Categoría: informatica en medicina

M-health: much ado about nothing (3)

De los creadores de ¡Quiero tener una web!, ¡Quiero posicionarme en Google!  y de los productores de ¡Soy 2.0! y ¡Hay que estar en Facebook!……. 

Próximamente en  las mejores  tabletas y  smatphones: ¡Quiero tener una App!

Que un determinado movimiento como el de la m-health y las apps moviles (pequeñas aplicaciones o software para fines específicos en dispositivos móviles) se ponga de moda es bueno para su difusión e implantación. No hay nada mejor que de pronto estar en el ojo del huracán y que todo tipo de personas se interesen por ti.

Pero las amenazas también afloran, como se dice el blog A la guillotina (de donde proviene la frase inicial de este post) “Cuando la moda pasa el problema queda”. Si hemos gastado tiempo y dinero en la estrategia equivocada, puede que hallamos quemado las posibilidades de (otras) nuevas tecnologías que realmente solucionen nuestro problema de forma eficiente.

Toda, institución, servicio sanitario, sociedad científica, colegio o grupo relacionado con la sanidad se ve impelido de pronto a tener una app. Es poco significativo que sirva para algo, o que la app no sea la solución. No importa, haciéndola, te garantizas salir en los periódicos sectoriales, un puesto en los congresos y reuniones, que te aloje una incubadora y que seas considerado un innovador, o mejor aún que los gurus te alberguen en su seno (ya no necesitaras “hacer”, solo hablar) de m-health.

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Ilustración de J.R. Mora para Cybermedicina

En los últimos meses hemos asistido al lanzamiento de un servicio on line de ayuda a la toma de decisiones, que nos brinda un simple pero buen ejemplo. Esta compañía privada con una excelente campaña de marketing está estableciendo alianzas con distintas sociedades científicas, al menos dos (una nacional y otra autonómica) son de atención primaria. A la vez esta herramienta de ayuda en la consulta está volcada en prestar sus servicios, y hace hincapié en ello, en forma de apps.

Al contrario de los médicos hospitalarios, los médicos de familia somos elementos de culo plano y silla. Nosotros no correteamos alegremente por el edificio con la bata llena de adminículos, como hacen estos colegas. Nosotros no nos coronamos la testa, ora con un ridículo gorrillo, ora con una gafamicroauricular bluetooth como hacen los cirujanos 2.0.

Los médicos de atención primaria pasamos consulta sentados muchas horas al día delante de un gran ordenador. Salvo el tiempo dedicado a los avisos domiciliarios (cada vez menor, pero ese es otro tema) no necesitamos dispositivos, ni apps móviles. Aunque alguno sueñe con ello, no somos discípulos del Dr. Gadget. Si nos quieren ofrecer herramientas de ayuda a la toma de decisiones con acceso rápido a información de referencia; es mucho más útil que estas herramientas se sitúen donde pasamos consulta con el paciente, es decir en estén en páginas web o aplicaciones para ordenadores de sobremesa.

Toda organización sanitaria que quiera trabajar con las nuevas tecnologías debería saber diferenciar qué es una tendencia pasajera, de lo que no es, y sobre todo que parte de la tecnología se adapta a su producto y a sus usuarios potenciales. De lo contrario perderá  muchas oportunidades. En este nuevo mundo digital no hay que estar por estar, el abuso del apellidos de moda sin demasiado sentido, conlleva a la larga hastío, desinterés y retraso en la adopción de las tecnologías que realmente importan.

M-health: much ado about nothing (2)

La m-health se basa en la  utilización de dispositivos electrónicos multimedia cómodos y fáciles de utilizar que son además móviles y ubicuos. Estas características los convierten en herramientas imprescindibles para los profesionales sanitarios, con solo adaptar (o crear de nuevo) aplicaciones informáticas, que ayuden a las tareas cotidianas de estos . Por este camino la m-health tiene un futuro fructífero ya que las bases están implantadas desde hace tiempo, a saber: un creciente parque de dispositivos portátiles (ligados la telefonía móvil sobre todo), el desarrollo de la tecnología wireless y la popularización de las aplicaciones informáticas para sistemas operativos “móviles” (apps).

mhealth11Sin embargo los peligros acechan y no son despreciables. El primero de ellos tiene que ver con las excesivas expectativas y con la magnificación de su importancia. El segundo y ligado con el anterior los inconvenientes de haberse convertido en tema de moda o tendencia. El tercero es olvidar, y muchos de sus proponentes lo hacen, que como toda intervención en medicina debe estar avalada por pruebas fehacientes de su utilidad y eficacia. El cuarto peligro, que no el último, tiene que ver con el aforismo de Peter Drucker: No hay cosa más inútil que hacer eficientemente aquello que en realidad no se debería hacer.

