Primum non nocere 2019

Primum non nocere 2019

Desde octubre de 2003. Decano de los blogs sanitarios en español. Blog de medicina, atención primaria y mucho más….. o mucho menos.

Puede desplazar la barra utilizando las teclas y

mi carpeta de salud (V)

26 febrero 2015 1 comentario

El pudor, la intimidad, la vergüenza, la confianza son sentimientos que tienen un defensor tenaz en la confidencialidad. En profesiones como la Medicina, la confidencialidad se asocia a un principio ético: el secreto profesional y la obligación de guardarlo. La profesión médica se auto impone una especie de pacto con el paciente, de tal forma que este pueda estar seguro todo lo que se diga en una consulta es separado del conocimiento de los demás.

Hay dos ocasiones en que se admite la quiebra este pacto: situaciones excepcionales, contempladas por leyes y normas, de bienestar general y /o grave peligro del paciente. La otra es más cotidiana y se da cuando se comparte información con otros profesionales que puedan aportar una solución, directa o indirecta a los problemas de salud de los pacientes. En cualquier caso la confidencialidad se mantiene porque la obligación de secreto se traslada a los otros facultativos y se circunscribe a la situación que lo índico.coad-i12

Con las nuevas tecnologías este nítido campo de juego se vuelve más borroso. La historia clínica electrónica abierta y accesible presenta inconvenientes importantes, uno de ellos es sin duda la confidencialidad.

La posibilidad de acceso se multiplica exponencialmente para bien y para mal. Cuanto más unificados estén los datos, más fácil será obtenerlos y utilizarlos con objetivos espurios. Cuantos más profesionales intervienen, mayor es la posibilidad de fugas indeseadas de información.

Para solventar este problema se postula un acceso parcial, un acceso limitado a los datos básicos y necesarios que se precisan para solventar un problema de salud. Se olvidan los proponentes de esta solución, que lo que para un paciente puede ser un dato banal (por ejemplo dirección o teléfono) para otro puede ser vital mantener en secreto (por ejemplo una mujer maltratada). Se olvidan que en una circunstancia vital concreta la importancia de la información acumulada sea insignificante, pero en otro momento,  la misma información y su guarda sea muy importante y trascendente.

La confidencialidad por tanto debe ser sin límites (no existen los datos mínimos sin importancia) y modificable con el tiempo y lugar por parte del paciente. Amplia y revocable

mi carpeta de salud (IV)

24 febrero 2015 7 Comentarios

En la sección Head to Head del BMJ, una sección donde se confrontan dos visiones contrapuestas sobre un tema de actualidad se ha publicado un debate sobre la repercusión del acceso directo al historial clínico por parte de los pacientes y en particular a los resultados de pruebas diagnósticas

Can patients use test results effectively if they have direct access?

Lo autores encargados de la visión positiva o a favor, ponen de manifiesto,carpeta3 apoyándose en estudios publicados, que el acceso directo de los pacientes, particularmente aquellos con enfermedad crónica, mejora aspectos de la consulta como la relación médico-paciente, la satisfacción y preparación de los pacientes. Profetizan que lo que más cambiara con este acceso será la interacción entre pacientes y médicos. Pero también dan un aviso: los profesionales y las organizaciones donde trabajan, tendrán que asegurarse de que disponen de mecanismos para permitir la discusión posterior (por correo electrónico, teléfono o en consulta según proceda) de los resultados que ven los pacientes.

En la opción negativa, o realista según se mire, se pone en cuestión la capacidad de los pacientes para utilizar eficazmente esta información. La capacidad de entender que un resultado esta fuera de rango e interpretar su significado esta relacionada con el alfabetismo sanitario y la habilidad con los números (numeracy) que a su vez se asocia al nivel socioeconómico. Sería un error invertir esfuerzos y dinero para que los pacientes puedan tener acceso directo a los resultados de pruebas de laboratorio, sino se acompañara de un esfuerzo similar en hacer esta información lo suficientemente digerible para que pueda ser aprovechada

mi carpeta de salud (III)

23 febrero 2015 1 comentario

personaliHace un mes la incansable, Trisha Greenhalgh, médico general y profesora británica público un editorial, junto a Justin Keen Personalizando” las tecnologías de información en el National Health Service (NHS) donde comenta y critica un documento reciente (Personalised Health and Care 2020) que plasma la estrategia futura de información y nuevas tecnologías para la atención sanitaria y social en el NHS.

