Telemedicina en AP: ni estuvo, ni está, ni se le espera.

Una de las mentes más lúcidas de la atención primaria española me contó hace tiempo que, tras un cambio en la organización de las consultas en su centro de salud, se encontraron con un resultado inesperado: las salas de espera permanecían vacías la mayor parte del tiempo. Ese vacío, lejos de interpretarse como eficiencia, generaba malestar en algunos pacientes, acostumbrados a salas repletas, que veían la ausencia de gente como un signo de incompetencia o de poco trabajo por parte de los profesionales. Para corregir esa percepción, decidieron entregar, junto con la cita, un número de orden en el que además se indicaba cuántos pacientes habían sido atendidos en cada consulta.

Con frecuencia se leen quejas similares en redes sociales: “Una semana esperando para que me vean y cuando llego, el centro está vacío”. No sorprende esta reacción. Durante la pandemia, una gerente de atención primaria, poco competente, llegó a afirmar que el verdadero trabajo se hacía en los hospitales, porque cuando visitaba los centros de salud veía las salas vacías.

La repuesta es casi comprensible, salvo en el caso de la gerente. Si alguien ha crecido viendo al maquinista echar carbón a la locomotora de un tren de vapor, cuando el tren pasa a ser eléctrico y deja de verlo, tiende a pensar que el maquinista ya no hace nada.

Hace unos días El Confidencial publicó una noticia con un título alarmante ilustrada con la fotografía de una sala de espera vacía y, al fondo, un médico frente al ordenador. El texto sostenía que las “teleconsultas” médicas, presentadas durante la pandemia como el gran salto hacia la medicina del futuro, han terminado ocupando un papel muy limitado en los centros de salud españoles. Según la noticia, estas apenas suponen alrededor de un 15% de la jornada de los médicos de familia y se usan casi siempre para tareas administrativas: renovar recetas, resolver dudas sencillas o gestionar algunas bajas laborales por teléfono.

Se proponen varias explicaciones para esta infrautilización, pero, a mi juicio, el problema no es la tecnología, ni que los pacientes prefieran siempre la consulta presencial, ni que la telemedicina tenga poca capacidad resolutiva, ni siquiera la falta de protocolos o de planificación. Las causas de que la telemedicina no se use, o se use de forma poco adecuada tras el impulso inicial de la pandemia, tienen mucho más que ver con la organización piramidal, jerárquica y poco inteligente de la atención primaria. Con una gerencia sin iniciativa, que por un lado demuestra escasa capacidad organizativa y, por otro, interviene hasta el detalle en las agendas de los médicos, fragmentándolas en tramos de diez minutos. A ello se suma un grupo de profesionales acomodados y temerosos de ofrecer una mayor accesibilidad a los pacientes.

En la noticia se mezclan cosas distintas: la simple llamada telefónica para resolver gestiones puntuales o burocráticas, que muchos centros de salud autoorganizados ya utilizaban, con auténticas consultas telefónicas y videoconsultas. Incluso el representante médico entrevistado añadía al mismo saco las interconsultas entre especialistas y la monitorización a distancia, contribuyendo al batiburrillo conceptual.

La telemedicina, en todas sus variantes, mostró durante la pandemia su enorme potencial tanto asistencial como organizativo, y distintas experiencias aisladas, casi siempre al margen del beneplácito de las gerencias, lo confirmaron. Sin embargo, las instituciones sanitarias no han sabido incorporarla de forma sensata y estable. Han hecho un giro “lampedusiano”: cambiar algunas cosas para que, en el fondo, todo siga igual, sometiendo a la telemedicina a un descrédito del que costará trabajo recuperarse.

Eso sí, las salas de espera han vuelto a llenarse.

Un Comentario

  1. Avatar de Angel Ruiz Tellez
    Angel Ruiz Tellez

    Gracias Rafa por la lisonja. Ciertamente la razón final de toda esta simplona controversia es NO SABER QUÉ SE HA DE MEDIR. ¡¡¡¡¡NO MIDÁIS VISITAS, DIRECTORES!!!!! ¡¡¡¡NO PENSÉIS EN VISITAS, PROFESIONALES!!!!
    Todas estas tontás sobre la demanda, la telemedicina, la presión asistencial, la accesibilidad, enturbiadas, cegadas por la niebla de la Visita se disolverían como un azucarillo en el café si MIDIÉRAIS MORBILIDAD, EPISODIOS DE ATENCIÓN ATENDIDOS, ya ni siquiera digo RESUELTOS, basta con ATENDIDOS.

    Entonces veríamos lo siguiente en dos consultas contiguas, igual de colapsadas:
    1-Profesional A con 14.000 problemas anuales atendidos de alta complejidad
    2-Profesional B con 3.500 problemas anuales atendidos de baja complejidad.

