Vida natural, medicamentos naturales

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Respeta las dudas de los pacientes sobre medicamentos

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Vida natural, medicamentos naturales

 Juan Gérvas, Madrid

www.equipocesca.org

jgervasc@meditex.es

 

Visitación tiene 25 años. Vive con Emilio, de 24. Ambos se han asentado en Almenar, un pueblo en el oeste de la Sierra de Guadarrama de Madrid, por su extraordinaria conservación, los bosques sanos, las aguas limpias, el aire transparente, los pueblecitos aislados y conservados, las buenas comunicaciones y recursos, los recios paisanos y la cercanía a la gran ciudad. Se han sumado a la cooperativa Las Parideras, donde cuentan con amigos. Quieren vivir en la montaña y de la montaña. Son neo-rurales, han vivido siempre en la ciudad, pero tienen experiencia de largos veranos en Galicia, en proyectos de rehabilitación de pueblos abandonados.

Visitación y Emilio son veterinarios, y los miembros de la cooperativa Las Parideras los necesitan por tales, pues su actividad central son las vacas, pero también por su buen carácter y por su capacidad de trabajo. Además, Visitación y Emilio han elegido una forma de vida, no un lugar de trabajo.

Visitación y Emilio resisten en primer invierno, duro como nunca, con nieve que aisló el pueblo casi una semana. Resisten un segundo invierno. Son felices en medio de las dificultades. La cooperativa se mantiene, pero porque viven en comuna y comparten casa y manutención. Si se dividieran los ingresos líquidos por cabeza, casi entrarían en la categoría de pobres de solemnidad.

Visitación y Emilio tienen su primer hijo al final del primer invierno, un varón, Pedro. Querían parto en el domicilio y lo lograron, con la asociación de matronas y médicos Parto en Casa. No fue fácil llevar a los profesionales a aquel pueblecito perdido en la Sierra de Guadarrama, a 75 km de la capital, con un puerto de 2.000 metros, por más que Pedro naciera en la primavera tardía. Todo fue bien, pero la madre de Emilio amenazó a Visitación: “si algo le pasa a mi nieto te llevaré al juzgado; esto es una locura”. Tras el parto, con un nieto sano y rollizo, se restañaron heridas, aunque los padres de ambos, los abuelos, vean con malos ojos una tal experiencia vital. También tienen en contra a la médico del pueblo, que no puede entender su rechazo a la atención habitual.

Visitación rechaza la medicina convencional. Dice, en broma, que como reacción a las muchas inyecciones de penicilina que le pusieron en su infancia. Visitación está al tanto de los graves errores de la medicina actual y de los abusos habituales en prevención, diagnóstico y tratamiento. Habla con propiedad de la concepción mecanicista del cuerpo humano, y del rechazo a la espiritualidad, tan común entre los médicos y enfermeras. Emilio no es tan rígido, pero también le dan risa los intentos de medicalizar la vida, y las estrictas normas que implanta una medicina que ha tomado el papel de la religión respecto a lo más íntimo.

Ambos emplean sobre todo productos de herboristería, y están localizando, e incorporando a sus tratamientos, muchas plantas de uso medicinal en la Sierra de Guadarrama. En realidad no necesitan medicamentos, pero los emplean si tienen diarrea, vómitos o malestares menores. Para el dolor del parto, por ejemplo, emplearon la sofrología, cuyas técnicas de relajación utilizan frecuentemente.

Por más que no les comprenda, Visitación y Emilio tienen buena relación con la médico del pueblo, que pasa consulta una vez por semana. Sobre todo, ahora que tienen el niño y que a veces se resiste con los catarros. Lo difícil es superar el rechazo por su libre elección de vacunas (no son “anti-vacunas” sino “pro-libertad de vacunación”, dicen).

Pedro no ha sido vacunado, ni se le hizo “la prueba del talón”. Pedro crece bien, sano y fuerte, con lactancia materna exclusiva. Convive con los otros niños de la cooperativa, los únicos niños del pueblo (los paisanos son ancianos, apenas 100). En diciembre Pedro se acatarró en fin de semana y el cuadro evolucionó mal, pese a las gotas de homeopatía que le dio la madre. Tuvo tos que no le dejaba dormir, y se le notaba febril. El miércoles lo llevaron a la médico. La auscultación le pareció normal, pero la oxigenación era muy defectuosa. Preocupada, recomendó la derivación a urgencias, al hospital. El viaje hasta el hospital fue angustioso, por las crisis de tos, cada vez a peor conforme se introducían en la “gorra” de contaminación que cubría a la ciudad, en pleno anticiclón.

En urgencias las cosas se desarrollaron mal. En seguida surgió el incumplimiento del calendario vacunal, el rechazo a los antibióticos, la crítica al uso excesivo de las radiografías y otras cuestiones que pusieron “en guardia” a los médicos y enfermeras de guardia. Se separó a Pedro de sus padres, se le puso una vía, y se le trató con antibióticos, corticoides y oxigenoterapia, aunque la radiografía de tórax fuese normal. El diagnóstico fue de “bronquiolitis”, que Visitación y Emilio conocían bien como cajón de sastre, entidad de dudosa existencia, fácil diagnóstico, y tratamiento “al azar”, según el médico y el centro. Antes de darles el alta, voluntaria, una residente de Pediatría planteó el posible diagnóstico de tosferina, y se tomaron muestras para el estudio bacteriológico. Se declaró el caso como sospechoso de tosferina y se tomó contacto con su médico de cabecera, para asegurar el seguimiento.