En este documento gubernamental cuyo subtitulo es revelador: Using Data and Technology to Transform Outcomes for Patients and Citizens A Framework for Action, se describe una imagen futurista (2020) del NHS en el que la información fluye libremente entre los ciudadanos, médicos generales, y otros proveedores de atención. Este marco prevé que los pacientes tendrán acceso a su historia clínica en línea donde podrán modificarla, escribir en ella, solicitar recetas y citas en el hospital a través de un portal personal. persoUtilizaran aplicaciones móviles (apps) y dispositivos de monitorización llevables (weareables) para controlar sus enfermedades y apoyar estilos de vida saludables.

¿ les suena?

Sin embargo esta visión depende de tres cosas: un alto grado de interoperabilidad técnica entre sistemas; una excelente calidad de los datos; y unos pacientes y profesionales “entusiasmados” (es decir, informados, cualificados y motivados).

Ninguna de las tres se cumple en Inglaterra, y por supuesto tampoco en España donde el aparente desarrollo tecnológico, se asocia a una alarmante pobreza de liderazgo y directrices que guíen el camino a las nuevas tecnologías.

mi carpeta de salud (II)

22 febrero 2015

Sobre confidencialitat de la història clínica, opinions de pacients.

Diaris de trinxera

Aquest matí, un senyor de 70 anys m’ha explicat que a l’hospital li havien proposat de signar una autorització perquè la seva història clínica fos visible pel seu metge de capçalera i per qualsevol altre hospital. I m’ho deia satisfet, que li semblava molt bé. La seva història clínica és de problemes de l’aparell locomotor, i no tenia cap problema en el fet que tothom pogués veure les “seves proves i les seves intervencions”. I si vostè fos una noia de 20 anys que hagués avortat, li  agradaria que l’oftalmòleg o el traumatòleg veiés la informació?  Això no, m’ha contestat. I si a la història hi consten problemes de parella o familiars o econòmics? Doncs tampoc. Té raó, la cosa no és tan senzilla com sembla, m’ha dit ràpidament.

Ver la entrada original 210 palabras más

Mi carpeta de salud (I)

21 febrero 2015 15 Comentarios

Las próximas  elecciones autonómicas desataran  una “epidemia de carpetas de salud” – información sanitaria accesible al paciente-

¿estamos preparados?

Personalmente creo que no, y que como muchas otras veces se utiliza la tecnología de manera artera para ganar votos o simpatías sin pararse a debatir sus consecuencias y  necesidad real. Para fomentar la discusión, y sobre todo para que la gente se de cuenta que no todo es tan bonito como se pinta y parece, hoy y los siguientes días rescataremos post y publicaciones de diferentes autores que ponen el dedo en la llaga.

Malmetem la història clínica

del blog Diaris de trinxera : El dia a dia en la vida d’un professional d’atenció primària

Me preocupa el uso cada vez menos serio que hacemos de la historia clínica … Estamos haciéndola perder como herramienta esencial para dar continuidad a la atención clínica. Hemos entrado en una espiral en la que parece que todo lo que sea compartir la información es bueno …!

Hace una semana, una compañera fue atendida por un médico internista. En el transcurso de la entrevista, el internista comentó …: “Con este acceso generalizado a la historia clínica que estamos viviendo, he empezado a no escribir según qué cosas en la historia clínica. En tu caso, si te parece bien, no escribiré … “

Hace pocos días asistí a una presentación sobre las cualidades de la innovación que supone el acceso del paciente a su “Carpeta de Salud” (buena parte de su historia clínica). Parece razonable que sea así, pero … nadie ha valorado si es prudente que el paciente acceda directamente al informe de un resultado (una prueba complementaria, el informe de anatomía patológica …) sin la asesoría del profesional que le ha solicitado. Tampoco queda claro que el ciudadano tenga acceso a ver el listado de todos los profesionales que han accedido a sus historias clínicas informatizadas (la de primaria, la del hospital “X”, etc.)