    Paradójico claro.

    Los dos igual de OCUPADOS, con las consultas a tope.
    El primero usará la TELEMEDICINA o la TELEFONOCONSULTA, adecuadamente, es decir, para cuestiones procedimentales, para seguimiento puntual de pacientes bien conocidos, para dudas de terapia o clínica de pacientes bien conocidos. Y entonces las Citas Teletúbbicas serán SIEMPRE BREVES, de 3-4 minutos máximo, pues si va a durar más de 5 minutos es mejor ver al paciente presencialmente pues lo telemático no aporta, resta.

    El segundo, igual de ocupado que el primero pero, claro, en naderías principalmente, hará consultas «Tele lo que sea» LARGAS, DE 10 o más MINUTOS, entreteniéndose con las «cosas» de los pacientes, no con los «problemas de los pacientes» que no hay quien los encaje por teléfono o por telepatía.

    Pero el imbécil del Director, o Gerenzuelo, devoto seguidor de la religión del Mundo-Visita, seguirá pensando, creyendo, interpretando la realidad por las veces o que se abre la puerta de la consulta ( Visita) o que se levanta el auricular (Tele cosa), sin enterarse de lo qué está pasando en realidad.

    Saludos.
    ¡¡¡NO VOLVÁIS A HABLAR NI A TOLERAR QUE NADIE OS HABLE DE VISITAS!!!

    ART

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  2. Avatar de shangoo71
    shangoo71

    Esa pretendida telemedicina nos aboca a realizar un trabajo de menor calidad aparente por lo que deberíamos empezar por definir qué se espera que sea: si se trata de tareas repetitivas «delante del ordenador» (y que precisan un tiempo, son actos médicos también, tienen una responsabilidad legal/económica/…) dedicamos cada vez más tiempo y restamos tiempo «cara a cara»; si se trata de usar ese tiempo «delante del ordenador» para resolver consultas complejas, revisar a fondo historiales buscando las diferentes fuentes de información donde está repartido el historial del paciente, interactuar con especialistas hospitalarios para coordinar la actuación hacia un paciente,… entonces es un tiempo bien usado.

    Los gestores creyeron (y nos indujeron a creer) que mejoraría nuestra calidad de consulta quitando de la sala de espera esas gestiones en la que «no era necesario tener al paciente delante» por lo que en vez de tener 40-50 presenciales tendríamos 20-25; el tiempo de calidad a dedicar a esas presenciales sigue siendo el mismo escaso tiempo que teníamos pero ahora con pacientes más complejos, más mal envejecidos con polimedicación,…

    No comparto el comentario de que a los médicos de familia seamos acomodados o temerosos respecto a la telemedicina (por lo menos no todos) pero a día de hoy no es una opción realista sin medios técnicos que funcionen de forma eficiente y ágil y sin el tiempo (lo de siempre) necesario y adecuado para usarla.

    Diferenciaría entre telemedicina hacia el paciente (las telefónicas hasta ahora han ido cubriendo lo que son esas consultas que precisan de más anamnesis o explicar tratamientos pero aumentarían en utilidad con la imagen o el vídeo pero eso aún no está bien implantado) y telemedicina en el entorno sanitario ( relación con especialistas hospitalarios, laboratorios, centros de radiodiagnóstico…). Imaginad tener dudas diagnósticas en una radiografía y poder hablar por videoconferencia con el radiólogo exponiendo el caso y la duda y que éste en vivo y compartiendo ambos la imagen en pantalla pueda dirigirte o aclararte o incluso valorar otra prueba complementaria más adecuada; o discutir la solicitud de alguna prueba con laboratorio que inicialmente no tengas activa en el peticionario de primario pero que su realización ahorre tiempo en el diagnóstico y seguimiento de un paciente;…

    Para finalizar, y compartiendo lo que dice el mensaje anterior, lo que realmente importa es atender problemas reales, resolución, complejidad, morbimortalidad,…para ver la calidad de la atención y no los números de siempre.

    Me entristece ver como el talento de muchos médicos de familia se desperdicia en naderías y burocracia y luego se pretende que resuelve problemas muy complejos en 10 minutos o menos. Es medicina de guerra hace tiempo, para esos casos, es tapar huecos, buscar el mal menor, «control de daños» pero nos quedamos en la superficie y llegamos tarde a lo que nos importa: disminuir/prevenir enfermedad y sufrimiento; la primaria está para adelantarse a los problemas pero casi siempre llegamos tarde y eso es lo que miden. Nadie mide cuántos infartos, avc, diabetes…has prevenido o cuantas complicaciones de problemas crónicos has evitado con tu actuación.

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