayos para colegios y universidades deben planificarse ahora mismo. Covid-19 no va a desaparecer pronto, y estamos desperdiciando la oportunidad de aprender sobre esta pandemia y la próxima.

Margaret McCartney es GP en Glasgow

* La compensación de riesgos es una teoría que sugiere que las personas suelen ajustar su comportamiento en respuesta al nivel de riesgo percibido, cada vez más cuidadosos cuando sienten un mayor riesgo y menos cuidadoso si se sienten más protegidos.Wikipedia

Hay otras alternativas

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Hay otras alternativas

Pablo Pérez Solís,

Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Natahoyo, Gijón (Asturias)

Twitter: twitter.com/soysolisu

Uno de los principios para la seguridad de los pacientes es controlar una exposición desmesurada a tratamientos farmacológicos. Para ello, es recomendable ensanchar en nuestro repertorio de alternativas no farmacológicas para intervenir sobre los problemas de salud más frecuentes.

Las opciones no farmacológicas son, en muchas ocasiones, desechadas por la falta de estudios (o las limitaciones en la calidad de estos) que las avalen. Evidentemente, una de las razones por las que la literatura científica es limitada en ese terreno es que no ofrecen suficiente interés en el “mercado” de la salud.

En todo caso, a lo largo de los años se ha acumulado suficiente conocimiento sobre muchas medidas que no suponen la administración de medicamentos, que pueden ser consideradas tratamientos de primera línea para abordar múltiples síntomas y enfermedades. A continuación se recopilan varias de ellas, seleccionadas por la calidad de la evidencia científica y el interés para el médico de atención primaria.

Por Pablo Pérez Solís para iniciativa por una prescripción prudente

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