Lunes un compañero fue atendido por una médica del ICAM, para valorar su situación de incapacidad laboral. El compañero, asombrado, y respetuoso con el trabajo de su compañera de profesión, comprobó como la médica (que no participaba en su atención) accedió a su historia clínica informatizada sin ninguna limitación.

Ayer un médico de cabecera me comenta: “Desde que sé que los compañeros del ICAM acceden a toda la información clínica que escribo la historia informatizada, he empezado a utilizar de forma habitual la opción de comentarios personales o de informaciones que sólo yo puedo leer … ”

¿Qué nos va a pasar en el futuro si perdemos la buena costumbre de escribir en la historia clínica todo lo que es relevante para atender a un paciente …?

¿Qué pasará en el futuro si los ciudadanos entienden que lo que me cuentan en la intimidad de una consulta determinada, será accesible a muchos otros profesionales que no intervienen en su atención, o al menos no en esa situación …?

El papel del miedo en el sobrediagnóstico y el sobretratamiento

20 febrero 2015 1 comentario

EL PAPEL DEL MIEDO EN EL SOBREDIAGNÓSTICO Y EL SOBRETRATAMIENTO un ensayo de Iona Heath

Traducción por GRUPO evalmed-GRADE de Role of fear in overdiagnosis and overtreatment—an essay by Iona Heath. BMJ  2014; 349: g6123

Documento original

Documento traducido original

Iona Heath argumenta que los médicos y los pacientes necesitan afrontar sus miedos a la incertidumbre y a la muerte, si queremos controlar la sobremedicalización

_______________________________________________________________________________________________________________

En el prefacio de su influyente ensayo La enfermedad como metáfora, Susan Sontag escribió:

 La enfermedad es el lado oscuro de la vida, una ciudadanía más onerosa. Todo el que nace tiene una doble ciudadanía, en el reino de los sanos y en el reino de los enfermos. A pesar de que todos preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado, al menos por un tiempo, a identificarse como ciudadano de ese otro lugar.1

Hoy en día el reino de los sanos está siendo absorbido rápidamente por el reino de los enfermos, dado que los médicos y los servicios de salud se afanan en hacer pasar a las personas a través de esta importante frontera en números cada vez mayores. Sontag reconoce claramente las incomodidades del reino de los enfermos y el grado en que una ciudadanía allí impuesta corroe las alegrías de la vida. Sin embargo su ensayo fue publicado por primera vez en 1978, mucho antes de que la erosión del reino de los sanos hubiera comenzado en serio. Con el auge de la economía neoliberal, la salud se convirtió en un bien de consumo como cualquier otro. La explotación de la enfermedad, y los miedos a la misma, aumentaron enormemente en las  décadas posteriores por la búsqueda de beneficios económicos, todo ello apuntalado por la rápida comercialización de la asistencia sanitaria.

Ahora, más de tres décadas más tarde, un número cada vez menor de nosotros posee todavía el pasaporte bueno de Sontag y son cada vez más los que se encuentran acorralados más precozmente que nunca en el reino de los enfermos, y la residencia allí es más y más duradera. Todo ello se  legitima describiéndolo como una epidemia de enfermedades crónicas, aunque muchos de los afectados no tienen síntomas en absoluto. La explicación de esta invasión viene dada por una combinación tóxica de buenas intenciones, pensamiento ilusorio* e intereses creados. Los  costes  —personales, sociales, y económicos— son enormes. Las principales armas que se despliegan son separar la noción de enfermedad de la experiencia del sufrimiento, ampliar las definiciones de las enfermedades, transformar los factores de riesgo en enfermedades y, lo más potente de todo, el miedo.iona1