Veamos algunos ejemplos

Recientemente en una reunión, de esas que no le gusta al Sr Lobo, un guru pontificaba sobre la importancia de la m-health, hasta el punto de que obligaría a replantearse el modelo sanitario. Según este “experto” el papel de gatekeeper (portero) del médico de atención primaria ya no sería necesario. Se utilizaba como prototipo (minimalista) la detección del melanoma con aplicaciones móviles específicas. Especulaba con el hecho de que si con estas apps el paciente puede  diagnosticar(se) un melanoma en  pocos segundos, podría  acudir al especialista directamente sin necesidad de pasar por un filtro (percibido como) barrera de acceso al médico que de verdad cura.

Ampliando el modelo: Si con dispositivos y aplicaciones móviles, se puede seguir a los enfermos crónicos (el reto de la “cronicidad) desde el hospital, para que necesitamos un elemento humano intermedio percibido como ineficaz y gastoso. Se propone en definitiva de un cambio del sistema, sustituyendo al portero humano, por un portero automático, manejado por el paciente (empoderado).

Con indudables ventajas y beneficios ¿No?

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La exageración y la confluencias de intereses (no siempre confesables) es consustancial con el lanzamiento de toda nueva tecnología-Sin embargo el entusiasmo no puede incrementar la capacidad que se está otorgando a estas nuevas aplicaciones de la tecnología en sanidad y por supuesto tampoco da soporte para reclamar un cambio radical del sistema sanitario.

Un artículo pendiente de publicar publicado en la revista JAMA Dermatology con el gráfico título de: “Inexactitud diagnóstica de aplicaciones para teléfonos inteligentes en la detección del melanoma” contesta a los expertos en sus exageradas esperanzas en este conjunto de tecnologías.

En este estudio de precisión diagnóstica se evalúo  la sensibilidad, especificidad y valores predictivos de cuatro aplicaciones para teléfonos inteligentes (apps) en la detección de melanoma. Se utilizaron imágenes de lesiones dermatológicas pigmentadas, que habían sido analizadas tras su resección. Se usó como patrón oro de comparación el diagnostico anatomo-patológico final de cada una de estas lesiones. De las cuatro apps seleccionadas, tres se basaban en un algoritmo de identificación de la imagen, principalmente los bordes, y en la restante el reconocimiento se hacía por un dermatólogo experimentado al que se enviaban las imágenes por la red.

En cada aplicación se contrastaron un total de 188 imágenes de lesiones pigmentadas, de las cuales 60 eran melanomas y 128 lesiones benignas. La sensibilidad de las aplicaciones, o lo que es lo mismo el porcentaje de verdaderos positivos entre todas lesiones malignas, varió de 6,8% a 98,1% que fue precisamente la aplicación en la que el dermatólogo estaba involucrado. La especificidad y los valores predictivos se pueden ver en el artículo. Para los que les cuenta entender estos arcanos de la interpretación de las pruebas diagnósticas, los mismos datos se pueden representar en forma de frecuencias naturales, que parecen más intuitivas que las probabilidades, como hacemos en la figura con los datos de una de las apps que tuvo resultados promedio.

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Figura.- Medidas que determinan la validez y  seguridad de una apps en el diagnóstico de melanoma (sensibilidad, especificidad y valores predictivos) expresadas en forma de frecuencias naturales.

Tras analizar los datos los autores se plantean la fiabilidad de estas aplicaciones y afirman que estas pueden en potencia, dañar a los usuarios, no sólo por el mal rendimiento en el diagnóstico de melanoma, sino también por la posible omisión o retraso de atención médica estándar. La preocupación principal de los autores, que se puede hacer extensible a otras facetas de la práctica médica, es que el uso generalizado de dispositivos y aplicaciones sin regulación y/o aprobación previa, pudiera dar lugar a un daño mayor que el pretendido beneficio que proclaman.

