Una receta para comer “sano” (la de la Dra. Mercedes Pérez-Fernández)

Mercedes Pérez-Fernández, médica rural jubilada, especialista en Medicina Interna, Equipo CESCA, Madrid mpf1945@gmail.com/ 

Comer es un placer.

La salud es la capacidad de disfrutar de la vida pese a sus adversidades. Y entre las adversidades y placeres, encontrar un punto personal en que casi seas feliz a veces (o seas feliz casi siempre, que también). El comer es un placer, un placer (en esta sociedad rígida) más fácil de disfrutar que el sexo, otro gran placer del que se habla poco y se disfruta menos. Respecto al comer, todos mis hijos han aprendido a comer disfrutando (¡y a cocinar idem!) y desde pequeños, como los nietos, han sabido, además, que cocinar es un arte, y que un buen plato en la mesa es arte efímero, arte comestible, una expresión artística sin par.

Hay una receta que me gustaría compartir. 

Comer no es masticar y deglutir.

Comer no es engullir.

Comer es un placer.

Esta es una receta para comer sano:

Reúne a un grupo de familiares, amigos y/o compañeros (incluso vecinos, transeúntes, “sin papeles”, etc) , con cualquier motivo o te lo inventas, siéntalos alrededor de una mesa con mantel (aunque sea «de pobres», pero que no falte), añade agua y vino generosamente, pon platos y cubiertos, procura que haya en abundancia pan y disfruta poniendo algún adorno en la mesa (una flor, una rama, una vela, un cardo seco, etc.) hasta componer una presentación artística que no se ve ni en ARCO ni en ningún museo-galería.

Dedica tiempo a imaginar qué vas a cocinar, desde algo de aperitivo al postre, algo más que la apetitosa fruta. Que sea sencillo y simple, que sea de temporada y, si es conveniente, que los ingredientes sean de la comarca. Haz la compra, si es posible, en tiendas de cercanía.

Cocina propiamente, valorando cada componente, sintiendo olores y sabores, la textura de los cortes, aderezando según convenga, componiendo el producto final para que también sea agradable a la vista. Percibe la física y química que transforman la materia prima en una delicadeza, y si es posible, acepta en la cocina a algunos de los invitados para charlar de lo divino y de lo humano.

Ya en la mesa, “compón el cuadro final”, que parezca casual pero tenga su “qué”.

Dedica tiempo, sin prisas, al disfrute de la comida y, sobre todo, de la compañía. Sirve porciones generosas y no temas insistir con el clásico: “¿Un poco más?”.

Cuenta algún chiste o anécdota que haga reír-pensar, no temas sacar cuestiones «duras» pero siempre añade algo que no cierre la esperanza.

Prolonga la sobremesa, critica a quien haya que criticar, con piedad.

Logra que todos participen en la conversación general (también los que tienen problemas de sordera/hablar, o de timidez, o son de corta edad, o se sienten como pulpo en garaje) y convierte en memorable cualquiera de estos encuentros.

Si viene al caso, recita alguna poesía, o canta algo conocido, y anima a que sea actividad grupal.

Corolario

En nuestro libro (con Juan Gérvas, un libro que está descatalogado, no se puede comprar, lo tenemos gratis en PDF), escribimos: 

No podemos mejorar los genes mediterráneos, pero sí podemos conservar lo mejor de la cultura y de la sociedad mediterránea, favorecer el crecimiento y el mantenimiento de las redes sociales informales de familiares y amigos, disfrutar de la vida sin demasiados prejuicios y mantener una deliciosa y sana dieta mediterránea que incluya, además de componentes esenciales varios (pan, vino, aceite de oliva, verduras, frutas, legumbres y pescado), tiempo para disfrutar de la compra y de la cocina, poner el mantel, comer sentados, utilizar cubiertos, no ver la televisión mientras se come y dedicar un rato específico a la mesa y a la sobremesa.

Esta dieta y esta conducta se pueden comparar con la muy común en países anglosajones de comer sobre la marcha, y a veces en marcha, sin un tiempo definido para ello, con algún refresco artificial, algo que se lleva a la boca con la mano (hamburguesa, alitas de pollo) y haciendo cualquier actividad como ver la televisión, de forma que comer se convierte en secundario.  

¡A vivir, que son dos días, y la salud se mantiene disfrutando de la vida con optimismo!»

https://equipocesca.org/sano-y-salvo-y-libre-de-intervenciones-medicas-innecesarias-libro-completo-disponible-en-pdf

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