Una terrible sinergia de temores habrá de abordarse si —trabajando cara a cara con cada paciente— los médicos y otros profesionales sanitarios han de ser capaces de detener la marea. Muchos clínicos se sienten impotentes frente a la creciente estampida a través de la frontera de Sontag, ahora muy porosa, pero los pacientes necesitan médicos lo suficientemente valientes como para afianzar la frontera que separa el estar sano del estar enfermo, de tal forma que las personas hagan el viaje para cruzar de uno al otro lado de dicha frontera sólo cuando la atención médica sea adecuada por producir más beneficios que daños. Existen tres ramas separadas del miedo: los miedos existenciales que nos afligen a todos, los miedos de los pacientes, y los miedos de los profesionales sanitarios y, tal vez, especialmente los de los médicos.

NdT: El pensamiento ilusorio es la formación de creencias y la toma de decisiones de acuerdo con lo que podría ser agradable imaginar en lugar de apelar a la evidencia, la racionalidad, o la realidad. Es un producto de la resolución de conflictos entre la creencia y el deseo. [Bastardi A, Uhlmann EL, Ross L. Wishful thinking: belief, desire, and the motivated evaluation of scientific evidence. Psychol Sci 2011;22: 731-2].

Los miedos existenciales

Todo  el  mundo,  en  mayor  o  menor  medida,  tiene   miedo   de morir. En Hamlet Shakespeare ofrece su famosa descripción de la muerte como:

“El país no descubierto, de cuya frontera / ningún viajero vuelve” (Acto 3, escena 1).

Y es quizá esta cualidad de incognoscibilidad completamente inflexible la que hace que la muerte resulte tan pavorosa. Las siguientes líneas del gran poema de Philip Larkin Alborada capturan el miedo y el horror con intensidad visceral:

 Me despierto a las cuatro mirando fijamente a la oscuridad callada.

A su tiempo los bordes de las cortinas se inundarán de luz.

Hasta entonces solo veo lo que en realidad siempre está ahí:

La muerte incansable, ahora un día entero más cercana,

Haciendo imposible todo pensamiento salvo el de cómo

Y dónde y cuándo moriré.

Árido interrogatorio: y aún el temor De morir, y de estar muerto,

Centellea una y otra vez para atenazar y horrorizar.2 

 

Por el hecho de ser seres humanos, los médicos se enfrentan a los mismos retos existenciales que sus congéneres de encontrar sentido ante la pérdida, el sufrimiento y la finitud de la vida; y no tenemos menos miedo de nuestra propia muerte y de estar muertos que cualquier otra persona. No tenemos ninguna aptitud existencial particular y disponemos de muy poca formación relevante al respecto.3 Quizás no sea de extrañar que recurramos con tanta frecuencia a nuestros medios biotécnicos, cada vez más sofisticados, en lugar de prestar verdadera atención al cuidado de los moribundos como uno de los fines fundamentales de la medicina.

Tal vez todos deberíamos leer más a Montaigne. En la biografía de Sarah Bakewell 4 subtitulada: “La vida de Montaigne en una pregunta y veinte intentos de respuesta” (Disponible en español), la primera respuesta es: “No te preocupes por la muerte”; en ella narra la experiencia de Montaigne de haber sufrido lesiones graves en el transcurso de 1569 o a principios de 1570. Tenía 36 años y durante los seis previos había sufrido las muertes de su mejor amigo, de su padre, y de su hermano menor. Lo derribaron de su caballo cuando otro jinete chocó contra el suyo por detrás a toda velocidad. Al parecer se lesionó en la cabeza y en el pecho. Tuvo que ser llevado a casa a una distancia considerable y, una vez que hubo recuperado algo de conciencia, parece que experimentó una considerable angustia, luchando por respirar, desgarrando sus vestidos, y tosiendo o vomitando grandes cantidades de sangre. No se esperaba que sobreviviera. Fue en ese momento, contemplado en retrospectiva, cuando hizo un descubrimiento sorprendente. Como escribe Sarah Bakewell: “podía experimentar. . . sensaciones placenteras de estar flotando, aún cuando su cuerpo parecía estar convulsionando, retorciéndose en lo que a otros aparecía como un tormento”. El testimonio reconfortante de Montaigne sugiere que el cuerpo y la mente se desconectan entre sí hasta cierto punto cuando la muerte es inminente y, del mismo modo que Montaigne, los que parecen angustiados pueden, de hecho, estar experimentando “sensaciones placenteras de estar flotando”. Tras recuperarse, Montaigne escribió: “Si no sabes cómo morir, no te preocupes; la naturaleza te dirá, de forma plena y adecuada, lo que debes hacer en ese preciso momento. Ella hará perfectamente este trabajo por ti; no ocupes tu cabeza en ello”. Y parece que Montaigne nunca más volvió a preocuparse por la muerte. Tal vez no deberíamos estar tan seguros de que la muerte va a ser agonizante y angustiosa cuando nunca podremos saber si realmente será así.