La Sierra de Guadarrama ardió con la noticia. “Tenía que pasar”, “Estos anti-vacunas traerán enfermedades a la sierra”, “No sé cómo se les permite tener a los hijos sin vacunar”, “Viven en la Edad Media, ¡vete a saber lo que habrá en esa comuna…!”, “Tendrían que vacunarlos, con la Guardia Civil, si es necesario”. Comentarios a las espaldas, comentarios al frente, rechazo social contra Visitación, Emilio y Pedro, pero también contra “los modernos”, el conjunto de neo-rurales, muchos de ellos de la Liga por la Libertad de Vacunación. Los profesionales del Centro de Salud mantuvieron una actitud y comportamiento ambiguo, que ahondó la fractura con los neo-rurales (dolidos por la falta de respeto a la confidencialidad del caso, y por la rotura del secreto médico consiguiente). Sin embargo, la médico de Almenar, el pueblo de Visitación y Emilio, se comprometió a fondo en su defensa, y en el fondo de la cuestión, el respeto a la autonomía del paciente. De hecho, se organizó en Almenar una reunión sobre el derecho a la confidencialidad y vacunación y participó como ponente la médico (logró aplausos).

Los resultados fueron negativos. Pedro no había tenido tosferina.

Con el tiempo, Pedro tuvo una hermana y ambos fueron vacunados contra la difteria, tétanos, tosferina y poliomielitis.

La médico de Almenar es hoy un modelo para los neo-rurales, que la han “adoptado” de médico de cabecera. No siempre aceptan sus consejos y recomendaciones, pero siempre la respetan.

 

Juan Gérvas para iniciativa por una prescripción prudente

A no ser que en el documento figure lo contrario este trabajo se encuentra dentro de la Iniciativa para una Prescripción Prudente por Varios Autores sujeta a una licencia Creative Commons un Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported (CC BY-NC-SA 3.0)

 

  1. Pingback: Boletín 29 de diciembre de 2011 « e-PANORAMIX
  2. carmen

    yo conozco un caso :primera consulta en AP la madre comenta que no piensa vacunar a la niña,al menos con el calendario vacunal convencional ni a las edades establecidas,con su hija mayor no lo hizo y la fue muy bien,por mi parte respeto y admito ya que no son obligatorias,a la semana o 10 dias acude nuevamente aconsulta porq la niña tiene tos y ha tenido 2 golpes que se ha puesto morada (la hermana mayor tambien tose algo),se deriva a la niña de un mes al hospital donde es ingresada y se confirma el dto por el que se la mando TOSFERINA ,esta un mes ingresada ,cuando es dada de alta la madre acude nuevamente a la consulta:quiere vacunarla de todo incluso del rotavirus Moraleja………NO HAY COMO VER LAS OREJAS AL LOBO.
    Quiza tambien la información de los antivacunas no sea muy correcta

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  3. rldar

    Aunque no consta en su artículo la actuación completa de la médico de Almenar, probablemente es la verdadera heroína de esta historia. Se intuye que respetó la autonomía de la pareja y que intentó convencerlos en aquellos aspectos en los que su comportamiento podía entrañar peligro para ellos y sus hijos. Y que, al final, lo consiguió. Las personas y su autonomía son siempre respetables, pero no las ideas y menos si son equivocadas y tenemos argumentos para demostrarlo (como es el caso de la homeopatía, de muchos remedios botánicos y del rechazo a la mayoría de las vacunas). Y un padre nunca tiene derecho a tomar decisiones que comprometan el bienestar de sus hijos.

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  4. mariaje urriza

    Quería responder a Carmen y a Ridar
    Una amiga mía tuvo un accidente de coche, se incendió, no atinó a quitarse el cinturón, y sufrió quemaduras muy graves. Desde entonces ella siempre va sin cinturón y si le multan que le multen…LE VIO LAS OREJAS AL LOBO . Los humanos somos así, cuando nos toca una vivencia muy fuerte nos suele marcar las decisiones del resto de la vida ¿Y?
    Me gusta lo que plantea Carmen porque creo que lleva a una cuestión clave. Los sanitarios, no sé porqué, entienden a menudo que su postura como sanitarios tiene que ser adoptada instantáneamente por los padres y madres. Como si las estadísticas fueran el único argumento para tomar decisiones en la vida. Como si seguridad fuese sinónimo de felicidad. Como si la coherencia con mi propia biografía no importara.
    A Rider le diría que si un padre “no tiene derecho a tomar decisiones que comprometan el bienestar de su hijo”, aunque las palabras quedan muy bonitas, tendríamos que quitar de forma generalizada el carnet de padres. Yo desde luego entrego el mío. Pero, lo que quiero señalar aquí, es que bajo la apariencia de “protección a los niños” se esconde a menudo una actitud irrespetuosa hacia la libertad de elección de las personas en el tema vacunas. He observado durante muchos años actitudes irrespetuosas de sanitarios frente a madres de niños no vacunados (podría escribir largo…) pero lo gracioso del tema es que he visto más o menos lo mismo frente a mi madre que a sus 70 o 80 años decidía no ponerse la antitetánica después de una caída con herida o no ponerse la vacuna de la gripe. Ahora que tiene 92 ya no le dicen nada. No sé si habrá quedado fuera de rango en las estadísticas o si les habrá tocado el corazoncito con su argumento
    Un abrazo

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