M-health: much ado about nothing (1)

Apenas repuestos de la web 2.0, lo gurús a la violeta que proliferan en jornadas, congresos, incubadoras y “socialwiks” nos anuncian el advenimiento de una nueva virguería quevaarevolucionarlaasitenciasanitaria (así todo seguido) se trata de la mHealth (also written as m-health) o mobile health, o salud móvil, que no es que se mueva la salud, sino que se utilizan dispositivos móviles para practicar la medicina.Seria curioso saber cómo se le llama en aquellos países donde al teléfono móvil se le llama celular (¿cell Health?, ¿medicina celular?)

Ya el primer intento de elevarla de categoría taxonómica es un tanto pretencioso, es como si habláramos de RM-traumatología para hablar de simple hecho del uso incremental de la resonancia magnética en esta especialidad. Igualmente no deja de ser peculiar que el método y la herramienta de nombre al resultado y a su práctica y no al revés.

Jonny Hawkins

Jonny Hawkins

Justo es reconocer que los sistemas basados en salud móvil poseen funciones y características que resultan muy útiles en el entorno sanitario.

Los servicios que proporciona van desde ayudas diagnósticas durante la consulta, hasta facilitar el acceso, intercambio y gestión de información clínica, pasando por el desarrollo de una telemedicina cercana y asequible, sin olvidar su contribución a la monitorización de constantes biológicas.

En algunos casos facilitan prestaciones sanitarias tradicionales, en otros suponen una pequeña revolución al permitir nuevas actividades imposibles con la tecnología previa. De aquí, a pensar que van a contribuir a un cambio de modelo sanitario va un trecho importante que la realidad todavía se niega a cubrir.

La denominada m-health no es más que un conjunto de nuevas tecnologías inhalámbricas para el cuidado de la salud en todas sus vertientes, que como todo nuevo instrumento o intervención sanitaria debe estar sujeto a evaluación y demostrar su eficacia con pruebas surgidas de ensayos rigurosos, vamos lo que conocemos como evidencia.

Actualmente no parece haber intervenciones mHealth que cumplan los requisitos probatorios, que se le requieren por ejemplo a otros dispositivos o a los mismos fármacos.

La revista Plos Medicine ha publicado un ensayo Scaling Up mHealth: Where Is the Evidence? que se pregunta dónde está  la evidencia que permita desarrollar la M-health, los autores son conscientes de la dificultad que implica mostrar la eficacia de estas nuevas tecnologías, pero también de la necesidad de hacerlo. Aunque consciente de que hay que promover su desarrollo y ampliar su campo de acción, se preocupan de que en estas iniciativas sea creciente el papel de la industria, compañías de teléfonos móviles en su mayor parte, restando influencia a investigadores, gobiernos o proveedores de atención sanitaria. Industria que considera los resultados no en términos  de mejora de los resultados de salud, sino en dividendos.

La cooperación público-privada es de importancia fundamental en la evolución de la m-health pero no se puede dejar en exclusiva en manos de las grandes compañías de comunicación y sobre todo no se puede dejar en manos de la especulación sin pruebas que confirme su valor y eficacia real.

Como se dice en el propio artículo “En cierto modo, la tecnología móvil tiene un atractivo mágico para los interesados ​​en la salud mundial por encima de las ventajas que se han demostrado con pruebas sólidas”  .

Faroles sanitarios

farolesUn artículo reciente sobre el desarrollo de la medicina basada en la evidencia (MBE) titulado Framework of policy recommendations for implementation of evidence-based practice: a systematic scoping review,  muy bien reseñado por Concha Campos en su blog de BiblioGetafe, da una serie de recomendaciones para promover la práctica de la MBE.

Entre ellas destaca la propuesta del uso de ordenadores con acceso a Internet y en el sitio de toma de decisiones, sistemas que permitan el acceso a Guías, protocolos y temas evaluados críticamente (CATs) y sistemas de apoyo a la toma de decisiones automatizada con prioridad de revisiones sistemáticas.

Es triste comprobar que en nuestro país no se cumple muchas de estas propuestas, ni siquiera la más básica de acceso a Internet, ya hace tiempo que la iniciativa Internet en la consulta puso de manifiesto la incongruencia de muchos servicios sanitarios autonómicos que impedían, o imponían restricciones absurdas al acceso a redes desde las consultas.