Los miedos de los pacientes

iona2Los miedos existenciales intrínsecos de los pacientes se ven agravados por los miedos específicos relacionados con sus síntomas particulares, y estos son a veces exacerbados por el detalle de su historia familiar. Los pacientes también tienen miedo de que los médicos no entiendan lo que tratan de describir y de que se pase por alto o se haga demasiado tarde un diagnóstico importante —por dejadez, incompetencia, o simple mala suerte. Y por supuesto, los periódicos, otros medios de comunicación, y la publicidad directa al consumidor en esos países desafortunados donde se permite, avivan diariamente esos temores. Aunque el panorama descrito hasta aquí no pinta bien —en realidad es aún mucho peor. La genial viñeta humorística de Hilda Bastian capta toda la capacidad de de las intervenciones de detección precoz dirigidas a los individuos para socavar la alegría de vivir (viñeta). La mayoría de las personas cuanto más saben sobre lo que podría andar mal en ellos, más asustados llegan a estar. La retórica preventiva nos ha enseñado a tener miedo de lo que comemos, bebemos y respiramos.

Los miedos de los médicos

Los miedos de los médicos son similares a los de los pacientes. Los médicos trabajan todos los días con el temor de que se les escape un diagnóstico serio precipitando así una tragedia evitable para uno de sus pacientes. En nuestras sociedades cada vez más punitivas, con toda la charlatanería fácil de señalar y deshonrar, los médicos también tienen miedo de que se les ponga en la picota pública. Sin embargo, el trabajo clínico está envuelto en la incertidumbre debido a que la aplicación de las verdades generales de la ciencia biomédica en el contexto único de la vida y las circunstancias de cada paciente concreto siempre será incierto. Así que los médicos, quizá sobre todo los médicos jóvenes, están aprendiendo a temer a la incertidumbre. Pedimos cada vez más pruebas para intentar asegurarnos, a menudo en vano, de lo que estamos viendo. Y porque tenemos miedo de que aquellos que están en el reino de los sanos, quizá debieran estar en el reino de los enfermos, continuamente desviamos recursos de los enfermos a los sanos, y así el sobrediagnóstico va unido, inevitablemente, al tratamiento insuficiente de los que ya están enfermos. El sobrediagnóstico de los sanos y el tratamiento insuficiente de los enfermos son las dos caras de la moneda de la medicina moderna. Los miedos de los pacientes alimentan los de sus médicos y viceversa: especialmente en sistemas de salud fragmentados y que permiten la erosión de la continuidad de la atención. Sólo las relaciones de confianza pueden contener de algún modo el miedo.

La incertidumbre como libertad y resistencia

La filósofa estadounidense Martha Nussbaum sostiene que la incertidumbre y la contingencia interrumpen la triste previsibilidad del determinismo lineal y son las que hacen que la vida merezca la pena ser vivida:

El ser humano que parece ser emocionante y maravilloso, puede al mismo tiempo llegar a ser monstruoso en su ambición de simplificar y controlar el mundo. La contingencia, un objeto de terror y de odio, puede llegar a ser a la misma vez maravillosa, constitutiva de lo que hace que una vida humana sea bella y emocionante.5

Sólo porque no entendemos todo y porque no podemos controlar el futuro es posible vivir.

El filósofo británico Stephen Toulmin podría haber estado pensando en la salud contemporánea, y en las preocupaciones y temores de los médicos jóvenes y sin experiencia, cuando escribió:

Al hacer frente a los problemas sobre el uso de nuevos conocimientos para el bien humano, podemos ignorar el ideal de la exactitud intelectual, con su idolatría de la prueba geométrica y de la certidumbre. En su lugar, debemos tratar de recaptar la modestia práctica de los humanistas, que les permite vivir libres de ansiedad, a pesar de la incertidumbre, de la ambigüedad y del pluralismo.6

Toulmin también señala que los humanistas del Renacimiento, incluyendo a Shakespeare, Montaigne, Cervantes y Rabelais, sostuvieron que: “En las disciplinas prácticas, las preguntas racionales son oportunas no intemporales, concretas no abstractas, locales no generales, particulares no universales”.

El fenómeno que Petr Skrabanek llamó “factorología del riesgo” 7 aspira a ser eterno, abstracto, general y universal; su aumento ha sido exponencial, y se ha convertido en una fuente potente de temor tanto entre los pacientes como entre los médicos. Cada profesional de la salud se ve ahora obligado a tener en cuenta una gama cada vez mayor de riesgos potenciales para la salud del paciente, por muy bien que éste pueda sentirse. Y se espera que todo ciudadano responsable y racional busque activamente y elimine todos los riesgos posibles para su salud futura y que consuma tecnologías médicas con el fin de lograr dicho objetivo.

Considere cómo muchos protocolos y recomendaciones y programas de detección, que están impulsando tanto sobrediagnóstico y sobretratamiento en la medicina contemporánea. también dicen ser intemporales, abstractos, generales, y universales, cuando en la disciplina de la medicina, que siempre será práctica, necesitamos precisamente las cualidades opuestas. Tal vez deberíamos empezar a poner a prueba criterios opuestos.

Existe incertidumbre en el vacío entre el territorio del sufrimiento humano y el mapa de la ciencia biomédica. La tarea de hacer que el mapa médico sea útil para los que están atrapados en el territorio del sufrimiento está, y siempre estará, llena de incertidumbre debido a la gran extensión y variación infinita del territorio y debido a la naturaleza relativamente rudimentaria del mapa. Sin embargo, la incertidumbre y las dudas que los médicos experimentan cada día son también las que hacen posible los nuevos conocimientos y las nuevas formas de comprensión. Tenemos que poner en duda las explicaciones existentes si queremos descubrir otras mejores.

Sin embargo, por muy bueno que llegue a ser el mapa, siempre habrá límites a lo que la medicina puede lograr (a pesar del deslumbramiento de un millón de anuncios farmacéuticos). Todos hemos de ser lo más honestos posible acerca de estos límites como James McCormick, ex profesor de la medicina general en el Trinity College de Dublín:

Nuestros pacientes merecen de nosotros un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado, pero cuando el diagnóstico preciso es imposible y el tratamiento apropiado no existe los engañamos a ellos y nos engañamos a nosotros mismos si formulamos diagnósticos concretos y prescribimos tratamientos específicos. Cuando, como médicos generales, disponemos de medios para curar la enfermedad, habitualmente la cura se logra fácilmente. Pero la cura sólo significa la postergación de la muerte: no confiere la inmortalidad. Por mucho que avance la ciencia médica nunca podrá erradicar el sufrimiento humano o el miedo y el hecho de la muerte.8

El gran consuelo es la imprevisibilidad del futuro. Nadie sabe exactamente lo que va a pasar mañana. Sabemos mucho acerca de la probabilidad, pero la probabilidad está muy lejos de la certidumbre. La gente no siempre experimenta el resultado predicho por su estilo de vida. No todo el que fuma o es obeso muere prematuramente. Por el contrario, una buena dieta y ejercicio regular no ofrecen protección completa contra los desastres del azar. No obstante, cuando la muerte o la enfermedad ocurren prematuramente y de forma impredecible, la racionalidad lineal en la retórica de la medicina preventiva sugiere que, de algún modo, alguien en algún lugar tiene que ser el culpable. Y es este tipo de razonamiento lineal reduccionista el que hace que los médicos estén tan temerosos y el que los invita a hacer siempre más en lugar de menos, sean cuales sean las consecuencias perjudiciales. La incertidumbre es la base de la creatividad científica, la libertad intelectual, y la resistencia política. Deberíamos nutrirla y atesorarla y enseñar su valor, y no tener miedo de ella.