A la vez que se las daban de modernas en redes sociales  y eventos 2.0 de todo tipo, no dejaban que su profesionales se impregnaran de esta nueva opción tecnológica.

Les importa más salir en la prensa con telecronicidades  y pacientes conectados, que un médico de pueblo tenga acceso al amplio mundo de información que Internet permite.

La ultima sorpresa es leer la opinión de médicos de familia vascos, expresada en un documento, donde junto a una serie de propuestas (relacionadas con el mal funcionamiento del sistema de prescripción electrónica) hacen la siguiente reflexión:

No se entiende que exista presencia institucional de Osakidetza en las redes sociales cuando estas mismas redes se vetan a los profesionales. Pedimos a la dirección de asistencia sanitaria que elabore un catálogo de herramientas a las que deben  tener acceso los profesionales para poder realizar de forma satisfactoria sus labores asistenciales, docentes y de investigación

¡En fin, Pilarin!

Dr Google

Como crear alertas bibliográficas en PUBMED

Herramientas web 2.0 para un equipo de atención primaria

Da Da Da

Imagina que por un momento la entrada de datos en las historias clínicas electrónicas (HCes) de atención primaria de este país tuvieran una normalización mínima que permitiera utilizar los datos de manera rápida,  fácil y fiable.  No intrusiva, ni retardadora, pero normalizada al fin y al cabo. Piensa en un dato como las “alergias” a medicamentos u a otros alérgenos, datos sencillos y con un alto grado de cumplimentación en estas HCes. Supón que pudiéramos juntar todos los datos sobre alergias de los millones de HCes que se han ido abriendo en los millones de pacientes que acuden al nivel primario de atención. Aprende como todos esos datos se puede referenciar geográficamente, por ejemplo en forma de mapas.

PASi esto se pudiera hacer, y se puede, estaríamos realizando un importante proceso que transforma los datos en información para la toma de (las mejores) decisiones.

Uno de estos procesos que se engloba en el término genérico de  Prescribing Analitycs es lo que ha hecho un grupo inglés conformado por una consultora tecnológica médica Open Health Care, una tech start-up especializada en “big data” Mastodon, el Open Data Institute y Ben Goldacre  médico y divulgador científico.

El objetivo, en este caso, es llamar la atención sobre la variabilidad injustificada en la prescripción de medicamentos.

La iniciativa Prescribing Analitycs en su primer trabajo ha analizado las recetas de dos estatinas (fármacos utilizados para disminuir el colesterol en sangre) prescritas en el National Health Service (NHS). Las estatinas originales se venden con su marca comercial y tienen una alternativa en forma de medicamento genérico mucho más barato. Lo que hace el estudio es representar en un mapa de Inglaterra las porcentajes de estas estatinas por marcas y genéricos, obteniendo una representación visual de la prescripción muy impactante y que permite identificar posibles ahorros (potenciales) en el gasto producido por estos medicamentos. Aunque se dispone de datos a nivel de Medico General (GP) los datos aparecen agregados por Primary Care Trust  y Clinical Commissioning Group.

¿Es posible hacer algo parecido en España?

Pues no, aunque los datos están y en muchos casos son más abundantes que los que puede disponer el Reino Unido. Sin embargo fallan muchos otros preceptos, desde la calidad de los propios datos hasta la fragmentación de los programas utilizados, pasando por su falta de normalización y heterogeneidad en el formato (el amor de los funcionarios por los PDFs , tiene algo de psiquiátrico digno de estudiar)

Pero la premisa más importante está relacionada sin duda con la disponibilidad de estos datos.

Si alguien quiere hacer algo así en nuestro país, se encuentra con un muro de dificultades que hace que los datos sean poco menos que inaccesibles. No hay una mínima cultura de”Open data”. Aquí cada responsable guarda en la faltriquera, como si le fuera la vida en ello y como si fueran suyos, los datos necesarios para hacer este tipo de análisis. Si al menos los hicieran ellos (aunque fuera en una mínima proporción) pero tampoco, actúan como el perro del hortelano y hurtan a los interesados la oportunidad de crear nuevas herramientas de información verdaderamente innovadoras

Investigación 2.0 con gestores de referencias sociales – Cibermedicina

Gestores sociales de referencias bibliograficas