Zygmunt Bauman, profesor emérito de sociología en la Universidad de Leeds, escribe:

Ser responsable no significa seguir las reglas; a menudo ser responsables puede requerirnos que las pasemos por alto o que actuemos de un modo contrario a lo que ellas ordenan. Sólo tal responsabilidad proporciona al ciudadano el fundamento sobre el que construir una comunidad humana lo suficientemente ingeniosa y reflexiva como para hacer frente a los desafíos actuales.9

Lo que necesitamos es el coraje de considerar siempre lo oportuno, lo concreto, lo local y lo particular, cuando atendemos a cada paciente individual y, si es necesario, el coraje de hacer caso omiso de las reglas. Sólo sobre esta base podemos construir una comunidad de atención a la salud ingeniosa y reflexiva.

Esta es una versión editada de una disertación que la autora dirigió a los participantes en la conferencia sobre prevención del sobrediagnóstico celebrada en Oxford en septiembre pasado.

BIOGRAFÍA Iona Heath ejerció como médica de cabecera durante 35 años en una consulta del centro de Londres en Kentish Town y fue presidenta del Real Colegio de Médicos Generales desde 2009 a 2012. Escribió una columna regular para el BMJ hasta 2013.

When the Saints Go Marching In

19 febrero 2015 1 comentario

santos2When the Saints Go Marching In, traducida como La marcha de los santos, es un himno góspel estadounidense que toma elementos de música folclórica y que se toca por bandas de jazz en los funerales de Nueva Orleans.

También es el título de un interesante comentario -original PDF aquí de apenas una página, publicado en una revista internacional de enfermería de cuidados paliativos.

Un médico general británico, tras haber trabajado un tiempo en cuidados paliativos, reflexiona sobre el futuro de los centros de media y larga estancia (hospices en el original) que atienden a pacientes terminales de baja o media complejidad, o a aquellos que por circunstancias familiares no pueden recibir una correcta atención domiciliaria.

En estas reflexiones, se llega a plantear si su existencia impide el desarrollo de otros servicios, y si conviene seguir manteniendo el mito de que los cuidados paliativos son diferentes de lo que simplemente debe ser una buena atención. Son unas preocupaciones muy locales en un sistema y organización determinado, pero podrían valer para nosotros, sobre todo en cuanto a cuestionar el modelo generalmente aceptado.

Publicado originalmente en la revista AMF por Rafael Bravo.

La red social

19 febrero 2015

Gracias a una red social, en concreto Twitter, hemos leído un artículo que versa sobre la importancia de las redes sociales en el control de enfermedades crónicas. Pero no se preocupe, no le vamos a  dar la matraca dospuntocerica y hablar otra vez de Facebook o del mismo Twitter, sino de las verdaderas redes sociales, no de las plataformas en Internet, sino de esas que se forman entre personas que tienen lazos en común. Mientras que las redes sociales informáticas están de moda, la importancia de estas redes en medicina no se valora lo suficiente, sobre todo en cuestiones como la educación sanitaria, la medicina centrada en el paciente y el manejo de las enfermedades crónicas.vecinos4

En este estudio se evaluó el efecto de las redes sociales en el tratamiento de la diabetes en una población en su mayoría afroamericana de Estados Unidos. Se consideró como variable principal de valoración la hemoglobina glucosilada (HbA1c) y la glucosa en la sangre,  como variables secundarias algunas medidas antropométricas y clínicas, más la comparación de puntuaciones en cuestionarios que medían la calidad de vida, la cohesión social percibida, la autoconfianza y el conocimiento sobre la diabetes. Tras una aleatorización parcial que consistía en distribuir aleatoriamente a un número inferior de personas al grupo intervención, se conformaron dos grupos que recibieron sesiones educativas sobre temas como clínica, nutrición, consejos sobre el tabaquismo y ejercicio, e información relacionada con los medicamentos.

vecinosLos componentes del grupo intervención reclutaron a conocidos con sus mismas condiciones médicas con los que mantenían un vínculo, para formar parte de este grupo. La única diferencia en este grupo es que las sesiones eran más interactivas y estaban lideradas por una enfermera que les animaba a participar en ejercicios de formación de equipos, con los que compartían información de salud y que se convertía en un grupo de apoyo. La intención era consolidar las redes sociales preexistentes y reforzar la cohesión de un grupo que tuviera un objetivo principal: la mejora de los resultados de salud. El grupo control recibió el mismo número de sesiones educativas presenciales, pero el estilo de clase fue tipo magistral estándar.

Tanto en los análisis no ajustados como en los que se hizo el ajuste, ambos grupos tuvieron descensos significativos en los niveles de HbA1c,como en las glucemias. En la comparación de las reducciones entre ambos grupos se vio que también eran significativas con un valor de –0,32% para la HbA1c y una reducción de la glucosa en la sangre de 10,6 mg/dl. Para los objetivos secundarios: el grupo intervención tenía resultados, en general, más favorables en el tiempo, con disminución en todas las variables medidas; si bien en la medida de la presión arterial y la cohesión percibida, la diferencia entre los grupos no fue significativa.

El estudio es pequeño, con pérdidas de seguimiento no despreciables (los autores intentan minimizar el problema con varios ajustes) y las variables de evaluación no dejan de ser intermedias o subrogadas, lo que lo sitúa como un estudio preliminar. Sin embargo, sus tesis son atractivas, coincide en la tendencia con estudios previos que los autores repasan en la discusión, y los resultados no dejan de ser importantes.Como ejemplo: en los ensayos clínicos de un antidiabético de reciente comercialización, la dapagliflozina, se obtuvo una reducción de la HbA1c respecto a placebo que osciló entre el 0,35 y el 0,76%.vecinos3

Como comentan los autores, el uso de grupos de pares, no profesionales, puede ser tan eficaz como los sanitarios en la prestación de apoyo continuo para el autocontrol de la diabetes. En este estudio comprueban que el aprovechamiento de las redes sociales naturales de los pacientes (amigos y familiares) conlleva una mejoría en el autocontrol de la diabetes en comparación con una intervención de educación normal, y es un enfoque que podría integrarse en los nuevos modelos de prestación de atención sanitaria que asegure la sostenibilidad de los programas de intervención en el ámbito comunitario

Publicado originalmente en la revista AMF por Rafael Bravo.

Imagenes: infografia de Nextdoor free and private social network for neighborhoods

Does the world need new stents?

16 febrero 2015

Does the world need new stents? No, but device companies need new products for when current ones go off patent. And the Lancet needs to sell article reprints as part of its stated business plan. But do you, dear reader, really need to read a paper entitled

Ultrathin strut biodegradable polymer sirolimus-eluting stent versus durable polymer everolimus-eluting stent for percutaneous coronary revascularisation (BIOSCIENCE): a randomised, single-blind, non-inferiority trial?”

I would suggest not.

De Richard Lehman’s journal review—15 December 2014

¿Necesita el mundo necesita nuevos stents? No, pero las empresas de dispositivos necesitan nuevos productos para cuando los actuales queden fuera de patente. Y el  Lancet necesita vender copias de artículos como parte de su plan de negocio.Pero, ¿usted, querido lector, realmente necesitas leer un documento titulado

ultrafino puntal biodegradable stent polímero liberador de sirolimus frente polímero duradero stent liberador de everolimus de revascularización coronaria percutánea (Bioscience): un simple ciego, ensayo de no inferioridad aleatorio ? ”

Yo creo que no.

A %d blogueros les gusta esto: